Kobe Bryant, que hace unos días anunció su próxima retirada, confiesa que se ha pasado toda su carrera aparentando ser Superman. El director de cine Spike Lee puso de su parte para reforzar ese perfil de héroe.

Spike Lee es uno de los parroquianos más célebres del Madison Square Garden. El director de cine se desespera con sus New York Knicks, que a falta de opciones para ganar el anillo en lo que va de siglo es probablemente el mejor equipo de la NBA en el ratio éxitos/seguidores.

Hace sólo unas semanas, Kobe Bryant visitó el Madison por última vez como jugador de Los Angeles Lakers; esto aún no se sabía -su retirada se confirmó este domingo-, pero se sospechaba. El público le dedicó una ovación al entrar y otra al salir. Durante el partido, se acercó a la silla de Lee en primera línea e ironizó con las dificultades que el entrenador de los Knicks, su excompañero Derek Fisher, tiene para implantar el Triángulo Mágico de Phil Jackson: “Eso no es un puto triángulo. Eso es un cuadrado”, le dijo entre risas.

Bryant y Lee se conocen desde hace años, cuando grabaron juntos Kobe Doin’ Work, una gran producción de ESPN, con un despliegue inusual. Estrenado en 2009, fue grabado un año antes y concebido con dos de antelación. Así lo exige la burocracia de diseminar 30 cámaras por el Staples Center para grabar desde otros tantos ángulos un día cualquiera en la oficina para el mejor jugador de baloncesto del momento y colocarle un micrófono para registrar su voz durante el partido. Se escogió la visita del vigente campeón, San Antonio Spurs. Sobre el parquet, Kobe dirige a sus compañeros, les coloca, calma, ordena… “No sabía que hablaba tanto”, confiesa entre risas. El día de la grabación estaba de buen humor, porque acababa de meter 61 puntos, precisamente, a los Knicks.

El documental, por qué no decirlo, le quedó a Spike Lee bastante aburrido, aunque no tanto como la película de la que sacó la idea: Zidane. Un retrato del siglo XXI. Un montaje espectacular para un contenido que deja frío. Demasiado parquet. Un poco de trash talking políticamente correcto, halagos repetitivos a rivales y compañeros y un montón de instrucciones tácticas en bruto, sin decodificar para el oído menos experto. Sin embargo, sirvió para reforzar la imagen de Kobe como líder, algo muy cuestionable en aquel momento.

Corría la temporada 2007/08, la de la llegada de Pau Gasol. Los Lakers llevaban tres temporadas sin jugar las finales y, lo que es peor, cinco sin ganar el título. Kobe sólo sabía lo que era ser campeón al abrigo de Shaquille O’Neal, elegido jugador más valioso en los tres títulos conquistados por los Lakers entre 2000 y 2002 (el famoso ‘threepeat’). Tras la sorprendente derrota ante Detroit Pistons en 2004 y los serios problemas entre sus dos estrellas, los Lakers dieron a Shaq por amortizado y entregaron todos los galones a Kobe, seis años más joven. La decisión recibió sus críticas razonables. En el primer año sin Shaq, los Lakers se quedaron fuera de Playoffs. En los dos siguientes, cayeron ante Phoenix Suns. Para colmo, Shaq ganó un nuevo anillo con su nuevo equipo, Miami Heat.

La emisión de Kobe doin’ work no pudo llegar en mejor momento, porque apenas un mes después los Lakers -y el famoso triángulo de Jackson- se proclamaron campeones ante Orlando Magic y Bryant fue distinguido, esta vez sí, como MVP de las Finales. Al año siguiente, los Lakers y él repitieron éxitos, esta vez ante Boston Celtics. La sombra de Shaq se difuminó al fin y las comparaciones entre Bryant y su gran ídolo, Michael Jordan, empezaron a parecer menos exageradas.

Sin embargo, existe otra película, mucho menos conocida, más convencional pero también más completa: Kobe Bryant’s Muse, un documental estrenado este mismo año por la cadena Showtime y que, al contrario que Spike Lee, ahonda en la parte más vulnerable del héroe. Como el mismo Kobe dice al principio de esta segunda cinta, a lo largo de su carrera ha tratado de potenciar en la cancha y el vestuario la imagen de Superman y no la de Clark Kent, que aquí desarrolla sin problema. Lástima que Spike Lee y sus 30 cámaras no se interesaran también en su día por este otro ángulo.