No sirve sólo con tener las dos manos en la parte de abajo del terminal y sujetarlo en vertical con un total de cuatro dedos. Te expones a que te pasen cosas como ésta…

Un compañero de SABEMOS se sienta en un banco en la madrileña calle de Alberto Alcocer, que desemboca en la Castellana. Muy cerca del nuevo centro comercial Castellana 200. Llega pronto a una entrevista y dedica un rato a consultar qué han publicado nuestros amigos de El Español

Luego todo pasó de repente. Y no fue, como en la canción de Sabina, el dedo en la espalda de la dueña del bar del otro verano. Sintió, en cambio, que su móvil se desvanecía como por arte de birlibirloque. Inicialmente pensó que quizá algún amigo le estaba gastando una broma. Pero no. Un motorista, con la matrícula cubierta de cartulina negra, ya se daba el piro con su terminal bien agarrado. Un Galaxy S6, nada más y nada menos. 

¿Qué pasos dar a continuación? Pedir a Vodafone que bloquease la línea, denunciar en comisaría y después entregar a la compañía el justificante de la misma para que pueda deshabilitar el terminal vía IMEI. Un trámite traumático que le ha llevado toda la tarde. Briconsejo: no vayas sin el número de marras a la comisaría…

Pregunto al gabinete de prensa de la Policía Nacional si es un tipo de robos habitual. Me dice que sí, que sucede, pero que ellos no tienen estadísticas emanadas de las comisarías al respecto. Creo que sería interesante tenerlas para advertir a la población si un tipo determinado de delito se hace más habitual.

Ya en la redacción, entre los compañeros hemos debatido sobre otros problemas de seguridad con el teléfono. Han salido a la luz casos como el de una chica a la que le robaron el teléfono mientras lo sujetaba en lo que tarda en cerrarse la puerta del metro, o el del hermano de un redactor, que metió la pierna en una alcantarilla mientras miraba atentamente la pantalla y se hizo un esguince en el tobillo. 

De todo esto, tres lecciones muy básicas, como el Chiki-chiki de Rodolfo Chikilicuatre.

Uno, el vigilar. Nadie dice que no juegues al Hearthstone mientras caminas por la calle, pero… Sí, en realidad es mejor que esperes a llegar a casa. Pero si te empeñas en hacerlo, exponiéndote a accidentes tontos con bordillos y bolardos, al menos asegúrate de que ejecutas bien el paso número…

Dos, el sujetar. Dos manos debajo del teléfono en vertical, sujetándolo sólo con cuatro deditos es, sin duda, la mejor manera de que el hijo delincuente del Señor Cangrejo de Bob Esponja te haga la pinza y te deje sin teléfono inteligente. ¿Opciones? Para casi todo, Whatsapp incluido, formato apaisado. Y si necesitas cogerlo en vertical y el teléfono tiene más de 4,5 pulgadas, no pierdes nada si utilizas ambas manos y lo sujetas principalmente por detrás, no por debajo. 

Tres, el selfie. No me consta que haya pasado nunca, pero si yo fuese ladrón de móviles, me quedaría cerca de un grupo y, en cuanto se pusieran juntos para hacerse un selfie, trincaría el bicho y saldría corriendo. Más fácil aún con el palo de marras, que sirve a nuestro villano para hacer palanca y le da un metro de ventaja en la subsiguiente carrera.

En todo caso, en otro momento hablaremos de por qué alguien querría robar un teléfono móvil que su dueño va a bloquear por IMEI en pocas horas, convirtiéndole en el equivalente de un pisapapeles carísimo. Orange da algunos consejos muy útiles sobre qué hacer en estos casos, por cierto…

¿Conoces algún caso similar? Cuéntanos si sabes de situaciones parecidas o compártelas en @sabemos