El comic autobiográfico se ha convertido en una variante tan nutrida que, más que un subgénero, es todo un mundo particular del que brotan cientos de posibles mutaciones, casi una distinta para cada autor. Desde la crónica casi taquigráfica del pasado a fantasías que tienen poco que ver con la realidad, pasando por la descripción, voluntariamente monótona y aburrida, de vidas también monótonas y aburridas. Tirabosco adopta una variante, también, muy personal: a falta de una vida especialmente singular o trepidante que narrar, el autor -muy aficionado a dibujar desde que era pequeño- utiliza a su familia para responder a una pregunta que todo creador se ha hecho alguna vez. ¿De dónde viene el arte? O más bien: ¿de dónde viene este arte?

Tom (Tomasso, en realidad) es el hijo mayor de una familia compuesta por un padre italiano aficionado a la ópera y a la pintura clásica y una madre suiza, cariñosa y comprometida. Inmersos en una bronca continua debido a su brutal choque de caracteres, sus vidas cambian cuando nace el hermano de Tom, que deberá crecer con una deformidad en brazos y una pierna, minusvalía que forjará su carácter. A diferencia de otros autores, Tom no se dedica a indagar en su pasado para buscar el origen de sus pulsiones sexuales, un tema casi ausente en Wonderland, sino que indaga en la raíz de sus inquietudes artísticas… ¿la formación autodidacta de su padre? ¿el cariño incansable de su madre? ¿el contraste de su personalidad con sus hermanos?

 

 

Tom Tirabosco hace algunas reflexiones valiosísimas sobre el origen de la chispa artística. Tan valiosas, de hecho, que no desentonarían en un buen ensayo sobre el tema. Pero lo importante es que todo queda sumergido y tamizado por una serie de historias personales, sencillas, poco estridentes, filtradas por un trazo muy particular, registrado a carboncillo y que recoge influencias peculiares. Quizás la más palpable y peculiar de todas sea la del cine de animación de Disney. Pese a obras anteriores como Kongo o El fin del mundo, donde Tirabosco usaba su peculiar estilo de dibujo para mostrar mundos sumergidos en las sombras, Wonderland no es nada macabro, y los recuerdos de Tirabosco son siempre optimistas, pese a una infancia llena de momentos difíciles. Por eso, cuando mira al pasado y se pregunta dónde está el origen de lo que llena su vida, la respuesta es sencilla de intuir para él. Y lo que es más importante, es capaz de transmitir recuerdos, sensaciones e ideas abstractas a través de las viñetas de tal manera que esas respuestas tan complejas se revelan, también, simples y directas, para el lector.

Wonderland

Tom Tirabosco

Astiberri

2015