Vamos a suponer que no acabo de encontrarme con un bug que me ha dejado fuera de juego cuando tenía completado el 70% de la partida. Vamos a suponer que no he perdido las horas de juego que he perdido en un bug del que no he podido salvar nada. Vamos a suponer que no acabo de borrar los datos para empezar desde cero, porque era la única forma de evitar que la figura de Jacob se cargarse una y otra vez sobre el Londres victoriano en un bucle sin fin que hacía temblar el mando y calentaba la PS4.

Y digo esto porque buceando por internet he sido incapaz de tropezarme con nadie que haya tenido el gusto de disfrutar de este colosal bug que me ha tocado en suerte. Así que debo de ser la única afortunada. De modo que voy a intentar volver a mi entusiasmo inicial para afirmar que, a pesar de todo, empezaré de nuevo y volveré a jugarlo hasta terminarlo. Por fortuna, creo que el juego lo merece.

Dicho esto, Assassins Creed Syndicate me ha pillado por sorpresa. El Unity en cierto modo me supuso una decepción. Soy lo más parecido a una fan que tiene la Revolución Francesa y me hacía una ilusión increíble manejar a un asesino por el París revolucionario. La recreación de la ciudad era espectacular (cada vez que pienso en la Saint Chapelle me entran escalofríos de placer), pero Arnaud (o Arno, como quieran llamarlo) era un sosito y me caía fatal.

Así que cuando salió el Syndicate, ambientado en un Londres industrializado, feo como él sólo y protagonizado por dos hermanos gemelos, pensé que tal vez sería mi último Assassins. Por si acaso, me compré la edición coleccionista, claro. Y no me arrepiento nada de nada. De hecho, creo que éste podría ser el camino a seguir. Claro que en esto Ubisoft no me sorprende. Alternan un éxito con un fracaso desde el AC Revelations (el III, un fiasco; el Black Flag, un soplo de aire fresco, entretenido y diferente; el Unity, una decepción).

Lo primero con lo que te encuentras en Syndicate son dos asesinos bastante diferentes a lo que es habitual en la saga, los gemelos Frye. Tengo que aclarar que no soy muy aficionada a los asesinos caídos en la marmita del bótox durante la infancia. De Edward Kenway y Jacob Frye se agradece que parezcan humanos. Y las risas que me he echado con éste último son para contarlas. Por dios, un asesino que piensa en tomarse un te en medio de una misión… Este chico es muy grande. ¡Y le sienta genial el sombrero!

Además, el hecho de que el tipo de juego varíe entre ambos hermanos (Evie para el sigilo, Jacob para el combate abierto) también añade un factor interesante a la hora de jugar. He de decir que mi tipo de juego encaja más con el personaje de Evie, pero he acabado jugando casi todo el tiempo con Jacob (excepto en las misiones exclusivas de Evie) porque me encanta oír sus ocurrencias. Es que es tan garrulo que me fascina. No puedo evitarlo.

A medida que se progresa en el juego, se tiene la oportunidad de manejar a otro asesino en un Londres posterior (cuya época no revelaré), con lo que en realidad tenemos tres asesinos diferentes a nuestra disposición.

La mecánica de juego no ha variado mucho entre los títulos de la saga y diría que Syndicate tiene incluso muchos puntos en común con el juego de Altaïr. Londres está dividido por zonas y en cada zona hay que repetir una serie de misiones para desbloquearla. Además, a esta “reconquista” hay que añadir juegos secundarios (luchas, carreras, etc.), misiones “de personaje” y coleccionables varios. La historia principal, que te obliga a jugar con uno y otro hermano, se va haciendo lo bastante interesante como para que quieras saber qué pasa a continuación, pero las misiones no son ni tan complejas ni tan largas como se podría esperar. En realidad, algunas son extremadamente cortas y sencillas. Sin embargo, todo junto, no parece que haya una trama principal y un relleno, sino un corpus de actividades que van conformando una historia. Y eso tiene su punto.

Londres, por otra parte, no es tan brillante como París. Parece una ciudad más oscura, menos impresionante, y sin embargo está viva. Si empujas a alguien al saltar sobre una barca, es posible que se caiga al agua. Los niños juegan por las calles. Hay perros, gatos, carruajes que van y vienen. El tiempo pasa y, a veces, entre dos lluvias torrenciales que oscurecen las calles, sale el sol. El mapa de Londres es bastante más grande que el de París en Unity, aunque no cubre toda la ciudad (me hubiese gustado pasear por Hyde Park, pero no ha podido ser).

Ah, y tiene su punto recorrerse la ciudad a lo spiderman utilizando el famoso gancho. Aunque no siempre resulta práctico, faltaría más. Para eso tenemos los carruajes, a los que he aprendido a querer (que no amar) con el tiempo. Todo tipo de misiones requieren de ellos, así que es mejor acostumbrarse pronto a conducirlos. Carreras por la ciudad, persecuciones, escapatorias. Al principio los odias, pero al final descubres que son la mejor forma de llegar de un punto a otro de la ciudad.

Los combates, a su vez, han evolucionado a mejor. Los movimientos tienen más sentido y resultan más espectaculares, aunque la dificultad, como siempre, es baja.

¿Y las peleas de bandas?

Los Rooks van evolucionando a medida que compras mejoras para ellos, así que en este caso, en lugar de mejorar nuestra mansión, lo que conseguimos es mejorar nuestro ejército. Un pequeño ejército que nos acompaña por las calles y nos ayuda a derrotar a los Blighters, si es lo que queremos.

La banda sonora, muy de acuerdo con su época, aunque sin ser tan impresionante como la del Black Flag, se merece también unas palabras. Cajas de música, piano y violonchelos, canciones de borracho y algo de opera. En general, está tan bien integrada en el juego que no eres demasiado consciente de ella hasta que te das cuenta de que llevas la melodía metida en la cabeza.

¿Bugs? No he tenido muchos problemas visuales, pero sí un par de misiones secundarias que no se iniciaron cuando tocaba y… Bueno, el gran bug, el bug mortal que me ha dejado fuera de juego. Da la sensación de que está más depurado que el Unity, pero no nos engañemos. Ningún Assassins se lanza al mercado completamente libre de mierda. Aunque ningún producto de software lo hace, todo hay que decirlo.

En resumen, puede que para muchos este Assassins no esté a la altura de la épica historia de Ezio (atrapado en medio del súper arco argumental de Desmond), que tuvo tres juegos para pasar de jovencito hostiable a juicioso madurito, pero no se le puede negar el enorme esfuerzo que se ha realizado para crear un producto divertido, adictivo y carismático.

Los nuevos asesinos son jóvenes, son diferentes y son un soplo de aire fresco al estilo Kenway que, por cierto, también era inglés. Así que si te apetece tomarte una pinta por Londres bien acompañado, no dudes en ir a buscar a Jacob Frye (sorry, Evie).