Mediapro no quiere esperar más. Fuentes próximas al sector confirmaron a SABEMOS que la compañía que preside Jaume Roures tiene intención de revender los derechos de los partidos que ha comprado para las próximas tres temporadas de la Liga antes de que termine el mes de enero.

La compañía, que por cierto acaba de pasar el vía crucis de ver cómo el FBI irrumpía en su filial en EEUU para buscar información sobre el posible pago de sobornos para la compra de derechos deportivos en relación con el caso generalizado de corrupción en el seno de la Fifa, ha comunicado a los operadores su voluntad de cerrar con muchos meses de adelanto la venta de los derechos de la máxima competición local.

Esto afecta a los partidos del lote 6, el equivalente a lo que hoy llamamos Abono Fútbol, con ocho encuentros de primera, aunque en tercera selección (los que no elija Movistar+ o el abierto) y todos los partidos de la Copa del Rey, salvo los que se emitan en abierto, las semifinales y la final –por cierto, aunque el partido en abierto es la segunda elección, lo cierto es que no puede incluir ninguno de equipos que compitan en Europa, ni del Real Madrid, Barcelona, Atlético o Valencia–.
 
“El motivo para hacerlo tan pronto es, básicamente, forzar a Movistar a llegar a un acuerdo lo antes posible. Si no pasan por caja, los operadores que sí compren tendrán ocho meses para incidir, machaconamente, en que son los únicos que tienen todo el fútbol”, subrayan estas fuentes. Otras, más moderadas, aseguran que el objetivo tiene que ver básicamente con la planificación.
 
“En todo caso, es La Liga la que está detrás de esta decisión. Les preocupa mucho que pase como con la Champions y que los operadores no entren. Al adelantar tanto la firma del contrato intentan asegurar que el producto tenga una buena distribución y no se devalúe”, subrayan estas segundas fuentes.
 
En todo caso, en lo que todos coinciden es en que el gran temor de Mediapro es que, finalmente, Telefónica y el resto de operadores renuncien al fútbol, una operación extremadamente poco rentable, a la vista de lo que ha sucedido en los últimos meses. Si con los precios que ha habido en España no se ha vendido más fútbol es que, directamente, se ha llegado al techo de abonados. Y no son tantos como para justificar lo que se ha pagado en la última subasta. Mediapro y la Liga saben que lo único que puede llevar el producto a los hogares es que los operadores se piquen entre sí y acepten pagar sumas astronómicas. Roures no sólo vería así recompensado su riesgo, sino que además se llevaría un buen pellizco.
 
Antonio Coimbra, CEO de Vodafone España, subrayaba hace poco su preocupación por la poca rentabilidad del fútbol a los precios actuales y, si bien confirmó su intención de seguir ofreciendo todo el fútbol a los clientes (les quedan dos años de Champions y esperan llegar a acuerdos con Movistar y Mediapro para el resto de encuentros), también dejó claro que son operaciones de rentabilidad complicada.
 
Lo cierto es que el sector, a estas alturas, tiene claro que sólo hay dos alternativas. La primera, y hoy por hoy parece que la más probable, pasa por ceder a las exigencias del intermediario y subvencionar con miles de millones de euros con los ingresos de quienes no quieren ver fútbol, a quienes sí quieren hacerlo. 
 
La segunda consiste en renunciar al paquete de Mediapro, que Movistar, Orange y Vodafone lleguen a un acuerdo para que todos puedan comercializar el Partidazo y los bares (un negocio que sí es rentable), más el partido en abierto, y dejar que Roures y Al Jazeera absorban las pérdidas. Con ese dinero podrían realizar muchas inversiones en red, comprar muchos derechos de series y películas y afrontar producción propia en nuestro país. Y con el partidazo, los bares y el fútbol en abierto a su disposición, no suena descabellado.
 
En todo caso, existen dudas sobre que las partes implicadas tengan valor como para afrontar la segunda alternativa y no embarcarse en una pelea de gallos. Especialmente porque si cualquiera de ellos entra a comprar los derechos tendrá una ventaja competitiva sobre los demás, y eso les aterra. 
 
Por ello, Mediapro está comunicando a los operadores que el resultado de la oferta de enero será definitivo. Si uno entra y los otros no, pagará un dineral pero podrá presumir de ello durante toda lo que queda de temporada. Para operadores como Vodafone y Orange, la tentación de entrar en esa guerra, por cara que sea, y luego aprovecharlo en la comercialización de sus paquetes convergentes, es demasiado alta. Del mismo modo que para Movistar, el riesgo de no ser visto como un actor relevante en deportes es enorme.
 
¿Qué saldrá de todo esto? En todo caso, no tardaremos en averiguarlo. La cuenta atrás ha comenzado.