La sala Bataclan, las afueras de un estadio. Tiroteos, granadas, caos, kalashnikovs y cadáveres por doquier. París se convirtió el viernes por la noche en un inimaginado campo de batalla que se saldó con más de 120 víctimas mortales y la atroz sensación de que el terror ha acercado la muerte a los países desarrollados de una forma más cercana, más callejera, letal de otra manera más aterradora, si cabe.

La confusión de una noche para no olvidar, un 13-N que pasa a engrosar la lista de fechas infames. Francia cerró sus fronteras y movilizó al Ejército mientras los rehenes de la sala Bataclan se agolpaban para morir y una explosión sacudía el estadio cerca del que Alemania y Francia jugaban un amistoso intrascendente, forzando la evacuación presurosa del presidente galo, François Hollande. Los medios no tardaron en divulgar imágenes sobre cómo se escuchó la explosión durante el encuentro.

“Mientras hablo, ataques terroristas de una escala sin precedentes se están produciendo en la región de París. Hay varias docenas de muertos, y muchos más heridos. Es horrible”, declaraba Hollande en un discurso televisado, en el que comunicó sus órdenes para fuerzas necesarias para frenar cualquier amenaza.

Mientras la ciudadanía se solidarizaba con el hashtag #pourteouverte, utilizado para ofrecer refugio a todo aquel con miedo de volver a casa o tomar el transporte público, en Twitter se recuperó por parte de extremistas islámicos un hashtag árabe que podemos traducir como #ArdeParís. Afortunadamente, las voces de la razón utilizaron la versión inglesa, #ParisBurns, para expresar apoyo a las víctimas y a la ciudad.

La novela de Larry Collins y Dominique Lapierre Arde París describía con gran precisión y de forma muy documentada, las horas previas a la liberación de París tras la Segunda Guerra Mundial, así como la decisión del gobernador alemán de París, el general Von Choltitz, de destruir la ciudad tal y como había ordenado Hitler.

En la sala Bataclan, con capacidad para 1.500 personas, se encontraba tocando la banda estadounidense Eagles of Death Metal. Se habla de un centenar de muertos en las instalaciones.

El pasado mes de enero, el terror ya se cebó con París con los ataques contra las instalaciones de la publicación satírica Charlie Hebdo y un supermercado kosher.

El presidente de EEUU, Barack Obama, lamentó que los crímenes de París son un ataque no sólo contra Francia, sino “contra la humanidad y los valores que compartimos”. Envió sus condolencias a las familias de los fallecidos y heridos, y expresó su confianza en coordinarse con Hollande en los próximos días. “Es una situación que te rompe el corazón”, lamentó.

El reportero Julien Pearce, que estaba en la sala de conciertos, explicó a CNN cómo dispararon los pistoleros contra la multitud, tomándose su tiempo para recargar y ejecutar. “He visto a dos terroristas, desde mi posición, con Kalashnikovs AK-47, entrando en la sala de conciertos y disparando de forma aleatoria contra la multitud”, afirmó a la cadena de noticias.

“La gente gritaba, chillaba, y todos se tiraron al suelo. Duró diez minutos, diez minutos, diez terribles minutos en los que todo el mundo estaba en el suelo cubriéndose la cabeza con las manos. Y escuchábamos tantos disparos… Los terroristas estaban muy calmados, muy decididos, y recargaron tres o cuatro veces sus armas. No gritaron nada, no dijeron nada. Estaban enmascarados. Vestían ropas negras y disparaban a la gente del suelo, ejecutándoles”.

El economista de la Universidad de Columbia Xavier Sala i Marti no tuvo mejor ocurrencia que preguntarse quién relacionaría primero el atentado de París con la situación en Cataluña. Convirtiéndose en la primer personalidad, paradójicamente, en hacerlo.

Hasta que no se conozcan datos definitivos sobre el número de bajas no se podrá decir si los atentados son comparables a los de Madrid del 11-M de 2004, que causaron 193 víctimas mortales, pero ya parece claro que está entre los peores ataques sufridos por una ciudad occidental tras el 11-S.

El Ayuntamiento de París anunció que todas las instalaciones municipales cerrarían el sábado, incluyendo colegios, museos, bibliotecas, gimnasios piscinas y mercados.

Si bien se confirmó un incendio en el barrio de chabolas en el que viven inmigrantes en Calais, donde resultaron afectados 2.500 metros cuadrados, no hubo ningún herido y se debió a un problema eléctrico sin relación con los ataques de París. Siempre según la prefectura de Nord-Pas-de-Calais.

Con su ya habitual falta de delicadeza, el candidato republicano a las primarias y multimillonario de la tele Donald Trump, señalaba que los atentados se han producido en uno de los países con una política más estricta de control de armas.

Poco tiempo después del ataque, Facebook habilitó un ‘security check’ en su aplicación para que los amigos fuesen compartiendo quiénes de ellos se encontraban a salvo.