Los gravísimos atentados perpetrados el pasado 13 de noviembre en París por el grupo terrorista Daesh, con sus consiguientes y obligadas expresiones internacionales de solidaridad, deberían ayudar a concienciar al mundo de la gravedad de una forma de “guerra” que se ha intensificado en los últimos años y que se está cebando, sobre todo, con las poblaciones de las zonas de las que procede, precisamente, un altísimo porcentaje de las personas que buscan refugio en Europa y otras regiones del mundo.

En 2014, el número de víctimas mortales por atentados terroristas en el mundo se incrementó nada menos que un 80 por ciento respecto al año anterior. No sólo se trata del mayor incremento interanual de los últimos quince años, sino que refleja la macabra deriva de un siglo XXI en el que el número de personas fallecidas por terrorismo casi se ha decuplicado, pasando de 3.329 en 2000 a 32.658 en 2014.

La pasada semana fue presentado el Índice Global sobre Terrorismo, elaborado por el Institute for Economics and Peace (uno los think tanks más influyentes del mundo) a partir de la Base de Datos Global sobre Terrorismo (GTD) del National Consortium for the Study of Terrorismo and Responses to Terrorism (START) de la Universidad estadounidense de Maryland. La GTD está considerada la base de datos sobre terrorismo más amplia y fiable del mundo y ha analizado alrededor de 140.000 incidentes de naturaleza terrorista registrados sólo en 2014.

 

 

Con estos mimbres, el informe indica que en al menos 67 Estados del  mundo se registraron actos de terrorismo en 2014, ocho más que el año anterior. Aparte, el número de países en que se produjeron al menos 500 muertes por terrorismo aumentó de cinco a once, un 120 por ciento respecto al año anterior.

El informe revela también que en 2014 se produjo un cambio en cuanto a los objetivos. Mientras el número de figuras religiosas asesinadas disminuyó un once por ciento, el de ciudadanos particulares aumentó nada menos que un 172 por ciento.

La lista de países más afectados por el terrorismo en 2014 incluye a varios miembros de la OCDE, como Austria, Australia, Bélgica, Canadá y Francia, que sufrieron atentados de “alto perfil” el año pasado (en el caso francés, habría que añadir a los casi 150 fallecidos en los atentados de enero y noviembre de este año), pero también revela que un altísimo porcentaje de las personas fallecidas a causa del terrorismo en 2014 se registraron en Irak, Nigeria, Afganistán, Pakistán y Siria.

En estos cinco países se registró un 78 por ciento de la cifra total de muertos por terrorismo en 2014 y al menos 11.843 más víctimas mortales que en 2013, el 81 por ciento del incremento anual total. Los seis siguientes países de la lista con al menos 500 muertos son Somalia, Ucrania, Yemen, República Centroafricana, Sudán del Sur y Camerún.

Países ricos y pobres: distintos factores y grandes diferencias en cuanto al número de muertos

De hecho, los datos de la GTD indican que, si excluimos los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos (que rompen cualquier media), sólo el 0,5 por ciento de las muertes por terrorismo registradas en los últimos quince años se produjeron en países occidentales. En éstos, el informe destaca la prevalencia de los lobos solitarios, cuyas acciones representan el 70 por ciento de las muertes por terrorismo registradas en Occidente desde 2006. También advierte de que el fundamentalismo islámico no es el único, ni siquiera el principal, responsable de los atentados de lobos solitarios en Occidente. De hecho, el 80 por ciento de las muertes causadas por este tipo de terroristas han sido perpetradas por extremistas de derecha, grupos nacionalistas, supremacistas blancos, activistas políticos antigubernamentales y otras modalidades de extremismo.

Estas diferencias entre países pobres y países ricos también tienen su reflejo en el terrorismo. En los miembros más ricos de la OCDE, según el informe, el terrorismo responde a una serie de factores relacionados con la radicalización o con la existencia de lobos solitarios, como el paro juvenil, la confianza en los medios de comunicación o la democracia, las drogas o las actitudes sociales y políticas hacia los inmigrantes.

En cambio, en los países que no pertenecen a la OCDE operan otros factores, como la existencia o no de conflictos armados actuales o anteriores, la corrupción, el subdesarrollo empresarial. En todo caso, tanto en unos países como otros existen factores comunes, como las violaciones de derechos humanos, los recortes en la libertad religiosa, la inestabilidad política, los agravios colectivos o la falta de respeto a instituciones de la comunidad internacional, como Naciones Unidas o la UE.

 

Ángel Díaz, Efe

 

Un dato poco sorprendente del informe es la importancia del flujo de combatientes extranjeros a Irak y Siria, que ha sido continuo entre 2014 y 2015. Se estima que entre 25.000 y 30.000 personas se han desplazado a estos dos territorios desde 2011 procedentes de un centenar de países. Sólo en el primer semestre de 2015 la cifra pudo ser de 7.000 reclutas. El 21 por ciento proceden de Europa, mientras que el 50 por ciento lo hacen de los países vecinos de Oriente Próximo y Medio y del norte de África.

El informe confirma, además, la correlación entre la conflictividad  interna y el surgimiento de grupos terroristas. Los países en los que existe un alto grado de violencia política perpetrada por el Estado (como ocurre en Siria, por ejemplo) han registrado el 92 por ciento de los atentados terroristas de los últimos 25 años, mientras que el 88 por ciento se han producido en países afectados por un conflicto armado interno. A la inversa, sólo el 0,6 por ciento de los atentados se han perpetrado en países sin conflicto armado o sin violencia estatal.

El documento llama la atención sobre las otras formas de violencia. Por ejemplo, alrededor de 437.000 personas son asesinadas cada año por otras causas, una cifra trece veces superior al de las víctimas mortales por el terrorismo.

Refugiados y desplazados

Tanto los conflictos armados internos como el terrorismo son las principales causas del flujo de refugiados y desplazados, según el documento. Diez de los once países que registraron más de 500 muertos por terrorismo figuran, precisamente, entre los países del mundo que generaron más refugiados y desplazados internos en 2014. Sólo se queda fuera Camerún, que figura entre los treinta países con mayor número de refugiados y desplazados.

A principios de 2015, según los datos de la ONU, cerca de 60 millones de personas estaban huidas de sus hogares a causa de la violencia política en general y, por supuesto, del terrorismo en particular. Se trata de la mayor crisis de desplazados y refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

 

Un grupo de refugiados en la estación de tren de Tovarnik, en Croacia

 

Pues bien, sólo en los cinco países con mayor número de víctimas mortales citados más arriba se registraron alrededor de 16 millones de refugiados y desplazados internos, lo que representa el 26,6 por ciento del total. Aparte, el 70 por ciento de la población registrada por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) procede de los 20 países con mayor número de muertos a causa del terrorismo, de acuerdo con el informe.

Sólo el conflicto de Siria ha causado la huida al extranjero de alrededor de cuatro millones de personas y el desplazamiento interno de más de siete millones. Estos más de once millones de refugiados y desplazados suponen más de la mitad de la población total del país.

Asimismo, la gran mayoría de los solicitantes de asilo en la Unión Europea procedieron de cuatro de los cinco países más castigados por el terrorismo, Irak, Pakistán, Afganistán y Siria (todos ellos con posibilidad de acceder a Europa por rutas terrestres). Cada uno de estos países generó más solicitudes de asilo en los siete primeros meses de 2015 que en todo el año 2014. Turquía, Pakistán y Líbano acogieron en 2014 un tercio de los solicitantes de asilo de todo el mundo.

Nigeria

Nigeria es, junto a Irak y Siria, uno de los tres lugares en que se produjeron más muertes por terrorismo en 2014. El caso del país africano, mucho menos atendido por los medios de comunicación internacionales, es particularmente sangrante. En 2014, Nigeria experimentó el mayor crecimiento interanual en el número de muertes por terrorismo de cualquier otra parte del mundo, un 300 por ciento, con 7.512 víctimas mortales.

El principal responsable de estas matanzas es, obviamente, el grupo Boko Haram, autor de 6.644 muertes. Boko Haram, que lucha por la proclamación de un Estado islámico en Nigeria (un país dividido entre el norte musulmán y el sur cristiano y que aplica la sharia, la ley islámica, en nueve de sus 36 Estados), emprendió su campaña de violencia en 2009, tras la muerte de su líder, Mohamad Yusuf. Su actual jefe, Abubakar Shecau, proclamó en 2010 la yihad contra el Gobierno de Nigeria y contra Estados Unidos. En 2015, Boko Haram anunció su lealtad (bayat) al Daesh y a su “califa”, Abú Bakr al Baghdadí.

 

Restos de un periódico en que se menciona a Boko Haram en el exterior de una iglesia destrozada por una bomba

 

En 2014, Boko Haram perpetró 107 atentados (frente a los 35 del año anterior) y también actuó por primera vez fuera de su país, concretamente en Camerún y Chad, donde mató a 520 personas en 46 atentados, en el primer caso, y a seis personas en un atentado, en el de Chad. En lo que va de 2015, el grupo ha cometido atentados suicidas en Yamena, capital de Chad, donde ha causado la muerte de al menos 53 personas. El 77 por ciento de las víctimas de Boko Haram son civiles y su promedio mortal es de 17 fallecidos por atentado.

En Nigeria, al igual que en la vecina República Centroafricana, opera también el grupo armado Fulani, procedentes de una comunidad étnica seminómada y pastoril enfrentada a las comunidades agrícolas y que se extiende por siete países de la zona, con una población estimada en 20 millones de personas. En Nigeria, la tensión por los recursos ha empujado a muchos de sus miembros a tomar las armas y a asaltar aldeas de campesinos. Los milicianos Fulani mataron entre 2010 y 2013 a 80 personas, pero en 2014, aprovechando la actividad de Boko Haram y la consiguiente desestabilización de la seguridad, la cifra aumentó a nada menos que 1.229 víctimas mortales en 154 ataques.

Al Shabaab

También en África, Yibuti, Etiopía y, sobre todo, Kenia y Somalia, son víctimas del grupo terrorista Al Shabaab, vinculado a Al Qaeda y que aspira a constituir un Estado islámico en Somalia. Al Shabaab llegó a controlar varias ciudades somalíes, incluidas algunas partes de la capital, Mogadiscio, pero perdió buena parte de sus bases territoriales a causa de una campaña militar de la Unión Africana.

Pese a ello, 2014 fue el año más mortífero de Al Shabaab, con al menos 1.021 víctimas mortales (el doble que en 2013) en casi 500 ataques (un 150 por ciento más que el año anterior).

 

Un soldado somalí durante un combate con Al Shabaab | Said Yusuf Warsame, Efe

 

El 84 por ciento de las acciones y tres cuartas partes de las muertes se producen en Somalia y el resto, el 16 por ciento de los ataques y una cuarta parte de las víctimas, en Kenia. En febrero de 2015, Al Shabaab atentó contra centros comerciales originarios de Canadá, Estados Unidos y Reino Unido, pero, aunque ha reclutado a personas procedentes del extranjero, hasta la fecha nunca ha actuado fuera de África Oriental.

El 36 por ciento de sus víctimas son ciudadanos particulares, con un promedio de 2,5 fallecidos por atentado. El Ejército ha sufrido 55 ataques y al menos 237 muertos. Aparte, en 2014 hubo 70 secuestros y ataques con rehenes que acabaron con la vida de al menos 238 personas. La mayoría de los secuestrados eran civiles. En febrero de 2014, por ejemplo, Al Shabaab secuestró a varios ancianos en Jowhar a causa de su expresa oposición a este grupo terrorista.

Los talibanes

En 2014, los talibanes causaron más muertes por terrorismo que en todos los años transcurridos desde 2002, cuando se produjo la invasión de Afganistán liderada por Estados Unidos. En total se registraron 3.477 muertos en 891 ataques, un incremento en un 38 por ciento en el número de fallecidos respecto a 2013 y de un 48  por ciento en el número de ataques. La Policía es víctima del 45 por ciento de los atentados y del 53 por ciento de las muertes, mientras que los civiles sufrieron el 20 por ciento de los ataques y de las muertes, con un promedio de 4,3 fallecidos por atentado.

 

Manifestación en Kabul contra los talibanes, con un retrato de su fundador, el fallecido Mulá Omar | Efe

 

Todos los ataques de los talibanes en 2014, salvo uno, fueron cometidos en Afganistán, el 48 por ciento con bomba (con una media de tres muertos por atentado). Los atentados suicidas representaron el doce por ciento del total y causaron el 19 por ciento de las muertes (6,4 de promedio).

Daesh

El informe dedica un capítulo especial al tristemente célebre y actual Estado Islámico (o Daesh), un grupo terrorista que rompió sus vínculos con la red Al Qaeda en febrero de 2014 y que “ha eclipsado a todos los demás grupos terroristas” gracias a su capacidad para instituir ”un gobierno y un territorio autónomo” que le permiten actuar a modo de “un Estado que proporciona refugio a terroristas y administra de forma implacable y sin compasión un territorio”.

Mediante la utilización de una estrategia comercial propia del siglo XXI (incluida la creación de “una marca internacional”), la posesión de una riqueza “sin precedentes” obtenida a través de mecanismos financieros variados  y complejos (hasta convertirse en la organización terrorista más rica de la historia, con un patrimonio estimado en 2.000 millones de dólares) y su capacidad de atracción de combatientes extranjeros, Daesh se ha convertido en “una próspera empresa criminal” que ha extendido su influencia más allá de Irak y Siria.

De hecho, el grupo terrorista ya ha recibido el apoyo o la adhesión de 42 organizaciones internacionales, como Ansar al Sharia en Libia, el Batallón Okba Ibn Nafaa en Túnez y Ansar Beit al Maqdis en el Sinaí egipcio. También han empezado a aparecer facciones aliadas en Argelia y Gaza, e incluso en Afganistán, Pakistán, Uzbekistán (en este caso, a través del Movimiento Islámico de Uzbekistán) Indonesia (Abu Sayyaf).

 

 

El balance del Daesh es demoledor. En 2014, la organización asesinó a 5.002 personas más que en 2013, triplicando las cifras del año anterior. El 90 por ciento de los ataques fueron perpetrados en Irak, concretamente en las ciudades de Nínive, Al Anbar, Bagdad y Saladin, donde se registró el 73 por ciento de las víctimas mortales.

En Siria se produjeron 615 muertos y 89 atentados; en Egipto, diez fallecidos en tres ataques; en Líbano, nueve víctimas mortales en 17 atentados; y en Turquía, tres muertos en tres acciones terroristas. El 44 por ciento de las víctimas eran civiles. Más de la mitad de los atentados contra civiles fueron secuestros y masacres, como la que se registró el 3 de agosto de 2014 contra los civiles yazadíes de la ciudad de Sinjar, en la que murieron 500 personas y fueron secuestradas 300 mujeres. El 10 de junio de 2014, Daesh tomó al asalto una prisión en la ciudad de Badush, donde ejecutó a 670  presos chií y excarceló a todos los suníes.

En 2014, Daesh perpetró 705 atentados con bomba que causaron el 40 por ciento de sus víctimas mortales. Asimismo, cometió 115 ataques suicidas que produjeron 1.101 muertes (un promedio de 9,4). El 20 por ciento de los asesinatos fueron cometidos en el curso de asaltos armados, con un promedio de de 13,4 muertes por ataque.

 

Imagen | Carmen McCain en Flickr I.Pavicevic/ACNUR