“Santos Banderas no tiene la ambición de mando que le critican sus adversarios; Santos Banderas les garanta (garantiza) que el día más feliz de su vida será cuando pueda retirarse y sumirse en la oscuridad a labrar su predio”.

El Tirano Banderas de Valle-Inclán quería retirarse, pero no podía. Hace unos años, durante un viaje oficial, un alto responsable del Ministerio de Exteriores español se entrevistó personalmente con otro longevo dictador, en este caso real, que le confesó que, si por él fuera, se retiraría de la política. Pero no le era posible. Cada vez que se desplazaba por el país, sus habitantes le salían al paso para rogarle que no se fuera. Así, y muy a su pesar, se veía obligado a seguir.

El dictador protagonista de esta conversación, tan abrumado por no poder volver a su predio, se llamaba y se llama Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, presidente de Guinea Ecuatorial. En el poder desde agosto de 1979, cuando derrocó mediante un golpe de Estado a su sanguinario familiar Francisco Macías, Obiang Nguema está a punto de superar los 36 años y medio de dictadura “en paz” de Francisco Franco. Y si la salud le acompaña gracias a los cuidados médicos que recibe en hospitales extranjeros (a pesar del tan cacareado discurso oficial sobre la “calidad” de los hospitales de su país), tiene todas las papeletas para dejar muy atrás a su viejo predecesor metropolitano.

 

 

Hasta el infinito y más allá

El Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), el verdadero partido orgánico del régimen, ha celebrado esta semana en Bata su III Congreso Nacional Extraordinario, en el que se han dedicado grandes palabras al “Presidente Fundador”, Teodoro Obiang Nguema.

En uno de los momentos más emotivos, el secretario general del partido, el exministro de Información Jerónimo Osa Osa, se deshizo en elogios al dictador, “artífice de la democracia” e “insigne defensor del panafricanismo con voluntad política para poner la democracia al servicio de la paz”, y concluyó su informe proponiendo a los reunidos “la conveniencia de que el Hermano Militante Obiang Nguema Mbasogo sea ratificado candidato por el PDGE para las elecciones presidenciales del 2016”.

 

 

Jerónimo Osa Osa

 

“El deber de secundar a Obiang Nguema Mbasogo hoy en día no es únicamente para que siga al frente de los destinos de nuestros país, sino para que Guinea Ecuatorial no caiga otra vez en manos de la inconsciencia de quienes solo pretenden satisfacer sus propias ambiciones, y no la realidad de un pueblo que avanza hacia la consecución de sus objetivos en desarrollo”, declaró durante el congreso el exministro de Información y senador Agustín Nze Nfumu.

 

 

Agustín Nze Mfumu

 

Otro ilustre dirigente del PDGE, Gaudencio Mohaba Mesu, incluso hizo una involuntaria emulación de la mítica “Lucecita del Pardo” inventada en su momento por la propaganda franquista para ilustranos los desvelos del Generalísimo. “Nuestro líder no se ha tomado un mes de vacaciones, ni en Oriente ni en Occidente. Todo ello por el amor que le tiene a su pueblo”.

El momento místico del congreso lo puso Anacleto Olo Mibuy, quien comparó la filosofía ética africana con el principal ideario del partido: “Hacer el bien y evitar el mal”. “Si el pueblo es sincero, otorgará a Obiang Nguema Mbasogo el premio de su gratitud por lo que ha hecho con este país”, proclamó. El primer viceprimer ministro y ministro del Interior, Clemente Engonga, tampoco se quedó corto a la hora de llenar de pitidos el oído izquierdo del dictador, a quien dedicó una curiosa tautología. “Su visión genuina convierte a nuestro Presidente Fundador en una persona genuina”.

El jueves, último día del congreso, el secretario general adjunto del partido, Fortunato Ofa Mbo, leyó a los asistentes la muy inesperada, polémica y debatida decisión del PDGE de confirmar a Obiang Nguema como candidato. “Convencidos de que el Hermano Militante Obiang Nguema Mbasogo encarna la voluntad del pueblo, y representa una continuidad responsable por el bien de las presentes y futuras generaciones, el III Congreso Nacional Extraordinario decide reafirmar la designación del Hermano Militante Obiang Nguema Mbasogo como candidato para las próximas elecciones presidenciales del año 2016”.

Finalmente, abrumado por tan desinteresados, espotáneos e imprevistos elogios, Obiang anunció finalmente, durante la clausura del congreso, su deseo de seguir sacrificándose por el país. “Me embarga la emoción y acepto el resultado con disciplina, la disciplina al partido. Siempre les he expresado mi disponibilidad, y a veces les digo que vale más un mal amigo conocido, que uno bueno por conocer. Ya me conocéis sobradamente, no creo que a estas alturas vaya a cambiar de carácter”, declaró. “Creo que la decisión es histórica a favor vuestro, porque es la continuidad de la paz en el país. Vamos a seguir garantizando la paz y el progreso de Guinea Ecuatorial”.

 

La simpática pareja presidencial durante el congreso del PDGE

 

Recientemente, el célebre Miguel Oyono Ndong Mifumu, exministro y responsable habitual de incriminar a los periodistas extranjeros que “conspiran” contra el régimen (sin llegar a la “sutileza” goebbelsiana de Jerónimo Osa Osa y Agustín Nze, todo hay que decirlo), se unió al coro de solicitantes declarando que “nada” impedía a Obiang Nguema presentarse, no sólo a las elecciones de 2016, sino incluso a las 2023.

 

 

 

Para que ello sea así, sólo hacen falta dos cosas. La una, muy a su alcance, consiste en interpretar con toda libertad la propia Constitución de Guinea Ecuatorial (aprobada hace justamente cuatro años a la búlgara, con el habitual 98 por ciento de los votos), que establece claramente (artículo 36,2) que “el mandato del Presidente de la República está limitado en dos periodos consecutivos, no pudiendo presentarse por un tercer mandato hasta que se produzca la alternancia”. Por tanto, todo consiste en declarar “preconstitucional” su actual mandato, y que la naturaleza siga su curso. Nadie se lo va a discutir.

 

Aspecto del III Congreso del PDGE

 

El otro escollo es menos claro. Obiang, el mandatario más longevo de África (la muerte de Muamar Gadafi le dejó la pista libre en 2011), nació en junio de 1942 y, aparte de que para 2023 tendría 81 años (y 88 cuando terminase su “segundo” mandato), desde hace años se sabe que padece un cáncer de próstata que se hace cuidar regularmente en Marruecos

A presidente vitalicio muerto, presidente vitalicio puesto

El 3 de agosto de 1979, Teodoro Obiang Nguema, por entonces comandante en jefe del Ejército y director de la prisión de Black Beach en Malabo, derrocó militarmente al siniestro Francisco Macías Nguema (perteneciente al mismo clan de Obiang, los esangui de Mongomo, en Río Muni), quien tras la independencia se había autoproclamado “presidente vitalicio” y bajo cuyo régimen se registraron 50.000 homicidios políticos, 10.000 desaparecidos y más de 150.000 exiliados. Macías fue fusilado el 30 de septiembre.

 

Obiang en sus primeros tiempos como presidente

 

En 1987, Obiang fundó su partido único, el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), y en 1991 se aprobó un nueva Constitución que consagraba (muy teóricamente) las libertades de expresión, circulación, asociación, reunión y manifestación y el derecho al hábeas corpus y a no ser privado de libertad sin orden judicial, al tiempo que sometía la legislación guineana a las obligaciones internacionales. En 1993, se autorizó la creación de partidos políticos.

Con partidos o sin ellos, los avatares electorales de Obiang no suelen dejar muchas dudas (o, más bien, las dejan todas). En los comicios de 1996, los primeros “pluripartidistas” desde su llegada al poder, el dictador obtuvo la victoria con un estrecho 98 por ciento de los votos. En 2002, el porcentaje cayó a un preocupante 97 por ciento y en 2009 sufrió un nuevo revés con sólo un 95 por ciento de los sufragios

Para evitar problemas, en todo caso, el régimen tiene sus propios recursos. A lo largo de todos estos años, el régimen de Obiang ha sido reiteradamente denunciado por las más prestigiosas organizaciones de derechos humanos, numerosos organismos internacionales e incluso gobiernos tan poco hostiles con Malabo como el estadounidense (lo del gobierno español es harina de otro costal).

 

 

En todos los informes, la tónica es más o menos la misma, con apenas variaciones de grado o de detalle: detenciones arbitrarias, ataques a las libertades de prensa, expresión y manifestación, uso de la pena de muerte, persecuciones contra activistas y defensores de derechos humanos, torturas y malos tratos, juicios sin garantías, grandes carencias e injusticias sociales y un reparto muy desigual de la riqueza en un país que, con una producción diaria de no menos de 300.000 barriles diarios, nada (o se ahoga) literalmente en petróleo desde principios de los años noventa.

En julio de 2009, Obiang hizo uso de un sutil juego de palabras para definirse y, de paso, defenderse ante los periodistas españoles que acompañaban al entonces ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, durante una visita oficial a Malabo: “Soy un dictador, presumo de que soy un dictador, porque dictador es el que dicta las normas”.

Ahí queda eso. Como no le dejan volver a su predio, ha optado por convertir en predio a todo un país.

 

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