Fundeu BBVA publica una guía con consejos para hablar y escribir sobre fútbol.

Cuando Gol T inició sus emisiones en España en septiembre de 2008, algo llamaba la atención en sus transmisiones cada vez que un balón quedaba muerto en el área: “¡Ojo al rechazo!”, exclamaba el narrador, para sorpresa de los telespectadores, más acostumbrados a la palabra “rechace”. Desde el canal argumentaban, no sin razón, que el diccionario de la Real Academia Española (RAE) sólo recogía “rechazo”. Sin embargo… ¿es eso motivo suficiente para cambiar el paso a cientos de miles de espectadores? ¿Se puede llevar la contraria a más de medio siglo de narraciones futbolísticas? Hay constancia de su uso desde 1934, nada menos, año en que se disputó la segunda edición de la Copa del Mundo. El dato lo aporta Fundeu, que concluye que el uso de rechace (acabada en -e, en la línea de saque, despeje, remate…) no tiene por qué generar rechazo.

Fundeu BBVA es la identidad que adoptó hace ya diez años el viejo Departamento de Español Urgente de la agencia EFE, renovado así con el apoyo del banco. Se trata de una institución sin ánimo de lucro, asesorada por la propia RAE, cuyo principal objetivo es impulsar el buen uso del español en los medios de comunicación. En su felicitación navideña a los periodistas, el departamento de patrocinios de BBVA les ha hecho llegar un libro electrónico: La Liga BBVA del español urgente, un breve manual con las recomendaciones de Fundeu a la hora de hablar y, sobre todo, escribir sobre fútbol. Periodistas, lingüistas, lexicógrafos, correctores y traductores trabajan para tratar de resolver dudas y problemas en un campo tan vivo como la actualidad, en el que hay que estar preparado para explicar nuevos conceptos y nuevas situaciones; y por tanto, para emplear nuevas palabras.

El fallecido periodista Andrés Montes creó con sus narraciones un buen número de expresiones que no sólo se siguen empleando aún hoy, sino que han echado raíces y forman ya parte del lenguaje futbolístico -aunque, curiosamente, él dedicó casi toda su carrera al baloncesto- y han trascendido fronteras. Mencione ante un aficionado inglés, por ejemplo, la palabra “tiquitaca” y verá cómo la reconoce mucho mejor que si le habla de fútbol combinativo, asociativo, de pase, de toque… Fundeu no tiene dudas de que la identificará con ese “estilo de pases precisos y continuos que permiten mantener la posesión del balón y generar espacios hasta crear oportunidades de gol”. Y si tiene que escribirla, hágalo todo junto y sin ninguna ‘k’, letra que “conserva la fragancia de lo extranjero”.

Con “tiquitaca”, Montes dio la vuelta a una expresión despectiva con la que Javier Clemente solía referirse a la posesión estéril de la pelota: “Tiqui tiqui”. Otra de las invenciones del recordado narrador sigue más vigente que nunca: “¡Jugón!”, gritaba cuando un deportista exhibía su talento. El sufijo –ón añadido a verbos aporta siempre un sentido peyorativo: chupón, preguntón, mirón, criticón… “Con arreglo a la norma gramatical, jugón no sería quien juega estupendamente, sino más bien quien lo hace de manera mediocre”, advierte Fundeu. No obstante, el Diccionario académico ha sido sensible a la acepción positiva instaurada por Montes y ya la recoge con el significado de futbolista “de gran calidad técnica”. Si lo de “jugón” no acaba de convencernos, podemos escribir que tal jugador es un “crac”, mejor que “crack”.

De derbi a clásico

¿Se ha fijado que, desde hace algunos años, los partidos entre Barcelona y Real Madrid han pasado a ser “el clásico”? Antes solía hablarse de “derbi”, palabra, importada de la hípica que se recomienda para duelos de máxima rivalidad, sí, pero entre equipos de la misma ciudad o región. Ah, y se debe escribir “derbi” mejor que “derby”, del mismo modo que es mejor tirar un “penalti” que un “penalty”. En Argentina no se equivocarán, porque lo llaman “penal”. El árbitro señala penaltis, no los señaliza, pues en ese caso tendría que colocar balizas sobre el césped. Y de forma similar, los presidentes fichan jugadores, no los firman, salvo que les estampen un autógrafo en la frente.

Si al entrenador se le llama míster, al menos que sea con tilde. Y si el Valencia es “el equipo che”, sin ella. Récord también la lleva, como exige la norma, pero lo curioso es que récords también. Los plurales no siempre están claros. El de córner, por raro que suene, es córneres. Para el de “club” está admitida clubes, aunque la correcta fuera clubs, ya que las palabras acabadas en ‘b’ hacen el plural en ‘s’: webs, pubs…. Algún locutor radiofónico creó en su día una tercera forma, no admisible bajo ninguna circunstancia pese a lo mucho que aún se escucha: “Los clúes”.

Con la guía de Fundeu podemos saber que después del triplete, si todo va bien, vienen el cuatriplete, el quintuplete y hasta el sextuplete; que se puede tener liderazgo sin disponer del liderato, o que el “favoritismo” no consiste en ser favorito, sino en dar o recibir un trato de favor. Un texto especialmente recomendable para quien no tenga a mano a ese viejo periodista, generalmente gruñón, que desde un rincón de la redacción corrige a los jóvenes cuando escriben que “’Los azulgrana’, pese a no poder ganar ya el ‘sextete’, son ‘favoritos a priori’ para ganar el ‘Mundialito”. Algún día, más pronto que tarde, esos chicos se lo acabarán agradeciendo.