La lectura de Yuna , de Santiago García y Juaco Vizuete, llama a una serie de referentes que en el contexto del tebeo internacional pueden considerarse poco habituales. En el del mucho más limitado temáticamente -y, por algún motivo, poco amigo de la ciencia-ficción- entorno del tebeo español, esos referentes son directamente inauditos.

Gráficamente tiene algo de esas space operas abstractas pero muy atentas a lo gráfico del Moebius más expansivo y del Jack Kirby más autor. Dos creadores que imaginaban unas naves espaciales de auténtica impresión, sobre todo porque eran, cada una a su manera, plasmaciones de la psique de sus personajes. Como lo es a menudo la buena ciencia-ficción.

Pero si de plasmaciones adiaboladas hablamos, es inevitable citar un clásico del horror existencial y la ciencia-ficción pura y abstracta como es Solaris. Ignoro si García y Vizuete han tenido presente la obra maestra de Stanislaw Lem (y su posterior y también increíble adaptación al cine de Andréis Tarkovski), pero su tono, sus trazas y su mensaje se ven reflejados en cada viñeta… aderezados por cierto aire a distinguidas e infravaloradas exploits de Solaris como esa infravalorada mezcla de Hellraiser, Alien y la propia novela de Lem que es Horizonte Final.

Insisto: ignoro si García y Vizuete se han dejado influir conscientemente por estas obras, pero lo cierto es que la mezcolanza no solo funciona, sino que acaba resultando muy personal. Vizuete es uno de los dibujantes más versátiles de nuestro panorama, y después del tono sosegado y melancólico de la autobiográfica Lo primero que me viene a la mente, se deja llevar aquí por composiciones de página libérrimas y que reflejan inmensos panoramas galácticos. Colosales naves del tamaño de planetas que, paradójicamente, transmiten una claustrofobia propia de película de terror existencial. El mérito es, en buena parte, del incansable Santiago García, que no descansa tras Las Meninas, ¡García! y Comics sensacionales, y que consigue enhebrar una historia de inteligencias artificiales que resulta emotiva con una aventura espacial que deviene íntima. El entendimiento entre guionista y dibujante es total, y la cuidada edición apaisada de Astiberri es la guinda perfecta para una novela gráfica muy pensada y muy cerrada.

Yuna habla de nosotros, los humanos y nuestras debilidades, pero recurriendo al tropo de las inteligencias artificiales. Para ello, cae en el terror fisico y degenerativo del gore más surreal, y en el drama galáctico donde las emociones quedan ridículamente asfixiadas por el vacío. Yuna es aventura espacial y, a la vez, drama de pareja; robots, pistolas y conversaciones de almohada. Toda una sorpresa y una nueva muesca (esta ya menos sorprendente) que marcar en las culatas de García y Vizuete.

FICHA

Yuna
Santiago García y Juaco Vizuete
Astiberri
2015