Las listas del 20-D aparecen plagadas de escritores, actores, juristas, militares o economistas, en un claro intento de las formaciones por seducir a un electorado crítico que demanda regeneración. PSOE y PP tuvieron malas experiencias con fichajes estrella como Baltasar Garzón o Manuel Pizarro. Ciudadanos y Podemos basan su estrategia en mostrar una cercanía y aperturismo que les diferencie de los tradicionales.

Michael Ignatieff, intelectual de reconocido prestigio, referente de las universidades de Oxford, Cambridge, Harvard y Toronto, decidió hace unos años atender la “llamada” de la política y dejar la academia para pasar a la primera línea. Los vastos conocimientos acreditados durante décadas de carrera profesional -cultivó la historia, la filosofía, la literatura o el periodismo- se enfrentaron al veredicto de las urnas en las elecciones canadienses de 2011, donde Ignatieff fue el cabeza de cartel del Partido Liberal. La formación, que recientemente ha recuperado el poder, cosechó entonces los peores resultados de su historia. El protagonista dejó escrita su experiencia en Fuego y cenizas, prontuario imprescindible para desmontar muchos de los tópicos que a menudo se vierten sobre la política profesional y la pertinencia de que la sociedad civil ocupe espacios de poder en partidos e instituciones.

Rajoy tiene leído a Ignatieff, el intelectual canadiense que naufragó cuando se metió en política

Mariano Rajoy tiene leído a Ignatieff, tal y como él mismo aseguró recientemente, y es poco amigo de las apuestas audaces. Lo suyo es la previsibilidad. El PP presenta en las próximas elecciones unas listas plagadas de fieles al presidente, sin concesiones a las corrientes críticas ni a ajenos al partido y con la tradicional cuota de cuneros. Los perfiles que se alejaban algo de la política pura y dura y que podían haber tenido un hueco, como la atleta Marta Domínguez o la periodista Cayetana Álvarez de Toledo, han quedado al margen por distintas razones. Génova, que ya tuvo una mala experiencia en 2008 con el fichaje de Manuel Pizarro, es la excepción en un clima general de aperturismo -o de escenificación de aperturismo- de los partidos a otros sectores sociales.

Los fichajes estrella como búsqueda de un revulsivo electoral no son nada nuevo, aunque ahora proliferan como nunca. Baltasar Garzón o Manuel Pizarro son antecedentes de una dinámica que ya afecta a militares, actores, escritores y hasta celebrities del mundo de la farándula. Las candidaturas de las generales, proclamadas el martes en el BOE, aparecen plagadas de esos personajes, diríase que en respuesta a las demandas ciudadanas de más y mejor participación política, de transparencia o de mayor democracia en los partidos.

El PSOE abrió la veda anunciando la incorporación de Zaida Cantera, excomandante del Ejército de Tierra que denunció abusos por parte de sus superiores. Poco después añadió a Irene Lozano, hasta entonces diputada de UPyD, a la lista que Pedro Sánchez encabezará por Madrid. Ferraz parece haber superado el desagradable episodio que vivió con Baltasar Garzón hace dos décadas. El exjuez fue en 1993 el número dos de Felipe González, si bien se quedó sin cartera de ministro tras las elecciones y pasó a desempeñar un papel muy menor. Apenas unos meses duró en el simbólico cargo de delegado para el Plan Nacional sobre Drogas, antes de volver a la Audiencia e impulsar la investigación de los GAL por la que acabaría condenado, entre otros, el ministro del Interior de González.

Base de la estrategia de Podemos

El partido de Pablo Iglesias irrumpirá en el Congreso con un alto porcentaje de diputados independientes. Podemos reservó huecos en las primarias de julio para personalidades relevantes que le dieran empaque a su proyecto, maniobra que fue avalada por las bases. Ya en verano se sumaron el exportavoz de la Asociación Unificada de Guardias Civiles, Juan Antonio Delgado, el abogado David Bravo o el jurista José Manuel Gómez Benítez, que finalmente ha renunciado a ir en las listas.

En estas últimas semanas, con el partido vendiendo “remontada”, se ha ido anunciando con cuentagotas un rosario de fichajes: el exJEMAD, Julio Rodríguez; los jueces Victoria Rosell, Josep Lluís Albiñana y Juan Pedro Yllanes; la presidenta de la asociación Gitanas Feministas por la Diversidad, María José Jiménez; el filósofo Santiago Alba; o la actriz Rosana Pastor estarán en las papeletas de diciembre. Fuera quedó, tras anunciarse su fichaje, el constitucionalista Javier Pérez Royo.

“Es muy difícil no hacer daño a los tuyos cuando metes gente de fuera en las listas”, valora el consultor Luis Arroyo

“Es muy difícil no hacer daño a los tuyos cuando metes gente de fuera en las listas, en todos los casos hay gente que se enfada”, analiza el consultor político Luis Arroyo. Este sociólogo, que asesora al PSOE de Pedro Sánchez en estrategia, asegura que ante fichajes estrella “siempre hay quien se levanta y pregunta por qué tiene que venir Lozano a dar lecciones o por qué tiene que venir Garzón o por qué hay que incorporar al JEMAD si llevamos trabajando en el partido sin él no sé cuánto tiempo”.

Arroyo tiene reservas sobre la rentabilidad electoral de estos movimientos y prefiere “el aval externo de gente de prestigio, eso sí funciona, da proyección mediática y sensación de solvencia, sin la necesidad de que vayan en las listas”. Pone el ejemplo del constitucionalista que Podemos quiso fichar: “Con que Pérez Royo hubiera dicho que su corazón está con Iglesias ya le hubiera hecho un agujero al PSOE, pero si anuncias un fichaje y luego se retira, o sale por la puerta de atrás como pasó con Pizarro o Garzón, pues al final haces el ridículo”.

Pero la formación morada fía buena parte de su estrategia a ese tipo de movimientos. Trata de escenificar así que no es un partido más, que sigue atendiendo a la sociedad y que apuesta por la línea que en su momento marcó el 15-M. La búsqueda del sí nos representan llevó a impulsar candidatos como Manuela Carmena en Madrid o Lluís Rabell en Cataluña, con distinto resultado. En sus listas del 20-D, además de todos los antes citados, aparecen el exjudoca Óscar Peñas (29º por Madrid) o el cineasta Benito Zambrano (5º por Jaén).

Ciudadanos presume de intelectuales

Ciudadanos, por su parte, también se esfuerza por cultivar esa imagen de partido en movimiento y poco convencional. Desde sus inicios en Cataluña puso en valor haber sido impulsado por un grupo de intelectuales integrado por el jurista Françesc de Carreras, el dramaturgo Albert Boadella o el escritor y periodista Arcadi Espada. Tras iniciar su expansión nacional, se dejó la coordinación del programa en manos del profesor de la London School of Economics Luis Garicano, que no irá en las listas del 20-D. Sí lo harán la escritora Marta Rivera de la Cruz, el inspector de Hacienda Francisco de la Torre, el economista Antonio Roldán, el actor Toni Cantó o el novelista Juan Jesús Armas Marcelo, que cierra simbólicamente la candidatura por Madrid.

Los escritores Rivera de la Cruz y Armas Marcelo van en la lista naranja

“Las incorporaciones a Ciudadanos de miembros de la sociedad civil no se hacen por electoralismo, sino para ayudar a confeccionar un programa y un proyecto solventes”, explica De la Torre, número dos de la lista de Albert Rivera. Para el autor de ¿Hacienda somos todos? la diferencia entre su partido y el resto es que “otros fichan en el último momento, nosotros pasamos por primarias y en mi caso concreto lo hice después de haber ayudado en la elaboración de propuestas económicas y fiscales”. Es “razonable”, concluye, “que se entienda que quien mejor va a defender unas medidas es quien ha contribuido a desarrollarlas por su conocimiento específico de la materia”.

No escapan a la tendencia el resto de partidos. Los independentistas catalanes ya la llevaron a la práctica el 27-S, confeccionando una lista donde los políticos iban camuflados entre personajes públicos como Carme Forcadell, Muriel Casals, Josep Guardiola o Lluís Llach. En las generales concurren por separado y ERC ha apostado por el activista Gabriel Rufián como cabeza de cartel, por delante del histórico Joan Tardá. Como número uno al Senado, presenta a Santiago Vidal, juez sancionado por contribuir a la elaboración de una Constitución catalana.

Unidad Popular, UPyD y Vox

Unidad Popular, la marca bajo la que concurre IU en los lugares donde no ha pactado con Podemos, basa su campaña precisamente en el aperturismo y transversalidad de la candidatura que encabeza Alberto Garzón. Junto a él concurren la presidenta de ATTAC, Sol Sánchez, o el profesor Víctor Alonso Rocafort. Este politólogo critica la “espectacularización de la política” a la que contribuyen los fichajes estrella y afirma que se embarcó en Unidad Popular solo tras comprobar “la limpieza de un proyecto que incluía una confección colaborativa del programa y unas primarias abiertas y sin trampas, al contrario que las de Podemos”.

El politólogo Víctor Rocafort, número cinco de Garzón, critica la “ley de hierro de la oligarquía de los partidos”, que los hace impermeables a la sociedad civil

El discurso de Rocafort es muy crítico con “la ley de hierro de las oligarquías de los partidos”, que priman las lealtades inquebrantables y laminan la democracia interna, “algo contra lo que cabe una alternativa, de formaciones horizontales, que desarrollen consultas internas, tengan revocatorios, hagan primarias abiertas…” Reconoce que necesitan hacer una “labor de pedagogía” para que el electorado perciba la diferencia entre ese proceso y los fichajes mediáticos, tarea difícil en la que sin embargo está disfrutando: “Yo me lo estoy pasado bien haciendo este tipo de política, veo mucha honestidad a mi alrededor, buen trabajo en equipo y un proyecto sano”.

Mismas cualidades que resalta UPyD, un partido que lucha por sobrevivir incluyendo en sus listas al Senado a los escritores Fernando Savater, Andrés Trapiello y Fernando Iwasaki. Hasta el minoritario Vox ha tenido su cuota de incorporaciones mediáticas con el padre de Juan Carlos Monedero, Salvador Monedero, y la celebrity Carmen Lomana. Todos ellos harían bien en tener presentes las enseñanzas de Ignatieff: “Los ciudadanos saben la diferencia entre alguien que busca su aprobación y alguien que busca su respeto. No siempre tienes que ser popular para tener éxito. No necesitas gustar a tu gente, pero su respeto es esencial. Deben notar que eres una persona íntegra y que estás esforzándote por ellos.”