La probabilidad de ser periodista y no meter la pata en tu trabajo es inversamente proporcional al tiempo que lleves trabajando en los medios. A más tiempo más errores en tu currículum. Es inevitable. El periodismo exige saber de todo y contarlo el primero, con lo que no hay forma de no fallar alguna vez. Y lo peor es que estos fallos te los verá todo el mundo. Pocas veces he pasado más vergüenza que cuando vi una falta de ortografía mía comentada en Menéame. Pero el caso es que ayer le hice pasar ese mismo trago a un compañero de RTVE.

Los hechos son simples. Dentro de su cobertura sobre los asesinatos de París, el programa La Mañana de RTVE trató de explicar a sus espectadores de dónde surge el autoproclamado Estado Islámico (abreviado en los medios como ISIS o Daesh, indistintamente). Sin embargo en el minuto 98:58 de emisión, al hablar de la vinculación entre Al Qaeda y el nacimiento de ISIS introducen un logotipo erróneo que incluye entre sus elementos una figura familiar, el símbolo de la Alianza Rebelde de Star Wars.

Es mi hermana quien me advierte del hecho a la hora de comer. Sin embargo no puede demostrarme la veracidad de la noticia. El programa del lunes aún no está subido a la web de RTVE, y nadie comenta la noticia en twitter, con lo que lo que dice mi hermana incumple la regla número uno de internet: Pics or didn’t happen. A las nueve de la noche ella consigue hacer la ansiada captura de pantalla y yo lanzo este tuit:

Y aquí es donde de verdad twitter iba a enseñarme cómo funcionamos los humanos en general (y los españoles en particular) a la hora de comentar los errores ajenos.

Lección 1: Si no está en las redes sociales no existe

Cuando publiqué el tuit eran las 21:44 horas por lo que asumí que ya sería agua pasada y la foto sólo iba a dar para comentar con algunos tuiteros conocidos y, de paso, “salvar el honor” de mi hermana al confirmar que lo que venía diciendo todo el día era cierto. Sin embargo el alto número de retuits (150 en menos de un cuarto de hora) me sacaron pronto de mi error.  A las 22:35 veo por el rabillo del ojo que “Alianza Rebelde” forma parte de los temas que empiezan a ser tendencia en la app de móvil, que siempre incluye más temas que los Trending Topic de la versión escritorio. A las 22:58 uno de los redactores de Bluper deja lo que está cenando para publicar el gazapo, a las 23:02 la noticia está en Meneamé, aunque en esta ocasión es a través de un tuit de Gómez Jurado que usa el pantallazo de mi hermana pero no la cita (no pasa nada, ya lo hablaremos en la cena de navidad de SABEMOS).  De repente empiezan a aparecer Memes.

Me doy cuenta, no sin remordimiento, que si hubiera dejado el pantallazo en mi whatsapp muy probablemente el error no hubiera tenido trascendencia. Se la acabo de liar a un compañero. Y además se la he liado a bien, puesto que a la 1 de la mañana mi hermana me avisa que la noticia ha llegado a Perú. 

Lección 2: Es mejor dar la cara

Las redes sociales son una herramienta curiosa en la que todo el mundo dice delante de millones de personas cosas que de normal sólo diría en una conversación de bar con sus amigos. Es lo que tiene que aún estamos atravesando la edad del pavo de las redes, que es fácil olvidarse de que detrás de cada error del que nos burlamos está una persona.

En este caso esa persona es Jota Abril, quien aprovechó su twitter para asumir el error humano y pedir disculpas.

Su valentía tiene premio. Las menciones positivas superan por mucho a las negativas en su twitter, y varias personas se molestan en contestar a mi tuit para informar sobre que ya ha explicado que ha sido un error humano. Eso no pasa todos los jueves.

Lección 3: Ten cuidado con lo que escribes porque no lo vas a poder rectificar

De hecho el error de Jota Abril no es el único fallo que hay en mi tuit. El logo que yo identifico como de la Alianza Rebelde, incluye ciertamente elementos de Star Wars pero no está sacado de la actual propiedad intelectual de Disney. Tal y como me pone sobre la pista un usuario de twitter con alias @prbacterio el logo sí que pertenece a Al Qaeda, pero a Alqaeda Incorporated un sello discográfico especializado en reggaetón al que aparentemente nunca encontraron los abogados de George Lucas, pero eso es posiblemente debido a que sus cantantes han estado ocupados y no han podido actualizar su canal de youtube en el último año.

Intentar advertir que el logo sí que puede encontrarse en internet como Al Qaeda me enseñó que enmendar un error es materialmente imposible una vez iniciado el proceso de crear un trending topic. Los 47 RTs que se hicieron sumando mis explicaciones y las de @prbacterio palidecen ante los 3.365 retuits directos que cosechó en menos de cuatro horas el tuit original. Cifra que además es meramente orientativa porque no incluye ni a los usuarios que simplemente me citaron—compartiendo el mensaje en un tuit distinto al mío—ni a la gente que desarrolló el tema sin incluirme para que les leyera. Además de todas las personas a las que advertí personalmente sobre la matización del mensaje original sólo el programa de la Cadena SER La Vida Moderna compartió con sus seguidores la nueva información.

Anoche confirmé que a muchos usuarios de twitter les pasa como a los periodistas que critican. Nunca dejarán que la realidad les estropee un buen titular.

Lección 4: Tu tuit no es tuyo, es de quien lo lee

Una de las cosas más importantes que aprendí anoche es que da igual lo claro que seas transmitiendo una idea en tu tuit. Una vez que lanzas tu mensaje en una botella al océano de opiniones que actualmente es twitter, las mareas lo llevarán hacia sentidos insospechados. Un repaso al aluvión de menciones que recibí anoche me enseñó que mi tuit servía para todas estas cosas:

 

– Denigrar mi profesión

 

– Denigrar a gente que ni aparece ni tiene nada que ver con el hecho noticiable

 

– Hablar de Pablo Iglesias

 

– Lucir conspiranoias

 

– Lamentar la imagen de España

 

– Y para avisar deprisa y corriendo a los periodistas extranjeros, no sea que pierdan la oportunidad de volver a sacarnos en un titular

Por servir mi tuit sirvió hasta para alimentar un bot de Star Wars usará al menos tres veces mi nombre para poder hacerse publicidad.

Anoche me fui a la cama con ocho nuevos followers, suficientes menciones para agotar la batería de mi móvil, y con la sensación de que mejor desempolvaba mis abandonados manuales de mindfulness, para empezar a prepararme para el día en que, inevitablemente, quien meta la pata sea yo, y acabe de protagonizando el trending topic involuntario del día.