Podemos presumía ayer de publicidad gratuita en taxis, parecida a la que ya disfrutó en su momento Ahora Madrid, pero que no tenga coste no quiere decir que no se haya pagado. Recordemos que el partido de Pablo Iglesias ha sido uno de los que más solidario se ha mostrado con el sector del taxi a la hora de imponer medidas proteccionistas contra “servicios como el que propone la transnacional Uber”.

El pasado 22 de abril, una delegación compuesta por Comisiones Obreras (CCOO), Federación Española del Taxi (FEDETAXI), Unión Nacional del Taxi (UNALT) y Fundación Élite Taxi, fue acompañada por Podemos al Parlamento Europeo para trasladar a los eurodiputados españoles “su indignación frente al impacto de la actividad de empresas como Uber”.

En este sentido, Podemos fue claro al rechazar “la incursión de empresas transnacionales que, bajo el paraguas de la economía colaborativa pueden precarizar y amenazar un sector que da empleo a unas 100.000 familias en España”, subrayó entonces el partido de Pablo Iglesias en nota de prensa.

En todo caso, el verdadero problema no es Uber, una empresa que, recordemos, tiene prohibido realizar en nuestro país la actividad UberPOP, que convertía a cualquier ciudadano en conductor sin licencia. El problema es que ésa sea la visión de Podemos sobre otro buen montón de empresas de economía entre pares como Blablacar, Airbnb o, en cierta forma, Cabify (recordemos que sus conductores no son particulares sino que operan con licencias VTC). Si prometen su acción en contra de algunas de estas compañías, habrá hoteles y empresas de autobuses que consideren también pintar de púrpura sus fachadas o sus laterales. 

En muchos de estos sectores, como el de los préstamos entre particulares, la economía española se enfrenta a un arduo debate sobre regulación que deberá poner de acuerdo a los actores tradicionales y fuertemente regulados de sectores como el transporte o el taxi, frente a las nuevas herramientas tecnológicas. El equilibrio será difícil, pero imposible si Podemos saca la vara de separar entre “buenos” y “malos”.

En realidad, el sector del taxi tiene tendencia a ser tan conservador que muchas veces ha arremetido contra herramientas como MyTaxi o Hailo, que les han ayudado a ser más competitivos durante la crisis. Sirva de ejemplo este encendido comunicado de la CNT. Pero claro, las viejas emisoras se resisten a morir y defienden su actividad con sus últimos estertores.

El secretario de Relaciones con la Sociedad Civil del partido de Pablo Iglesias, Rafael Mayoral, afirmaba tras dicha reunión en Bruselas que su formación hace “una apuesta por la protección de sectores estratégicos de nuestra economía, como el transporte, que garanticen unas condiciones dignas para sus trabajadores y que sirven para impulsar el consumo interno del país”. En suma, proteccionismo.

El presidente de Fedetaxi, Julio Moreno, presente en la reunión, calificó entonces el encuentro de “positivo y fructífero” y, valoró positivamente el apoyo recibido por la formación morada contra las econ Podemos de “francamente positivo y fructífero”. Moreno aseguró entonces que Podemos se comprometió a ayudarles a influir a otros grupos políticos frente a los lobbys que defienden a Uber. O sea, hacer lobby en su contra. 

¿Conclusión? La pegada de carteles en los taxis tiene menos que ver con la ilusión en la remontada auspiciada por Iglesias en sus últimas intervenciones que con un justificado apoyo recíproco contra aquellos a quienes consideran su enemigo común.