Los atentados del viernes en París han marcado todas las conversaciones del fin de semana. Horror y parálisis, muestras de solidaridad, repulsa a la barbarie terrorista, preguntas, especulaciones, fotos de la bandera francesa, #JeSuisParis… ¿Pero es solidaridad o es miedo?

El complejo conflicto con zona cero en Siria e Irak en el que intervienen multitud de actores internacionales con diferentes intereses geopolíticos, económicos y religiosos desde hace años trasciende ahora a la opinión pública y crea debate en las redes sociales tras los atentados de París, reivindicados por el grupo terrorista DAESH, el más temido de todos esos actores. Una de las publicaciones más compartidas en las redes hace referencia a cómo debemos nombrarles: 

 

 

No hay que llamar Estado Islámico al grupo terrorista, hay que llamarlo DAESH. He aquí por qué:ISIS (Islamic State in…

Posted by Martín Diaz Meave on Domingo, 15 de noviembre de 2015

 

#PrayForParis fue Trending Topic global durante el fin de semana y hoy aparece #PrayForSiria reclamando una solidaridad universal y desinteresada en contraposición a la solidaridad solo con los que están cerca porque eso significa que el terror me pilla cerca a mí, y entonces ya no es solidaridad. En este sentido se han manifestado miles de tuiteros, apoyando a todos los pueblos inocentes que están siendo masacrados y lamentando que lamentemos más unas muertes que otras.

Especial mención tiene Siria, cuya población lleva cinco años sufriendo una guerra cada vez más compleja y más internacional que ya ha matado a 300.000 civiles y ha provocado el desplazamiento de más de la mitad de su población. La mayoría no ha salido del país y vive en situación de emergencia humanitaria y en riesgo permanente, con DAESH ocupando y masacrando parte de su territorio y medio mundo bombardeando a DAESH. Tampoco tienen fácil salir de allí. 

 

 

 

 

 

Dos días después de la masacre parisina reivindicada por DAESH, Francia ha bombardeado Raqqa, una de las ciudades sirias tomadas por el grupo terrorista. En coordinación con fuerzas estadounidenses, en cuya información estratégica se habrían apoyado, los franceses han soltado veinte bombas destruyendo dos objetivos fundamentales, según informa su ministro de defensa: un centro de mando y reclutamiento que también servía como depósito de armas y municiones y un “campo de entrenamiento terrorista”. Aunque hay civiles en la zona, no se ha reportado ninguna muerte.

 

 

 

Francia participa desde septiembre en la coalición internacional contra el grupo terrorista liderado por Estados Unidos. También forman parte Reino Unido, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca, Australia y Canadá. Básicamente se dedican a bombardear desde el aire las posiciones que consideran estratégicas para DAESH. La organización independiente Airwars lleva el recuento: Esta coalición ha realizado 8.193 ataques aéreos a Siria e Irak en los últimos 465 días lanzando 28.578 bombas o misiles y asesinando a entre 639 y 1.974 civiles. Es decir, que la estrategia occidental actual de combatir al grupo terrorista DAESH provoca, en menor medida, lo mismo que pretende evitar: la muerte de civiles inocentes.

 

 

 

Aunque este no haya sido, ni mucho menos, el primer ataque aéreo (¡llevan ocho mil!) y no haya dejado, al parecer, ninguna víctima civil, ha trascendido mucho a la opinión pública occidental porque se percibe como una venganza por los atentados de París y como una horrible paradoja en la que el terror se combate con más terror. Además, ha creado un debate: Hay quien justifica estos ataques porque cree que no hay otra forma de acabar con DAESH y que “garantizar nuestra seguridad” así lo requiere, aunque haya víctimas civiles lejos de aquí. En la línea de los gobiernos que, de hecho, están bombardeando Siria e Irak causando víctimas inocentes. 

Y hay un movimiento de #NoALaGuerra, que es Trending Topic en muchos países que no quieren que sus gobiernos siembren en Oriente Medio el terror que repudian dentro de sus fronteras. Se preguntan, por ejemplo, si no hay otras formas más selectivas de acabar con DAESH, si no deberíamos dejar de vender armas, fijarnos en quién financia a estos grupos terroristas o, la más inquietante de todas: ¿No bajamos a su nivel si hacemos lo mismo que ellos? (matar inocentes para conseguir un bien superior, en este caso, “nuestra seguridad”, aunque eso es mucho suponer).