Este año se cumple el veinticinco aniversario del episodio sobre las pastillas en Salvados por la campana , también los treinta de El club de los cinco , los cuarenta de Welcome Back, Kotter y podríamos seguir, pero parece motivo más que suficiente para echar un ojo a las series de instituto.

En un mundo en el que las series protagonizadas por adolescentes -o, en el peor de los casos, protagonizadas por personajes adolescentes independientemente de la edad de sus actores- son a la vez un asunto común y algo que no se suele ver en las grandes cadenas generalistas. Echar la vista atrás sirve para entender la evolución de este particular género de series de institutos, y también la forma en la que ha variado el trato a los adolescentes a lo largo de los años de televisión.

Hablamos, por supuesto, de sus variedades anglosajonas porque sería imposible abarcar sin un gran trabajo de campo las europeas, asiáticas y demás en un tema tan habitual como este que ha dado éxitos como  Rebelde Way (2002 – 2003) o Azumanga Daioh (2002), por poner dos ejemplos recientes. Del mismo modo tenemos que intentar centrarnos no en las protagonizadas por adolescentes sino en las que tienen un instituto como centro de las andanzas de los personajes. Algo que puede parecer sencillo pero que, en realidad, no lo es tanto. Algo que era especialmente obvio en los inicios de la televisión.

En los inicios de la televisión

Durante los primeros años de la televisión la presencia de adolescentes y jóvenes en general solía quedar como parte del reparto, apareciendo sobre todo en series familiares como Papá lo sabe todo (1954 – 1958), Leave it to Beaver (1957 – 1963) -conocida en España como Aventuras de Pablito– o Mis tres hijos (1960 – 1965). La aparición de escuelas solía ser en planos secundarios o centrándose en los profesores como ocurría con el paso a televisión de la serie de radio de 1948 Our Miss Brooks (1952 – 1957) centrada en las andanzas de una inteligente maestra y en sus relaciones con profesores y alumnos.

Pero avanzando los años cincuenta los adolescentes comenzarían a conseguir el mismo interés que estaban despertando en el cine. Así tendría lugar la aparición de las primeras series centradas en adolescentes como Meet Corliss Archer (1954), adaptación de otra serie de radio que intentó lanzarse con poco éxito mediante sindicación. Mucho mejor le fue a The Many Loves of Dobie Gillis (1959 – 1963), producción para la CBS a partir de una serie de relatos cortos sobre su personaje principal y su tendencia al enamoramiento. El personaje principal, Dobie, caía bien pero la auténtica revolución llegó con su mejor amigo, Maynard G. Krebs, el primer beatnik en aparecer por la televisión y un auténtico roba escenas. Las diversas aventuras y su capacidad de sobreponerse a los cambios como la marcha de la que se suponía iba a ser el contrapunto romántico, la bella aunque siempre en busca de dinero Thalia Menninger era sustituida por la menos atractiva pero más inteligente Zelda Gilroy.  Entre el cambiante reparto siempre en disputa por el amor o el dinero se encontraba por ejemplo la primera némesis de Milton Armitage, interpretado por Warren Beatty.

Pero más importante aún que esto, va a ser la primera serie protagonizada por dos adolescentes emitida en una televisión generalista USA. Servirá años después como molde físico para los personajes de Scooby Doo. Debie sería Fred, Thalia serviría para Daphne, Zelda para Wilma y Krebs sería Shaggy. Por supuesto no fue el único intento de llegar hasta ese público. En la ABC decidieron tirar por otro tipo de programación y centrar una de sus nuevas telenovelas en ella. Lamentablemente Never Too Young (1965 – 1966) no duraría más que una temporada, pero ya serviría para iniciar una tendencia en el género que seguirían con mayor o menor carga juvenil en series como Love is a Many Splendored Thing (1967 – 1973), All My Children (1970 – 2013) o The Young and the Restless (1973 – ).

Inevitablemente al crear series con mayor presencia de los adolescentes tenía que acabar apareciendo el instituto, tal y como ocurría en la británica Please, Sir! (1968 – 1972) que sería un gran éxito para la London Weekend Television, asociada de la ITV. Llegó hasta el punto de que ante la inevitable adultez de sus protagonistas -ese problema irremediable- continuando sus vidas ya fuera de la escuela y del tutelaje de su profesor Mr Hedges en The Fenn Street Gang (1971 – 1973), mientras un nuevo profesor y una nueva clase tomaba su lugar en la que acabaría siendo última temporada de la serie principal. Pese a ello aún intentarían un último spin-off del spin-off en la incluso menos exitosa aún Bowler (1973).

Mientras tanto en Estados Unidos habían puesto en marcha en la ABC una serie centrada también en el colegio desde un punto un poco más serios en la creación de James L. Brooks Room 222 (1969 – 1974), protagonizada por un profesor afroamericano y sus igualmente variados alumnos, que permitía desarrollar temas un poco más serios aunque aún contenidos en el formato de comedia. Pero estaba claro que las cosas estaban cambiando.

Los años setenta

Quizá la más clara demostración de estos cambios fue la creación de los ABC Afterschool Special (1972 – 1997), telefilmes sobre ‘temas de interés’ que en la mayoría de los casos trataba de acercar o debatir algún tema complejo que podía ir de las drogas o la homosexualidad al punk y fueron rápidamente imitados por otras cadenas. Los adolescentes eran protagonistas de estas historias y la escuela aparecía como campo de conquista, de lucha o como simple fondo en el se desarrollaban los sufrimientos semanales. Por su parte, en Australia pasarían directamente a apuntare a las telenovelas ambientadas, esta vez sí, en un instituto con Class of 74 (1974 – 1975).

Pero mucho más importante resultó Welcome Back, Kotter (1975 – 1979) serie de la ABC que recuperaba el espíritu de Room 222 y que trataba de aprovechar el éxito que el cómico Gabe Kaplan había tenido por sus actuaciones en el Late Show de Carson, aunque hoy en día se recuerde sobre todo como la serie que lanzó la carrea de John Travolta. En el mismo canal pero con un tono aún más ligero estaría What’s Happening!! (1976 – 1979), creación de Eric Monte cuyo mayor atractivo es ser una de las primeras producciones de Bud Yorkin tras romper con Norman Lear y Tandem, además de que aquí ya tendríamos un reparto mayoritariamente afroamericano.

Sin embargo el gran éxito de la década lo tendríamos en la televisión británica. No con A Bunch of Fives (1977-78) en la ITV, sobre unos estudiantes que montan un periódico para su instituto, aunque probablemente sin ella nunca hubiera existido en la BBC Grange Hill (1978 – 2008), tan extensa en el tiempo como múltiple en los temas, un drama de instituto en toda su extensión. De hecho su forma de mostrar con realismo la vida escolar sin ninguna idealización o humor que llevaron a la cadena a exigir una rebaja en el tono de modo que junto a largas historias sobre adicción a la heroína había otras líneas argumentales cómicas para compensar.

En tono serio sería también La sombra blanca (1978 – 1981) que con la excusa de un equipo de instituto de baloncesto le coló a la CBS un drama estudiantil protagonizado mayoritariamente por afroamericanos. Nada que ver con The Facts of Life (1979 – 1988)  que empezara como un spin-off de Arnold centrado en la responsable de una residencia de jovencitas en un exclusivo colegio femenino que iría mutando con las temporadas, olvidando con cierta rapidez su aproximación inicial a las aulas.

Los ochenta

Pocas series dicen tanto del Instituto como las andanzas canadienses de los estudiantes del Degrassi, una extensa saga que llega hasta nuestros días y que comenzó con una serie de cortos titulada The Kids of Degrassi Street (1979 – 1982) que daría lugar a la aprobación de una serie regular del mismo nombre (1982-1986) en la que sería la primera encarnación de esta mezcla de institutos y drama. Pronto comenzaría una nueva versión que se pensada para seguir y avanzar con los personajes pasando primero al Degrassi Junior High (1987 – 1989) y después al Degrassi High (1989 – 1991) que se remataría con el telefilme School’s Out (1992) sobre a vida de los alumnos del Degrassi al abandonar el mismo. Tendría que haber sido este su final, pero con esto de la televisión nunca se sabe y en 2001 decidieron retomarlo con el título de Degrassi: The Next Generation (2001 – ). La serie conservaría ese nombre durante las 9 primeras temporadas. La bajada de audiencia llevaría en la 10 a renombrarla como Degrassi, y usando un formato de tira con capítulo diario estilo telenovela hasta la 13 en el que vuelve a ser semanal aunque con una temporada de mayor duración, para la temporada 14 los canales que la emitían, MTv y TeenNick deciden abandonarla. Pero pronto encontraron un nuevo hogar en el Family Channel de Canada y Netflix para fuera de su país. Esta evolución se mantendrá como temporada 15 de la versión iniciada en 2001 aunque lo hará cambiando de nuevo el nombre esta vez a Degrassi: Next Class.

No era este el modelo seguido por las series en Estados Unidos salvo raras excepciones como la breve The Bronx Zoo (1987 – 1988). Habría más movimiento en 1986, un año en el que lo mismo se estrenaba una serie fantástica animada con colegio -una de tantas- como era  Galaxy High (1986) que comenzaba la más importante de las series de instituto de esa década en Estados Unidos: Los primeros de la clase (1986 – 1991), que seguiría la idea de profesor y alumnos en esta ocasión con el giro de ser todos ellos superdotados y expertos en diversos campos.

Ese mismo año tratarían de adaptar de manera completamente desastrosa Aquel ‘excitante’ curso sin que el resultado final, Fast Times (1986) -en referencia al título original de la película, Fast Times at Ridgemont High– que pese a contar con la directora de la película original, Amy Heckerling, como productora y con su guionista, Cameron Crowe, como asesor o con Moon Unit Zappa para conseguir la mayor cercanía posible con la forma de expresarse de los jóvenes -en serio- se convertiría en todo un desastre que no superaría la emisión de su séptimo capítulo.

Quizá porque llegaron demasiado pronto o porque no entendieron que los espectadores querían otras cosas, bien las improbables aventuras de 21 Jump Street (1987-1991), perdón, Nuevos policías, que estuvieron moviéndose entre la recién creada FOX y la sindicación cuando aún creían que la estrella que saldría de la serie sería Richard Grieco; o quizá estaban más por la labor nostálgica de Aquellos maravillosos años (1988 – 1993) que, sin embargo, ganaría el Emmy a mejor comedia.

Pero sería en el cambio de década cuando se producirían varios éxitos inesperados con niños de por medio en distintas cadenas. Bien es cierto que los británicos sacaron menos partido de la escuela. Las que más durarían sería la historia de un club juvenil llamado Byker Grove (1989 – 2006) en la BBC y la de un hospital infantil en Children’s Ward (1989 – 2000). Esto no significa que no lo intentaran porque la misma cadena de esta última serie, la ITV, le daría la oportunidad a un guionista joven llamado Steven Moffat para que desarrollara su serie La pandilla plumilla (1989 – 1993) -creativa traducción, por decir algo, del original Press Gang– que seguía las historias de los integrantes de un periódico de instituto. Y, sin embargo, nada de esto sería capaz de anticipar lo que se acercaba en América.

Los noventa

Si la década anterior la había dominado Degrassi, en esta la serie que cambiaría la forma de entender este tipo de aproximaciones sería una americana al asunto. Sacando la idea de las comedias con niño más sencilla y tras el fracaso de su intento para Disney con una mayor presencia de profesores en Good Morning, Mss Bliss (1988 – 1989) su productor Sam Bobrick aceptaría a que, el también productor Peter Engel, le diera un lavado de cara eliminando a casi todos los adultos -la profesora protagonista, su amiga, el jefe de mantenimiento- y a parte de los chicos, manteniendo a tres de ellos y buscando nuevos actores y personajes para sustituir a los despedidos. El resultado fue un éxito en muchos sentidos pero, sobre todo, como impacto hasta el punto de que Salvados por la campana (1989 – 1993)  -seguro que os lo veíais venir- tendría dos continuaciones, la muy breve Saved by the Bell: The College Years (1993 – 1994) y la inesperadamente resistente Saved by the Bell: The New Class (1993 – 2000) que con sus siete temporadas se convertiría en la más longeva de la saga aunque no por ello más exitosa. Y es que al final las mayores secuelas serían para el único que pasó por las cuatro series dedicando 12 años de su vida a interpretar al mismo personaje, Dustin Diamond o Samuel “Screech” Powers.

Pero dejémosle de lado y centrémonos en lo que supuso para la NBC este éxito repentino. Lo podemos resumir en crear un espacio para las mañanas de los sábados bajo el nombre de TNBC (Teen NBC) y darle vía libre a Peter Engel para rellenarlo de nuevas series como la ya fuera del instituto California Dreams (1992 – 1996), la historia de los jugadores y animadoras de un equipo de baloncesto de instituto en Hang Time (1995 – 2000), el más diverso Colegas de Clase (1997 – 2001) sobre dos alumnos de un instituto que primero chocan pero acaban haciéndose amigos pese a sus diferentes vidas, o el aún más variado One World (1998 – 2001). Y estas son solo algunas de las series, las más cercanas al concepto de Instituto, pues que tanto Engel como Thomas W. Lynch realizaron algunas más.

El efecto inmediato, sin embargo, fue que en 1990 verían la luz un par de series más con protagonistas cercanos al Zack Morris de Salvados por la campana. En primer lugar lo haría la muy fallida Ferris Bueller (1990) que intentaría recuperar el éxito de la película -de la que se disanciaría irónicamente dentro de las rupturas de la cuarta parés de Ferrus- y en la que lo más destacable es la presencia en el papel de la hermana de Ferris de Jennifer Aniston. Quizá por ello no pasaría de una corta temporada en verano. Mayor éxito sería el que tendría en FOX la más recordada Parker Lewis nunca pierde (1990 – 1993). Un éxito de imaginación que incluía un mundo cada vez más rico que concluiría en una tercera temporada tan extrema que resultaría complicado no considerar como fantásticos la mayor parte de episodios.

Mientras tanto, en la animación podíamos encontrarnos con Doug (1991 – 1999) en Nickelodeon y después ABC, o luego Pepper Ann (1997 – 2000) o La banda del patio (1997 – 2001). Si bien en su mayoría se trataba de institutos pero de primaria, cuando no directamente colegios. Precisamente la proliferación de los canales por cable permitió la aparición de series diversas como éstas y otras. No obstante serían aún las generalistas las que marcaban el tono. Por ejemplo con Yo y el mundo (1993 – 2000), producción de Michael Jacobs para la ABC que en 2014 vería la aparición de una nueva versión para el Disney Channel con el título de Ella y el mundo (2014 – ) -en inglés retomando la idea original del título, Boy meets world, para cambiarlo por un Girls meets world-.

De calado más serio encontramos acercamientos como el de Los Rompecorazones (1994 – 1999), alternativa australiana para Network Ten y luego el ABC al Degrassi canadiense con el título original de Heartbreak High. De culto sería My So-Called Life (1994 – 1995) o como se conoció en España Es mi vida, que no lograría una segunda temporada pero sí interés en el trabajo de sus actores principales, Claire Danes y Jared Leto.

Mientras, en la televisión británica Jimmy McGovern presentaba en Channel 4 la dura mini Hearts and Minds (1994), una de esas obras con profesor inspirador -Christopher Eccleston nada menos- que llegaría muy motivado pero se encontraría con las tensiones de la realidad en temas raciales y sexuales. Ese mismos canal comenzaría al año siguiente Hollyoaks (1995-), una suerte de telenovela adolescente que iría marcando las posibilidades de la misma.

Dentro dela seriedad, pero con un giro propio, estuvo Buffy CazaVampiros (1997 – 2003) que durante sus primeros años concedió mucha importancia a las tramas de instituto. La mezcla de elementos fantásticos sería algo cada vez más habitual con series como Big Wolf on Campus (1999 – 2002) o Vampire High (2001 – 2002).. Hasta el punto de marcar una pauta que seguirían pronto muchas otras series y que, hasta el momento, era sobre todo habitual en los dibujos animados como había sido Gravedale High (1990). 

Por supuesto hubo todo tipo de acercamientos, como Las gemelas de Sweet Valley (1994 – 1997) que se emitió por sindicación -y en su último año en la UPN- y trataba de adaptar esas novelas estudiantiles de humor, amores y un cierto extraño costumbrismo a la televisión. O la canadiense Reporteros con clase (1997 – 1999), acusada de copiar Salvados por la campana pero cuyo transfondo en un periódico y su uso de animaciones insertadas recuerda más a otras series de la época. Y, por supuesto, Popular (1999 – 2001) la primera de las locas creaciones de Ryan Murphy, en esta ocasión para The WB. 

Aunque la otra serie de culto de la década, considerada siempre como injustamente cancelada -pero que ayudaría a lanzar o hacer contactos importantes en varias carreras-, sería una que casi podría haber sido de la siguiente. Me refiero, por supuesto, a Freaks and Geeks (1999 – 2000), brevísima -18 episodios- creación de Paul Feig para la NBC con Judd Apatow como productor ejecutivo y entre los nombres de los actores James Franco, Seth Rogen, Jason Segel, Samm Levine, Linda Cardellini John Francis Daley o Busy Philipps entre otros. Todo ello en un envoltorio a medio camino entre Aquellos maravillosos años y las comedias incómodas que luego harían famosos a sus creadores. Una rareza más conocida que otra serie igualmente de culto pero con menos resonancia como fue Strangers with candy (1999 – 2000) pese a reunir entre sus actores, escritores y creadores a Stephen Colbert, Paul Dinello y, por supuesto, Amy Sedaris.

En los ‘dosmil’

El cambio de milenio es también el momento en que el incremento de series de televisión de instituto alcanzaría una masa crítica por dos motivos distintos pero relacionados. Por un lado el mayor número de canales y la especialización de algunos de ellos en los adolescentes hizo crecer el número de este tipo de series tanto en el apartado animado con obras como As Told by Ginger (2000 – 2006) de Nickelodeon o la fantástica Clone High (2002 – 2003) creación de los ahora muy conocidos Phil Lord y Christopher Miller con el gran Bill Lawrence para la canadiense Teletoon y la estadounidense MTV; como en las de imagen real como Ned’s Declassified School Survival Guide (2004 – 2007) que Scott Fellows puso en marcha de nuevo para Nickelodeon. 

Quedarían aún aproximaciones en las grandes cadenas como el Boston Public (2000 – 2004) de David E. Kelley para la FOX que, de nuevo, tomaba el acercamiento serio y lo hacía con profesores en el mismo plano de importancia que los anuncios dejando, como no, mucho espacio para el debate. Mientras los ingleses, sobre todo en Channel 4, iban retomando esa idea de la adolescencia como punto de conflictos con As if (2001 – 2004), la más compleja aún Sugar Rush (2005 – 2006) y, por supuesto, la joya de la corona adolescente de la década, ya en E4 para evitar problemas: Skins (2007 – 2013), creación de Bryan Elsley y su hijo Jamie Brittain con tendencia a cambiar los actores con regularidad para que no hubiera problemas de crecimiento. El Instituto aquí es parte de los medios por los que estos adolescentes se mueven y, cómo no, fuente y manifestación de sus problemas. 

Por supuesto en Estados Unidos las cosas eran diferentes. La unión de The WB y la UPN en The CW permitió que -brevemente- dos de las grandes series con jóvenes e institutos compartieran canal. Por un lado la telenovela juvenil One Tree Hill (2003 – 2012) en la que el instituto estaba ahí sobre todo los primeros años. Por el otro, el magnífico ‘noir’ que mostraba claramente los problemas del instituto convirtiéndolos en una réplica de lo que luego se encontraría fuera en la inconmensurable Veronica Mars (2004 – 2007). Dos aproximaciones distintas que podrían ser complementadas por otras como la compleja Friday Night Lights (2006 – 2011), que continúa un libro y una película, pero a la que su formato permite pasar del fútbol americano las clases porque lo importante, más allá del Entrenador y la Señora Entrenador, son los chicos y sus decisiones. 

Por supuesto, la evolución también servía para que otros países lograran éxitos y los difundieran como fue el caso de la luego mútiplemente adaptada Het Huis Anubis (2006 – 2009) que crearon para el Nickelodeon de los Países Bajos y tendría luego versiones en diferentes países y, por supuesto, continuaciones, o Summer Heights High (2007) uno de los trabajos del cómico australiano Chris Lilley para la ABC de su país en el que seguiría su trabajo de We Can Be Heroes: Finding The Australian of the Year (2005)  creando alguno de los personajes de estudiantes que luego iría recuperando en distintas series como Ja’mie: Private School Girl (2013) o Jonah from Tonga (2014).

Por supuesto el drama seguía estando presente a final de la década aunque, como decía antes, en canales más modestos, fuera en el cable básico de ABC Family con Vida secreta de una adolescente (2008 – 2013) o la comedia 10 Things I Hate About You (2009-2010). En las generalistas con ese intento de cambiar el canal que fue la telenovela Gossip Girl (2007 – 2012). Aunque el último gran éxito volvería a ser en una generalista como la FOX y, de nuevo, Ryan Murphy en la comedia musical Glee (2009 – 2015) con 13 capítulos iniciales grandes y luego un creador disperso y una cadena tratando de sacar todo el dinero posible manteniendo la errática serie durante años.

En la actualidad

La multiplicación de la que hablábamos antes no hizo sino permitir que en Disney y Nickelodeon se pudiera tocar casi cualquier tema poniendo un instituto de por medio. En pocos casos el instituto sería el fin último de la serie, entre ellos Quelli dell’intervallo (2005–2008), formato de mini-sketches que se adaptaría por los diferentes canales Disney del mundo siendo su versión española Cambio de clase (2006 – 2009), o  A.N.T. Farm (2011–2014) sobre los inteligentes estudiantes del proyecto Advanced Natural Talent.

No es que otros países no lo replicaran como los canadienses de la YTV que sacaron Mr. Young (2011 – 2013) sobre un profesor precoz, pero eran minoría frente a la posibilidad de, simplemente, meterlo de fondo como ocurre en la mayor parte de comedias de las grandes compañías orientadas a los adolescentes y títulos como Zoey 101, iCarly, Victorious, Big Time Rush, Bucket & Skinner’s Epic Adventures, Sam & Cat o Bella and the Bulldogs en Nickelodeon; y Austin & Ally, Liv and Maddie, I Didn’t Do It o el ya mencionado regreso en 2014 de Girl meets world en Disney. 

Por supuesto pronto otras cadenas trataron de copiar este éxito de instituto, empezando por al MTv que ya había tenido sus propios personajes de esa edad -aunque no les sacara mucho en clase- en Beavis and Butt-head y Daria, pero ahora pasarían a tener más importancia las tramas de instituto en The Hard Times of RJ Berger (2010 – 2011), Awkward (2011-) o Faking it (2014 – ).

Sin embargo la serie estadounidense más exitosa en cuanto a resonancia y audiencia sería Pretty Little Liars (2010 – ), posiblemente porque se empeñan en seguir yendo al instituto mientras les acosa un asesino que tiene pinta de no estar muy bien de la cabeza. El instituto, de nuevo, es un segundo plano en el que ocurren cosas, aunque en este caso las… interacciones con el profesorado y sus problemas académicos -venidos o no de las incursiones del psicópata- tienen el peso suficiente como para considerarlo aquí.

En el terreno dramático quizá sea My Mad Fat Diary (2013-2015) la que mejor ha sabido recoger de nuevo los problemas de los jóvenes estudiantes, con variedad de temas y preocupaciones que trascienden sus vidas en clase para ir, una vez más, también a sus casas. 

Mientras tanto en España

Por supuesto, no podemos cerrar este repaso sin hablar de las españolas. No tan habituales, al menos no durante una temporada. Quizá la más importante fuera Segunda enseñanza (1986) una creación de Ana Diosdado ambientada en Oviedo en el que se contaban diversos problemas de los jóvenes y de sus maestros desde una perspectiva de realismo social. 

Siguientes acercamientos irían más por otros campos, así la serie Querido Maestro (1997 – 1998) partiría de una original italiana para crear una comedia amable centrada en los profesores no de un colegio. Ese mismo año en TeleCinco se presenteraría la que sí sacaría -a ratos, no nos volvamos locos- un instituto y sí se convertiría en un éxito: Al salir de clase (1997 – 2002), culebrón con formato tira que durante años sería cantera de actores juveniles. Quizá por su éxito, quizá porque ya iba tocando, en la competencia sacaron al año siguiente la serie semanal Compañeros (1998-2002) que mezclaba de nuevo historias de profesores y alumnos y que daría paso, a su vez a la más culebronera pero menos exitosa Nada es para Siempre (1999 – 2000), idea esta que sería recuperada con la llegada de laSexta en dos intentos tan desiguales como poco afortunados, SMS (2006 – 2007) y HKM (2008 – 2009).

El éxito para las series de instituto regresaría a España con Física o Química (2008 – 2011) bien es cierto que vendiendo aún más carne que las anteriores. El paso anterior a este había sido el desarrollo de El internado (2007 – 2010), serie de corte ambiguo pero más cercano al fantástico que a las historias tradicionales de instituto.

Los centros educativos siguen apareciendo, más como un fondo que como un vehículo para las historias, en múltiples series como la igualmente fantástica Los protegidos (2010 – 2012). Es, como decíamos antes, un asunto inevitable. Igual que lo es que la edad de los actores y la diversidad de instituciones educativas y relacionadas  hagan muchas veces dudar de si estamos ante un instuto, un colegio, una universidad, de si los equipos relacionados o las actividades extraescolares podrían entrar aquí también. De ahí dejar fuera una comedia con exámenes de fondo como Colegio Mayor (1994 – 1996) y, por supuesto, una gran cantidad de las anglosajonas.

Quizá hubiera tenido sentido meter la cuarta temporada de The Wire (2002 – 2008), que en 2006 se centró en el sistema educativo, o hablar de un hito generacional como Sensación de vivir (1990 – 2000) aunque mi sensación es que esos alumnos de Beverly Hills, 90210 y sus continuaciones y remakes rara vez cruzaban las puerta de la West Beverly Hills High School. En cualquier caso, siendo el tema tan extenso alguna se habrá quedado fuera por decisión o despiste, menos mal que existen los comentarios para remediar estos problemas.

Mientras tanto, contemplemos una última vez la evolución del género. De carecer de entidad e importancia a considerar al adolescente primero un motivo de interés y después alguien a quien se podían dirigir series porque se podían dirigir también anuncios propiciando un crecimiento en sus series centrándose sobre todo en las dos caras del instituto, las comedias amables que nos hablan de los amigos y el sentimiento de comunidad frente a las dramáticas que explican los problemas tanto para aprender como para crecer.

Y su paso con la multiplicación de canales a convertirse en un fondo interesado para atraer un público juvenil hablándole de lo que conoce. Y es que las puertas del instituto, bien como metáfora de la oscuridad que nos espera fuera como en la versión criminal de Verónica Mars o la fantástica de Buffy o Hex, servía para mostrar que lo de dentro es duro pero lo es a escala llegando a poner en duda la frase promocional “No es la vida real, es el instituto”. Lo es, aunque sea a escala, y por eso mismo se seguirán estrenando series de instituto, es nuestro futuro.