Madrid con altos índices de polución. Los castizos hablan de intoxicación por “dióxido de Carmena”. En mitad del aire viciado, los madrileños amantes de la vida sana se suben a la bicicleta o no perdonan su sesión de running…

Los buenos hábitos que dan vida, vamos. Poco importa que los neumólogos adviertan de que abrir los pulmones para meterse entre pecho y espalda una dosis de partículas y gases tóxicos es como fumarse un Cohíba (pero sin el placer). Una de los muchos disparates que cometemos en nombre de los mandamientos del nuevo catecismo: Serás cool y saludable.

1- Practicarás deporte al aire libre en mitad de un episodio de alta contaminación.

2- Tendrás el móvil saturado de “apps” para buscar un número de teléfono que se averigua en dos segundos consultando una página web de la empresa o servicio. El caso es que el teléfono no te sirva para hablar. Y que no haga falta razonar ni lo más simple.

3- Seguirás el método Dukan para adelgazar, poniéndote a reventar de proteínas en forma de carnaza… (acercándote al colapso del hígado al que ayudas con un gin tonic digestivo).

4- Comerás pescado crudo, “sushi”, a la búsqueda del anisakis oculto. Una lotería excitante.

5- Renunciarás a las medias en invierno. ¡Es tan cool!

6- Te cuidarás con cremas protectoras carísimas el rostro para defenderte del sol, lucharás contra las manchitas resistentes con láser…y luego te harás un tatuaje (quemando directamente la piel).

7- Te cortarás pelo al estilo bob para ser la más chic y terminarás pagando carísimas extensiones un mes después para volver a tener la melena que ya tenías.

8- Estarás a dieta permanente serenísima: Y luego te apuntarás a un curso de cup-cakes para convertirte en la madre más trendsetter del colegio.

9- Te moverás en coche todo el puñetero día para terminar pagando un gimnasio donde puedas caminar en una cinta con ambientador a sudorina ajena y piés.

10- Decorarás toda la casa a golpe de Ikea, despreciando los muebles y objetos de casa paterna para luego pagan una millonada en un mercadillo vintage por un teléfono de baquelita.

Estás son algunas de las incongruencias de nuestra “spanish way of life”, que abarca por lo menos a dos generaciones y que demuestra que nuestra tendencia autodestructiva no ha hecho nada más que empezar. Suicidios a plazos en pos de los nuevos mandamientos de la moda y la salud. La contaminación afecta también al cerebro. Pero como cantaba Ana Belén, parece que pedimos a gritos aquello de “Contamíname, mézclate conmigo”.