Decir que existen máquinas con las que podemos imprimir objetos en tres dimensiones de distintos materiales es una obviedad y, a la vez, un misterio. ¿Qué se puede imprimir y qué no? ¿Qué alcance tiene esta tecnología? ¿Qué usos se le está dando en España? Hablamos con Alberto Valero, Responsable de Proyecto Educativo de BQ , la empresa española que lidera el mercado, y con el diseñador Juanjo Gómez, para adentrarnos en este mundo de posibilidades infinitas.

Lo primero que queremos saber es cómo funciona exactamente la impresión de objetos en tres dimensiones porque a muchos nos sigue pareciendo ciencia ficción.

Una impresora 3D es una máquina capaz de crear, mediante fabricación aditiva, objetos sólidos tridimensionales a partir de un diseño generado por ordenador. A día de hoy, las actuales impresoras 3D hacen uso de distintas tecnologías, pero la más extendida y generalizada es la llamada Fused Deposition Modeling (FDM), o también conocida por su término equivalente, Fabricación de Filamento Fundido (FFF), que consiste en la adición de material polimérico fundido capa a capa, nos explican desde BQ.

Sin entrar en química avanzada, aclararemos que los polímeros son macromoléculas compuestas por una o varias unidades químicas (monómeros) que se repiten a lo largo de toda una cadena. El almidón, la celulosa, la seda y el ADN son ejemplos de polímeros naturales, mientras que entre los polímeros sintéticos encontramos el nailon, los plásticos, vinilos y adhesivos.

Impresora 3D Hephestos 2 de BQ

Alberto Valero nos cuenta que “cada vez son más los materiales diseñados específicamente para imprimir en 3D. Entre los más extendidos están el ABS y el PLA(*). Últimamente se han creado muchos filamentos con base de PLA que añaden resina de madera, cobre, bronce o acero, ofreciendo distintos acabados. También empiezan a ganar protagonismo los materiales flexibles como el FilaFlex o el NinjaFlex”.

(*) El poliácido láctico (PLA) es un bioplástico renovable y moldeable que se obtiene a partir de almidón de maíz  o de caña de azúcar, por lo que es totalmente apto para envasar alimentos y también se usa en la industria farmacéutica. Por su parte el Filaflex es el filamento más flexible del mundo, con el que ya se están imprimiendo zapatillas. El acrilonitrilo butadieno estireno (ABS), en cambio, es un plástico de elaboración y procesamiento más complejo que posee gran resistencia a los golpes.

Pero no todos estos materiales se pueden imprimir en todas las impresoras. Por ejemplo, la Witbox de BQ (elegida cuarta mejor impresora 3D del mundo) que dispone de una base de impresión fría, puede imprimir PLA, Filaflex, MDF, PVA… pero no el tóxico ABS ni el nailon, que requieren una impresora con base caliente para ser utilizados. 

Una vez entendido esto, ¿cuáles son los pasos para imprimir un objeto en 3D?

El primer paso es diseñar el objeto en 3D con algún software específico. Por tanto, partiremos de uno de los formatos compatibles en 3D (*.stl / *.obj / *.dae / *.amf) y posteriormente lo convertiremos al formato utilizado por los programas de laminado (*.gcode) con un Slicing software que dispondrá de toda la información para su impresión (altura de las capas, temperatura, etc). Una vez hecho esto, toca elegir el material con el que se va a imprimir y ¡manos a la obra!

¿Qué usos se le puede dar y cuáles se están dando ya?

El Responsable de Proyecto Educativo de BQ nos cuenta que “hasta hace muy poco, solo los usuarios más avanzados estaban interesados en esta tecnología, que se limitaba al uso industrial. Ahora, hay una mayor penetración en sectores como el del diseño, la arquitectura, la educación e incluso el médico”.

¿Y qué hacen exactamente?

“En medicina, uno de los grandes retos es la reducción de los precios de las prótesis. En este momento se están consiguiendo verdaderos avances reduciendo los costes de las mismas de los 30.000 hasta los 50 euros. En el sector de la moda, algunos diseñadores llevan un tiempo innovando e incluyendo en sus colecciones diseños de prendas y accesorios impresos en 3D. El siguiente paso será que se generalice su uso doméstico y es en esa línea en la que trabajamos”.

Cuando llegue ese momento, ¿será una revolución tecnológica?

“Creemos que existe un cierto paralelismo entre el fenómeno que se produjo con los ordenadores (que hace décadas no todo el mundo sabía o podía utilizarlos y ahora mismo están al alcance en experiencia de uso de prácticamente cualquier usuario) y el que ocurrirá con las impresoras 3D. En un futuro no muy lejano, la impresión 3D estará presente en muchos hogares. La llegada al ámbito doméstico va a suponer una revolución en la forma que concebimos y nos relacionamos con los objetos porque nos hará pasar de consumidores a fabricantes” explica Alberto Valero a SABEMOS. 

Hablemos de precios. ¿Son muy caras aún estas impresoras?

“Nuestras impresoras tienen un precio de entre 499,90€ y 1.690 euros. BQ cuenta con dos modelos de impresoras más enfocadas al uso profesional, Witbox y Witbox 2” que tienen un precio más elevado, y dos que el propio usuario monta, Prusa i3 Hephestos y Hephestos 2. 

“Todas ellas son Open Source porque desde BQ buscamos contribuir con nuestro conocimiento y trabajo al Patrimonio Tecnológico de la Humanidad. Consideramos que el conocimiento no tiene límites, por eso tanto el firmware como el hardware de nuestras impresoras 3D es 100% libre”.

¿No es peligroso que cada uno pueda imprimir el objeto que quiera sin dejar constancia? ¿No se podrían fabricar, por ejemplo, armas?

“Una impresora 3D es una herramienta destinada a la creación y, por tanto, permite fabricar prácticamente cualquier pieza u objeto. En el caso de las armas, es imposible crear una solo con piezas imprimibles porque se requieren otros componentes que no son imprimibles, pero en BQ creemos que lo principal y más eficaz a largo plazo es educar a las personas, no limitar su libertad porque, como ocurre con cualquier avance, siempre habrá quien encuentre la forma de utilizarlo de forma inadecuada. Debemos crear consciencia en la sociedad y fomentar el buen uso tecnológico y esto solo es posible a través de la educación”.

Entendido. Volvamos a la creatividad. BQ ha colaborado recientemente con Juanjo Gómez, alter ego de la firma española Yono Taola, que ha realizado prendas y complementos utilizando la impresión en 3D con la Witbox de BQ. ¿Qué materiales utilizasteis?

“Los materiales elegidos fueron el Filaflex para las prendas y el PLA con resina de madera para los bolsos”nos cuenta el diseñador vanguardista.

Bolso y top de Yono Taola impresos en 3D

Bolso y top de Yono Taola impresos en 3D

Yono Taola incluye estos elementos en su nueva colección, que ha presentado en el último Madrid Fashion Show. Le preguntamos a Juanjo Gómez cómo fue el proceso de imprimir ropa.

“Diseñamos diferentes tipos de mallas con las que realizar prendas para unirlas posteriormente”.

¿Qué ventajas y limitaciones tiene esta tecnología aplicada a la moda?

Entre las ventajas, destaca “una mayor libertad para crear volúmenes que de otra forma son más complicados de conseguir y la posibilidad de jugar, imaginar, investigar y poder llevar a cabo el resultado de todo ello”. En cuanto a las limitaciones, dice que “el límite lo pone el conocimiento y el dominio de los programas que se usan para poder trabajar en 3D así como el tiempo de impresión, que es largo”.