Parta el lector de la base de que quien suscribe estas líneas jamás había encarnado en un videojuego a la intrépida aventurera Lara Croft. Todo lo contrario, siempre la consideró como un producto exploitation que, más allá de sus características jugables, sólo tenía el objetivo de que un montón de adolescentes se pasasen las horas mirando el culo a la muñeca. Por supuesto, con el Tomb Raider de Crystal Dynamics la cosa fue cambiando. Todo el mundo coincidía en que me estaba perdiendo un juegazo. Pero nunca terminé de animarme. Sólo ahora, con Rise of the Tomb Raider, le he dado una oportunidad y ¡Madre del amor hermoso! ¡Qué maravilla!

Si el juego anterior era, según me cuentan, la iniciación de esta nueva Lara a la aventura y a la supervivencia, las aventuras de una joven que tiene que matar por primera vez, aquí nos encontramos con una moza perfectamente adaptada a su nuevo entorno y que se empeña en seguir los pasos de su padre en pos de un artilugio capaz de otorgar la vida eterna a quien lo posea.

Debemos señalar dos cosas importantes de la nueva aventura de la señorita Croft: Por un lado, Lara se nos presenta como mucho más que un icono sexual. Se trata de una joven inteligente, apasionada, cabezota, intelectual, capaz de entender numerosos idiomas y de interpretar el mundo que le rodea y no sólo los puzles que debe resolver. Por otro lado, estamos hablando de la que quizá sea una de las mejores experiencias jugables de mi vida.

Sobre lo primero, es impresionante la capacidad de mostrar maravillas que nos arroja el juego. Es una maravilla avanzar por las ruinas en busca del próximo escenario sorprendente, la próxima belleza. La historia del Profeta y sus seguidores se desarrolla ante nuestros ojos en forma de murales, manuscritos o tumbas, todos ellos bellamente imaginados. Si prestas atención a todas las pistas que te van dando, la gran sorpresa del juego realmente será fácil de adivinar. Si has pasado de fijarte en el argumento, te quedarás con los ojos como platos.

Por otra parte, uno no puede dejar de columpiarse, buscar asideros, colgarse con el piolet… Las escenas de batalla son alucinantes (la set-piece con los agujeros en el hielo es genial), los distintos tipos de arma te piden mejoras al ritmo apropiado. Los tiempos de carga no son un problema… Todo es fluido y agradable. No puedo hablar de la opción doblada, pues pasé a la versión original desde el principio, pero sin duda es un apartado muy cuidado. Eso sí, mi mujer, gran fan de la saga, protestó por el hecho de que, si no estás metido a la aventura, es un poco raro escuchar tanto gemido del tirón…

Lo que es más importante del producto es que la curva de aprendizaje es, simplemente, perfecta. No recuerdo haberme sentido más cerca del primer Prince of Persia desde que lo probé por primera vez. Cada juego de exploración y aventuras que he probado me ha parecido siempre una medianía en comparación. Pero este Rise of the Tomb Raider cumple al fin con las promesas que me hicieron de niño.

¿He terminado el juego? Casi. Justo cuando parecía que me dirigía hacia la última escena me he puesto a procrastinar a ver si encuentro todas las tumbas, manuscritos y desafíos del juego. No sé si llegaré al 100%, pero nunca había estado tan motivado para intentarlo…

Cuando escuché que Rise of the Tomb Raider iba a ser exclusiva para Xbox One me pregunté si a Crystal Dynamics le compensaría retrasar la llegada para PS4. Hoy puedo decir que quien no tiene una consola de nueva generación tiene un motivo fabuloso para comprarse la de Microsoft y no la de Sony. Y eso es mucho decir…