Hoy se cumplen seis años del suicidio de Robert Enke, guardameta de la selección alemana cuyo sufrimiento, relatado por Ronald Reng en Una vida demasiado corta , ha ayudado a concienciar sobre la depresión.

Sucedió un martes, 10 de noviembre. Por eso cada otoño, cuando llega esta fecha, los amigos de Robert Enke se reúnen para recordarle. Este año hará seis desde que el portero del Hannover 96 y la selección alemana salió de casa con la excusa de acudir a una sesión doble de entrenamiento que nadie había programado. Cuando su mujer se enteró, ya era demasiado tarde. El móvil estaba apagado y lo siguiente que supo fue que Robert había decidido acabar con su vida arrojándose a la vía del tren al paso del regional exprés con destino a Bremen.

Uno de esos amigos, Ronald Reng, tiene una especial debilidad por los porteros. Él mismo se enfunda unos guantes en cuanto tiene ocasión, aunque asegura que no es precisamente el continuador de la gran saga de guardametas alemanes. Escribió la biografía de Lars Leese, un portero de la sexta división alemana que llegó a jugar en la Premier League, y también Una vida demasiado corta, la historia del propio Enke. Un libro de éxito internacional, premiado y traducido a ocho idiomas, incluido el español gracias a la editorial Contra.

Reng pasó hace unos días por Bilbao, invitado por la Fundación Athletic, para participar en una mesa redonda sobre fútbol y reportaje periodístico. Allí lamentó, por ejemplo, que los diarios vivan casi en exclusiva del esquema previa-crónica, y que “el 99% de los reporteros busque lo mismo”. Su libro sobre Enke es un abrumador compendio de información al detalle, en el que se cuida mucho de no cruzar nunca determinadas líneas rojas; o en su caso amarillas. Aunque Teresa, la viuda de Enke, le entregó los diarios del jugador, Reng los transcribe en contadas ocasiones. Por lo demás, su receta para no caer en el sensacionalismo es más fácil de enunciar que de aplicar: limitarse a “contar los hechos, sin opiniones” y con la menor cantidad posible de adjetivos. Y un concepto clave: “Empatía”.

Reng y Enke -Roninho y Robinho, se llamaban en broma el uno al otro- se conocieron en Lisboa, cuando el portero jugaba en el Benfica, la mejor etapa de su carrera. Se reencontraron al año siguiente en Barcelona, donde Reng vivió diez años y aprendió a hablar un español que sigue siendo excelente, por más que lo niegue. Su libro comenzó a gestarse más adelante, con una broma y sin él siquiera sospecharlo. Enke jugaba ya en el Hannover 96 y era un hombre feliz. Había superado la primera de las dos depresiones clínicas que se le diagnosticaron, tras su paso por el Barça. Acababa de leer uno de los libros de Reng y le felicitó. Le había gustado mucho. El escritor le correspondió con lo primero que se le ocurrió: “Algún día escribiremos juntos un libro sobre ti”. Un torpe cumplido, pero Enke le tomó la palabra. Comenzó a escribir notas sobre su día a día, sacaba el tema del libro cada vez que se encontraban, le hablaba de su “proyecto” común… A Reng tanto interés sólo le cuadró después, como tantas otras cosas: Enke se había esforzado en documentar su vida, adelantando trabajo para cuando pudiera, al fin, contar al mundo su enfermedad. Un sufrimiento que no se atrevía a revelar. ¿Cómo iba a confesarlo? En un mundo como el fútbol, nadie entendería que un futbolista de éxito, portero de la selección alemana, también pudiera tener sus miedos. Por eso tampoco pidió ayuda en el verano de 2009, cuando la oscuridad empezó de nuevo a consumirle, esta vez sin remedio.

Durante el mencionado coloquio sobre periodismo en Bilbao, Reng aprovechó para recomendar a los presentes Rey del mundo, la obra de David Remnick sobre Muhammad Ali -de la que ya hablamos en su día en esta misma columna-. Es su modelo de periodismo, y un ejemplo de cómo trascender el deporte. Una vida demasiado corta no es sólo la trágica biografía de un futbolista, sino un reportaje de 400 páginas sobre la depresión.

Reng reconoce que no sabía mucho sobre la enfermedad cuando comenzó a escribir el libro. No formaba parte del reducidísimo círculo de confianza del portero, unas diez personas, que sabían que la padecía.. “El 10% de la población sufre depresión y no existe motivo para pensar que entre los futbolistas ese porcentaje pueda ser menor”, explica. Aunque suela identificarse con personas débiles, Reng la compara con el cáncer, porque puede atacar a cualquiera. Su trabajo ha servido para concienciar sobre el alcance y fuerza de este trastorno mental, tan extendido y desconocido al mismo tiempo. Leerlo ayuda a comprenderlo, y si no sirve para ponerse en la piel de un enfermo de depresión es porque tal cosa no es posible. No en vano, en sus peores momentos Robert Enke solía decirle a su mujer: “Si pudieras entrar en mi cabeza sólo durante media hora, entenderías por qué me estoy volviendo loco”.