Ahora que la subvención de terminales parece cosa del pasado prepárense, oh lectores, para un cambio de paradigma que nos llevará a meter televisores de baratillo en tu salón. Un cambio lógico teniendo en cuenta que las compañías cada vez se fijan menos en el “sólo móvil” y se centran en un paquete completo de servicios.

Teniendo en cuenta que casi ningún cliente cambiará de operadora de aquí a unos años porque ¡vaya perezón!, las compañías han decidido que regalar un televisor es como casarte después de varios años de noviazgo. No es que tuvieras previsto romper la relación, pero no está de más asegurar aún más el invento.

Y ya tenemos dos bandos más o menos claros. Movistar, en una esquina del ring, va a inundar a sus clientes con televisores gratuitos (mientras seas cliente) y que vendrán preparados para interactuar únicamente con su ecosistema.

En la otra esquina, Orange se suma a la polémica con el anuncio de que comercializará modelos de Samsung con descuento, mientras que Jazztel hará lo propio con dispositivos de LG. En cómodos plazos y con descuentos “que superan el 65% sobre el precio habitual, dependiendo de la tarifa y el dispositivo elegido”. En cifras gruesas, venderán por entre 120 y 300 euros, y en cómodos plazos a dos años, televisores que vienen costando entre 300 y 500. Siempre incidiendo en que son televisores “libres” en contraposición con la idea de Movistar.

Ambos tienen una gran ventaja: Los televisores son baratísimos. En serio, los modelos que se está proponiendo Orange van entre los 300 y los 500 euros a precios de mercado, y se van a comercializar a partir de los 120 euros y a plazos. Los que regalará Telefónica, fabricados por la turca Vestel, tendrán, sin duda, unos costes de fabricación y distribución bajísimos.

Comparadlo con las subvenciones a un Galaxy S6 Edge+ de Samsung o a un iPhone de Apple. No tiene nada que ver, con el agravante de que en los dispositivos móviles el consumidor quiere cambiar cada poco tiempo mientras que el televisor es un dispositivo preparado para aguantar años en el salón.

La cuestión ahora es cuántos clientes optarán por “casarse” con los televisores de la operadora y cuántos seguirán escogiendo su propio dispositivo. Probablemente veremos una combinación de ambas cosas.