El número dos de la lista de Albert Rivera al Congreso reconoce que su partido ha tenido problemas para explicar parte de su programa económico, lamenta el “navajeo político” que ha marcado la campaña y asegura que la formación naranja será responsable a la hora de facilitar la gobernabilidad de España.

Niega tal condición, pero es el ministro de Hacienda en la sombra de Ciudadanos. Francisco de la Torre (Madrid, 1972) se presentó en julio a las primarias del partido naranja, resultando elegido número dos de la lista por Madrid, que encabeza el líder, Albert Rivera. Con el escaño en el Congreso más que garantizado, este economista, exsecretario general de la organización de inspectores de Hacienda, hace balance de una campaña electoral bronca y que ha incluido importantes polémicas para su formación. De la Torre se sabe al dedillo el programa económico y fiscal de Rivera, que en gran parte es obra suya, aunque admite que explicarlo bien no es tarea sencilla. Por ahí se le han podido ir algunos apoyos a Ciudadanos, si bien el partido no se fía de la caída del precio de las naranjas en el mercado andorrano: “Recordemos que somos los únicos que planteamos volver a incluir a Andorra en la lista de paraísos fiscales”.  

Una de las propuestas estrella de Ciudadanos es el contrato único, que ha acaparado las críticas de los rivales. ¿Creen que les ha costado explicarlo? ¿Cómo lo desarrollarían?

El señor que tiene un contrato de trabajo lo mantendría sin cambios, continuaría vigente. El contrato único pretende que todas las nuevas contrataciones tengan los mismos derechos. Se empieza con la indemnización que corresponde a un contrato temporal y se va aumentando progresivamente. Es una medida que no crea empleo por sí sola pero sí acaba con los contratos basura. Cuando las necesidades de una empresa sean temporales, el contrato único sirve para cubrirlas, pues la indemnización sería similar. Cuando las empresas tengan una necesidad permanente, no se plantearán nunca despedir a un trabajador que sea contratado con el contrato de igualdad de oportunidades porque el aumento de la indemnización es progresivo. Es decir, a la hora de pasar más tiempo en una empresa nunca se va a enfrentar un trabajador a un muro que tenga que escalar sino que irá avanzando en una escalera poco a poco.

¿No se corre el riesgo de que se encadenen despidos y contrataciones, ya que al principio sale barato despedir?

Eso no tiene sentido. Si tú estás contento con un trabajador que lleva tres meses y tienes necesidad de seguir contando con él, no te planteas despedirlo. Sin embargo, si ahora lo contratas con contrato indefinido, con un periodo de prueba de doce meses, te puedes plantear al cabo de ese tiempo la reflexión de que al día siguiente después de esos doce meses tiene ya derecho a una indemnización relativamente importante. Y hay empresarios que utilizan los contratos indefinidos para despedir a los once meses y luego contratar a otro trabajador. Eso lo evitará el contrato único. Dará estabilidad a las plantillas. Además, lo complementamos bonificando las cotizaciones de seguridad social de aquellas empresas que despiden menos, mientras que las que despiden mucho se verán perjudicadas. Aumentaremos la estabilidad y eso permitirá a los empresarios invertir en formación de los trabajadores y a estos adquirir experiencia y no estar entrando y saliendo del mercado de trabajo. No es una idea original nuestra, de hecho la defiende el Nobel Jean Tirole, Piketty, en sus tiempos Luis de Guindos… Es sustituir una jungla de contratos laborales que deja sin derechos a un porcentaje elevadísimo de los trabajadores por un contrato de igualdad de oportunidades y en el que nos comprometemos a que la indemnización media por despido sea muy superior a la que se paga de verdad hoy en día.

También proponen implementar la ‘mochila austriaca’. ¿Cómo sería ese proceso?

A corto plazo queremos una mochila austriaca del 1% de la base salarial, que afectaría a todos los contratos. Esa cantidad se iría ingresando en una cuenta de la Seguridad Social y podría ser movilizada bien cuando el trabajador es despedido o bien a la hora de la jubilación. La idea es que el sistema se vaya implantando progresivamente, a medida que tengamos unos salarios que vayan subiendo acorde a una productividad que también vaya aumentando.

¿Se gestionaría como un fondo soberano?

Esto es un fondo independiente, sí. Y tiene la ventaja de que, a medida que se vaya implantando, garantizamos la movilidad de los trabajadores, que no se sentirán encadenados a un sitio donde tienen acumulada una elevada indemnización en caso de despido, sino que tienen la mochila por si pasa algo en cualquier caso. En segundo término, nos prevenimos ante el caso de que una empresa que despide no pueda hacer frente a las indemnizaciones. Con el mercado de trabajo que tenemos ahora no se puede implantar de golpe la ‘mochila austriaca’ porque la capacidad de los empresarios no es suficiente, se haría poco a poco.

¿Ese fondo sería de gestión pública o privada?

Sería una cuenta en la Seguridad Social y en principio debería ser una gestión pública. Pero no tenemos definido cómo se va a gestionar específicamente ese pequeño fondo.

Todas estas medidas han tenido un gran protagonismo en campaña, en los debates… ¿Han tenido problemas para explicar claramente en qué consisten?

Estas cuestiones no son sencillas de explicar. La solución correcta no es necesariamente la más simple.

¿Cree que ha habido juego sucio por parte de los rivales a la hora de criticar estas propuestas?

El navajeo político ha estado más en otros temas, los encargados del programa económico hemos recibido críticas duras, pero de eso no puedo decir nada porque yo también critico políticas del resto. Pero no ha pasado de mantener posiciones encontradas o de criticar cosas que no decimos, que no están en el programa.

Sí está el complemento salarial, que también ha sido objeto de polémica. ¿Hay margen para esta medida?

El complemento salarial garantizado es asumible presupuestariamente -tendría un coste de 7.800 millones-, siempre y cuando sepas de dónde tienes que recortar para obtener ese dinero. En nuestro caso, suprimiendo las diputaciones, fusionando servicios municipales… En segundo término, se hace la crítica de que solo se beneficiarían los que ya tienen trabajo. Es que si se paga indiscriminadamente tendremos el problema de que muchos trabajos se dejen de aceptar porque, ¿para qué se va a trabajar si de todas formas tendrás esa renta? Esto desgraciadamente es así. Aparte de que el coste se dispararía y no podría ser asumido presupuestariamente.

¿Y no incentiva a las empresas a pagar sueldos más bajos, aprovechando que el Estado abonará ese plus?

A ver, por una parte existe un salario mínimo que impide pagar por debajo de ahí. Además luego están las barreras de los convenios, que elevan ese suelo. Y el complemento es para sueldos muy bajos, no para todos. A un señor que gana 700 euros no se lo van a bajar hasta el mínimo porque haya un complemento.

Pero a lo mejor ya no se lo suben.

El complemento salarial es una medida de choque para una situación de precariedad de millones de trabajadores. Y nos gustaría que el mercado de trabajo y el sistema productivo fueran muchísimo mejores y poder quitar la medida.

¿No hay un riesgo de que esa disfunción se cronifique con una medida así?

Nosotros combatiremos la precariedad con un contrato laboral único. Punto uno. Lo que sí podría pasar es que a medio o largo plazo los empresarios hiciesen ofertas de trabajo a un sueldo inferior al que lo harían si no existiese el complemento. Ese riesgo existe y nosotros tratamos a los electores como mayores de edad y lo decimos. Ahora bien, también habría muchas ofertas de trabajo que no se darían sin la existencia del complemento. Vamos a tener más gente dispuesta a trabajar porque se le va a pagar más dinero y más empresarios dispuestos a contratar porque por un determinado salario obtienen un trabajador con más habilidades, mejor formado. La combinación de ambas cosas nos da un mercado de trabajo que absorberá más gente, bajará el paro. No es una solución perfecta, es una solución realista ante una situación donde millones de personas son pobres pese a trabajar. Nos gustaría que la productividad y los salarios medios aumentaran y que se pudiese prescindir del complemento en el futuro.

¿Alguna de estas medidas económicas y fiscales sería una línea roja en las negociaciones postelectorales?

Lo más importante de todo es el mantenimiento de los equilibrios básicos en materia presupuestaria -no es admisible el planteamiento de desatender las obligaciones de reducción del déficit que hacen algunos partidos- y también es una línea roja reformar un mercado laboral que no funciona. No decimos que tengamos todas las soluciones, aunque somos los únicos que proponemos algunas, pero algo hay que hacer algo al respecto. El nuevo Gobierno tiene que tomar medidas para solucionar el principal problema de España: el desempleo.

¿El contrato único sería esa línea roja?

Simplificar un mercado de trabajo con 45 modalidades de contratación y con un 92% de contratos temporales. Creemos que hay que avanzar por ahí y esperamos que los demás también lo vean.

¿Qué siente cuando comparan su programa económico con el de FAES o les acusan de ser la marca blanca del PP?

Es curioso, recuerdo cuando presentó mi libro en la cadena SER José Carlos Díez. Decía que era un nuevo contrato social, una cosa fantástica, etc. Al final muchas ideas de Hacienda… ¿Somos todos? están en el programa fiscal de Ciudadanos, que me he encargado yo de elaborar, y me he encontrado con que esta misma persona dice que el programa está copiado de FAES. Yo no he pisado FAES en mi vida, pero sobre todo es que las ideas son completamente distintas. FAES no defiende cerrar los agujeros de fiscalidad de las grandes empresas, las medidas antifraude que proponemos son todas fruto de la experiencia profesional de haber trabajado años en eso, de tener una cierta idea de por donde anda el dinero negro… Se atribuye una serie de clichés que tienen poco que ver con la realidad. Cuando voy a un debate, además, nadie me saca esto.

¿Hay alguna propuesta del resto de partidos que no lleve Ciudadanos y que le guste?

Pues el Partido Socialista lleva la creación de una oficina antifraude que centralizaría las competencias, con gente de la inspección de Hacienda, del Banco de España, de la Guardia Civil, de la Policía… Esa me parece una buena idea, es un planteamiento interesante. En política antifraude tenemos bastantes coincidencias con el PSOE y con Podemos. No voy a decir que se hayan inspirado en nosotros, pero sí fuimos los primeros en decir algunas de ellas.

Pedro Sánchez ha dicho que no hay margen para bajar los impuestos. Vosotros planteáis una rebaja del IRPF…

Sí, planteamos una rebaja que cuesta 2.000 millones de euros. Sánchez tiene un programa que supondría incrementar el gasto en unos 25.000 millones. Quiere un ingreso mínimo vital que cuesta 6.500 millones, dice que va a incrementar el gasto en educación… Hay un listado, unos compromisos de gasto muy grandes y luego dice que no hay margen para bajar los impuestos. Esas son las cuentas de Pedro Sánchez. Pero si no subes el gasto y recortas donde sobra, por ejemplo eliminando grasa de la administración, entonces sí que hay margen. No hay todo el que nos gustaría, por el agujero en los ingresos de la Seguridad Social, por la irresponsabilidad del PP dejando unos presupuestos que no cuadran… Pero algo hay. Por eso hemos propuesto una rebaja fiscal menor de la que merece la clase media y trabajadora y menor de la que nos gustaría. Porque la prioridad absoluta es cuadrar las cuentas. El planteamiento del PSOE es el de cuantificar los gastos pero no a quién va a subir los impuestos para sufragarlo. Va a crear un nuevo impuesto para pagar las pensiones y no se sabe quién lo va a pagar, el nuevo IRPF lo decidirá una comisión de expertos… Esto es, de alguna forma, un timo electoral: Vóteme a mí para que yo haga lo que me dé la gana.

¿Ciudadanos mantendría la separación de los ministerios de Economía y Hacienda? ¿Se ve usted como ministro de Hacienda en caso de que gobiernen?

(Risas) No, no, no lo hemos hablado. Nuestro objetivo es hacer a Albert Rivera presidente del Gobierno y no nos hemos puesto a repartir carteras.

Quizá porque tendrán que repartirlas con otro partido…

Tenemos claro que no vamos a tener mayoría absoluta y si no podemos gobernar a lo que estaríamos dispuestos es a garantizar la gobernabilidad y pasar a la oposición. Pero los demás partidos no. Evidentemente tenemos muy claro que exigirían cosas, con lo cual este planteamiento de locos de andar nombrando ministros sin saber el resultado electoral…

¿Su postura de no votar a favor ni del candidato del PP ni del PSOE no aboca a un escenario de ingobernabilidad?

Habrá que ver qué es lo que nos deparan los votos y en qué condiciones quedamos. Nosotros nos presentamos a ganar y podríamos no ganar. En segundo término, el voto que podamos tener en una sesión de investidura depende primero del candidato pero también depende del programa y de lo que se quiera hacer por parte de ese candidato. Nuestra idea es garantizar la gobernabilidad en la medida de nuestras posibilidades. Creemos que nuestro papel es dar estabilidad y no ser un factor de inestabilidad. Pero es complicado prever qué va a pasar sin tener los resultados encima de la mesa.

¿Qué balance hace de la campaña? ¿Ha sido más duro de lo que pensaba?

Estoy teniendo la oportunidad, después de tantos años opinando sobre qué es lo que había que hacer, de defender propuestas muy en la línea de lo que decía en mi libro o durante mi trayectoria profesional y esa es una satisfacción muy grande. Además, parte de este trabajo, como es el trato con los medios, a mí me gusta. Y luego está lo señalado de la ocasión, con unas elecciones que considero históricas. La vida del candidato es bastante caótica, eso no lo niego, los horarios son infernales… Pero vale la pena. Luego yo he tenido la suerte de que en el ámbito económico no ha habido el navajeo político que sí ha habido en otros ámbitos, como decía antes.

¿Andan muy pendientes del mercado de la fruta en Andorra estos días? Parece que bajan las naranjas y suben las berenjenas…

(Risas) Este tema de las encuestas publicadas fuera de España tiene sus inconvenientes porque, claro, no hay competencia en ese mercado. Tampoco hay mucha explicación sobre las subidas y bajadas, en base a qué se dice que suben unas y bajan otras… La posibilidad de sesgo es muy grande y sin embargo están acaparando la atención. Yo lo que pienso es: ¿Qué van a decir de nosotros estos de Andorra cuando somos el único partido que propone volver a meter a Andorra en la lista de paraísos fiscales? Y esto es verdad.