Los profetas se han retirado/así que no esperes que los tuyos vengan a ti . La sutileza de cualquier poesía no tiene cabida en la mente esquizofrénica de un fanático religioso. Estos versos son de Ashraf Fayadh, un poeta palestino que el pasado 17 de noviembre fue condenado a muerte en Arabia Saudí por “blasfemia”.

Al menos 151 personas han sido ejecutadas en lo que va de año en Arabia Saudí, el fiel aliado de Occidente, según los datos de Amnistía Internacional. En los últimos tiempos sólo se había registrado una cantidad similar (que supone un promedio de una persona ejecutada cada dos días) en 1995, cuando se documentaron al menos 192 ejecuciones. En 2014, la cifra fue de 90, por lo que el incremento anual ha sido de al menos un 68 por ciento.

En Arabia Saudí se impone la pena de muerte para numerosos delitos sin sangre, como el tráfico de drogas, el adulterio, la homosexualidad o, como en este caso, la apostasía y la blasfemia. Por lo general, las sentencias se producen después de juicios sin garantías que violan las normas internacionales sobre procesos justos.

Casi la mitad de los ejecutados este año, 71, eran ciudadanos extranjeros. Por ejemplo, 45 de las 63 personas que fueron ajusticiadas por delitos relacionados con las drogas eran de nacionalidad foránea. Los extranjeros que residen en el Reino, por lo general trabajadores migrantes procedentes de países pobres, constituyen un sector particularmente pobre que se enfrenta no sólo a la marginación, sino a situaciones especialmente agravantes, como la falta de un traductor durante el juicio para los que no se manejan bien en lengua árabe.

Según han informado organizaciones y medios de comunicación internacionales, las autoridades saudíes tienen la intención de ejecutar, en breve, a un grupo de entre 52 y 55 personas por “delitos de terrorismo”. Entre los condenados podrían figurar miembros de la comunidad chií que participaron en protestas antigubernamentales, algunos de ellos menores de edad en el momento de su detención.

Algunos expertos han vinculado la oleada de ejecuciones con las disputas internas en la familia real saudí. Desde que el rey Salman Bin Abdelaziz Al Saud ascendió al trono, su hijo, Mohamed Bin Salman Al Saud, de sólo 35 años, ha adquirido un enorme poder y ha empezado a preocupar en ciertas esferas.

Nombrado viceprimer ministro, ministro de Defensa, jefe de la Corte Real, director del Consejo para Asuntos Económicos y de Desarrollo, Mohamed Bin Salman, viceprimer heredero del trono “lo ha asumido todo”, ha explicado un disidente saudí residente en Londres, Saad al Faqih, al diario británico The Independent. Ese ascenso preocupa especialmente al primer heredero y ministro del Interior, Mohamed bin Nayef Al Saud, quien “quiere dar una imagen de ser alguien muy duro con la muerte de 52 personas de una tacada”. 

 

Mohamed Bon Salman y Mohamed Bin Nayef

 

Ashraf Fayadh

Ashraf Fayadh, palestino con estatus de apátrida, nació hace 35 años en Arabia Saudí, único país que ha conocido en su vida. Acaso para paliar ese aislamiento del resto del mundo, pertenece desde hace años a la organización cultural británico-saudí Edge of Arabia, a través de la cual ha tendido puentes artísticos entre su país y Europa. El pasado 16 de noviembre, Edge of Arabia instaló dos murales en la sde de Naciones Unidas en el marco de La Casa de nuestra Madre, una iniciativa artística compartida con otra organización, Art Jameel, de apoyo a las mujeres del suroeste de Arabia Saudí.

 

Autorretrato en acuarela

 

Fayadh fue detenido por primera vez el 6 de agosto de 2013 en la ciudad de Abha, en el suroeste de Arabia Saudí, después de que un ciudadano saudí le acusara de promover el ateísmo y propagar blasfemias entre la juventud.

Fue excarcelado al día siguiente tras el pago de una fianza, pero fue nuevamente detenido el 1 de enero de 2014 por los cargos de apostasía (concretamente, por “cuestionar la religión y propagar el ateísmo” a través de su libro de poemas Instrucciones en el Interior) y por almacenar fotografías de mujeres en su teléfono móvil, un “gravísimo delito” que viola la Ley contra el Ciberdelito del Reino. En abril de ese mismo año fue condenado a una pena de cuatro años de cárcel y 800 latigazos.

El tribunal que lo condenó aceptó las disculpas de Fayadh en lo referente a la apostasía (que se castiga con la muerte), pero un tribunal de apelaciones no se dio por satisfecho y recomendó posteriormente que el poeta fuese procesado por apostasía. La apostasía (Riddah), la renuncia a la religión islámica (tanto si es para abrazar otra fe como para optar por el ateísmo), puede ser castigada con la muerte en aplicación del código penal islámico, la Sharia.

El caso fue devuelto a un tribunal general de primera instancia y se asignó a un juez diferente. Después de permanecer dos años de prisión, Fayadh fue declarado culpable de apostasía y condenado a muerte el 17 de noviembre de 2015. Durante el proceso, según Amnistía Internacional, no tuvo acceso a un abogado, lo cual viola tanto el Derecho Internacional sobre Derechos Humanos como las propias leyes saudíes. “Estoy realmente sorprendido, pero era lo esperado, aunque yo no he hecho nada que merezca la muerte”, declaró el poeta al diario británico The Guardian. Fayadh ha asegurado que no se le ha brindado ninguna representación legal y que sólo se le han concedido 30 días para presentar su recurso de apelación.

Pese a haber sido condenado por apostasía, los partidarios de Fayadh están convencidos de que la verdadera causa de su castigo es la difusión por Internet de un vídeo en el que aprecia a un hombre en el momento en que era azotado en público por la policía religiosa en Abha. “Soy un artista y quiero mi libertad”, manifestó el poeta tras conocer la condena.

En previsión de las inevitables condenas internacionales y, sobre todo, de las más que inevitables comparaciones entre la justicia saudí y el grupo terrorista Estado Islámico (Daesh), el Gobierno del Reino ha optado, como única medida profiláctica por matar moscas a cañonazos. “El Ministerio de Justicia va a perseguir a cualquier persona que compare la sentencia a un hombre por apostasía con el Estado Islámico”, ha indicado una fuente del Ministerio al diario progubernamental saudí Al-Riyadh.

‘Instrucciones en el Interior’

Las desgracias de Fayadh comenzaron con una simple discusión con otro artista. El poeta sostenía que el poemario Instrucciones en el Interior, publicado en 2008, estaba dedicada a su vida como refugiado palestino y a “cuestiones culturales y filosóficas”, pero los sectores religiosos más extremistas interpretaron sus poemas como un conjunto de “ideas destructivas contra Dios”, tal como explicó él mismo a los medios.

Fayadh ha negado en todo momento que haya cometido blasfemia y ha insistido en que es creyente musulmán. No fue ésa la opinión del artista saudí que lo denunció por criticar a Alá y al Profeta, por insultar al Reino de Arabia Saudí y por distribuir un libro de poemas en el que se promueve el ateísmo.

 

‘Asilo’

Uno de los poemas de Instrucciones en el Interior por los que, por motivos realmente incomprensibles, Fayadh ha sido acusado de apostasía y blasfemia se titula Asilo, y estaba dedicado a sus familiares palestinos refugiados.

“Permanecer al final de la cola…

para tener un trozo de pan.

Permanecer: algo que tu abuelo solía hacer… sin saber la causa de ello.

¿El trozo? Tú.

La patria: una tarjeta para llevar en tu cartera.

Dinero: papeles que llevan las imágenes de los líderes.

La fotografía: tu sustituto a la espera de tu regreso.

Y el regreso: una criatura mitológica… de los cuentos de tu abuela.

Fin de la primera lección.

 

 

 

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