Más de lo mismo. La vieja política no se aburre de insultar, de vejar y del “y tú más”, pero los españoles sí. ¿O no? A mí no me cabe escuchar un insulto más. Penalización total en cuanto a la comunicación verbal, veamos la no verbal.

Por Nuria Moreno | @nurjamoreno

¡Menuda función la que nos dieron ayer, Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, en la Escuela de Cine!

Mariano Rajoy: arranca su discurso con gestos robóticos y desacompasados. Me explico, el entrecortado movimiento ascendente y descendente de su mano derecha no va con el discurso. La mano va por un lado y la expresión verbal va por otro. Hay algo muy poco armónico en su comunicación y es que cuerpo y mente no van al unísono, y esto provoca la valoración inmediata en el espectador de “aquí hay algo que no me cuadra”. Una de las cosas que mide la CNV es la coherencia interna de las personas. Cuando hay coherencia entre cuerpo, emoción y mente, el cuerpo así lo manifiesta con gestos fluidos y naturales, y cuando no, pues lo mismo, con lo contrario, como fue el caso. Esa mano arrítmica que no va al tiempo distrae y entorpece su exposición haciéndonos dudar o cuanto menos plantearnos un ¿pero qué le pasa? Como esto además es algo recurrente, ya típico o característico de su gestualidad, podríamos decir que tiene que ver con su personalidad, con algo habitual, más que con lo que está diciendo en el momento.

Otro gesto que destaca en Rajoy es el “índice autoritario”, esa manera reiterada de expresarse con el dedo índice acusador a modo “tú, tú, tú”. El dedo índice representa la identidad, el yo, y expresa aquí mando yo, lo que yo digo es lo que es y no hay más, de una manera tajante y absoluta. En el caso de Rajoy no es ni tan tajante ni tan absoluta puesto que debajo de esa forma no hay fuerza. No hay tensión ni en el dedo, ni en el puño, ni en el brazo. Está dictando, pero no hay abuso. Y es que Rajoy es un hombre de paz y de consenso, o al menos eso indica su expresión corporal, y de hecho, no se explayó, a dios gracias, en sacar a relucir toda la retahíla de casos de corrupción del PSOE, que tampoco son pocos, dicho sea de paso, a modo de contraataque. Estaba más centrado en utilizar el poco tiempo de que disponía entre ataque y ataque para dar a conocer puntos de su programa o de sus logros, aunque todo ello en conjunto resultara lamentablemente pobre.

Las manos son la parte del cuerpo mayoritariamente representadas en nuestro neocórtex y por lo tanto una ventana directa y abierta a nuestro modo de pensar y de sentir. Constituyen nuestra marca personal. Y como en este debate no nos pudimos deleitar con los cuerpos, hagámoslo con las manos. Si observamos sus manos, destaca que Rajoy nos da constantemente la parte blanda, la palma de la mano. Gira la muñeca para dar la palma y da su brazo a torcer. Ese giro de muñeca es muy acusado y forzado. Significa todo lo que han hecho con mucho esfuerzo cambiando su dirección inicial y también muestra que Rajoy es más una persona de dar la mano que de sacar el puño, una persona más de reflexión, que de acción y también más de un segundo plano que de un primero, por lo cual evita al máximo su exposición mediática.

Esta es la razón también de que no se deje llevar por los impulsos y el acaloramiento del momento y en un debate como el de ayer, ni siquiera cuando Sánchez le agrede verbalmente poniendo en tela de juicio su dignidad diciéndole que no es una persona decente, tiene la calma de respirar y dejar pasar unos segundos antes de decir un pausado “hasta aquí hemos llegado”, nada violento. Rajoy para, reflexiona, no se precipita. No le devuelve la ofensa de una manera agresiva y personal, no dice “eres” sino lo que acabas de hacer “es”, “su intervención es” o “ha sido usted” que es muy distinto, está calificando un momento puntual, una parte y no el todo, lo cual es muy justo, puntualizando un acto, un comportamiento, y esto habla de un Rajoy comedido, que si bien se dejó llevar por el ataque de su adversario y entró al trapo, al menos fue lo más mesurado que se puede ser en semejante situación. Tarea nada fácil la de defenderse “al punto”, sin pasarse, sin que haya sangre, sin aplastar al otro, aunque es verdad que el acaloramiento fue subiendo y subiendo. Para los que no nos gustan los toros, ni el boxeo, ni las peleas de gallos, muy lamentable, que los dos candidatos más valorados en las encuestas nos dieran este show.

Lo que me hubiera gustado observar en Rajoy es verle llevarse la mano al corazón ante las acusaciones de su opositor sobre sus mensajes a Bárcenas o el tema del rescate, como sí lo hizo en defensa de su dignidad personal o en el tema del derecho de las mujeres a ser madres, sentidamente, dando muestras corporales de veracidad. Rajoy insistió mucho en defenderse en este punto y su lenguaje corporal reforzaba la autenticidad de su afirmación, no en cambio en el resto de las acusaciones sobre las que no dio ninguna argumentación clara, ni corporal ni verbal.

Ahora, Pedro Sánchez: minuto 1, aún no ha comenzado el debate y ya tenemos microexpresiones y microgestos dignos de mencionar que vaticinan lo que va a pasar. La primera falta de Sánchez a Rajoy la vemos en el saludo. El apretón de manos es el primer gesto de atención y respeto que damos a otra persona. La atención es el mayor regalo que le podemos dar a alguien, la falta de atención, el mayor desprecio. Dar la mano y mirar en otra dirección es un gesto de esto último. La mirada cubre la necesidad básica de toda persona de ser vistos. Si al dar la mano retiramos la mirada, estamos mostrando donde está nuestro interés y nuestro foco. El de Pedro Sánchez, en las cámaras. En este gesto vemos lo que en CNV se llama una “Y griega”. Con una parte del cuerpo hago una cosa y con otra lo contrario, y lo que designa, es obvio, ¿no? la contradicción, como los palos de la “Y”, una incoherencia. El sentido del saludo es dar atención al otro, estar presente, pero Pedro Sánchez está más pendiente de las fotos. Quedaría mejor estando en donde tiene que estar, no solo con el otro, sino consigo mismo, si es el saludo, el saludo. Ya habrá tiempo de posar. Lo que destaca aquí es, en primer lugar, las prisas, va acelerado, lo segundo, su faceta amigable y cercana, y es que al candidato se el escapa un guiño al público. Ahí nos deja entrever que su tendencia natural es la de conectar con el otro y conquistarnos, y su necesidad vital de pertenecer y gustar. Este guiño es un acto inconsciente que directametne le sale sin que se de cuenta y que de hecho es apenas perceptible, pero ahí está, son unas milésimas de segundo, un microguiño, podríamos decir, y con el ojo derecho, eso sí, que también tiene su significado. El lado empático es el otro.

El líder de la oposición comienza el debate atacando. Evade la primera pregunta del moderador sobre a donde quiere llevar el país, para arremeter, y es que está claro cuál es su foco, destruir como sea al adversario, y este fue el tono y la intención que mantuvo a lo largo de todo el debate. Pedro Sánchez podría ser un excelente líder, con una muy buena competencia práctica y psíquica, pero mientras no haya escucha y respeto no hay liderazgo posible.

Me gustaría ver más respeto en los debates y un sistema judicial eficaz para que los políticos dejen de tirarse de todo. A mí también me dieron ganas de tirar tomates. Mientras escribo esto, recibo un email de un amigo, me dice: “Hola Nuria, ¿qué tal? ¿viste ayer el debate? una carnicería sin igual. A mí Rajoy me convenció que el PSOE es un asco. Y Sánchez me convenció que el PP también es un asco”.

En fin… y ellos dicen que se fueron contentos…the show must go on…

Nuria Moreno | Experta en Comunicación No Verbal

Consultora de Comunicación y Liderazgo

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