Día de flame en Twitter. Nos cambian las estrellas por los corazones y a partir de ahí, todos a valorar ese cambio. Que si esto parece el diario de una adolescente cursi, que si ahora parece que asumimos lo que se dice en lugar de guardar algo para luego, que si la abuela fuma…

Realizar una valoración de algo que carece de importancia es uno de los grandes males que hay en este mundo de las redes sociales. Opinamos, además, con datos sesgados o directamente sin dato alguno. En este caso opinamos sobre una cuestión que, si bien afecta a algo que es parte del medio (los favoritos, con un nombre reconocible), habrá tenido una gestación larga, en la que habrán estado implicados multitud de departamentos, desde el de marketing hasta el de desarrollo, pasando por algún jefazo. Y todos ellos habrán valorado sobre datos, los datos de uso por los que suspiramos quienes nos dedicamos a esto, si los favs se usan para guardar enlaces, si son un me gusta o un no te voy a retuitear esto que es muy bestia.

Seguramente esta última opción habrá ganado porque tendemos a olvidar que los llamados power users que todo lo sabemos somos como los políticos: sólo estamos en contacto con nuestra propia realidad de bits, bytes, marcas que quieren que les hagas la estrategia más gamberra y rompedora y poco más. Y somos menos, muchísimos menos que los usuarios de a pie.

Si a eso unimos que todos estamos de acuerdo en que para alguien recién llegado Twitter es una herramienta difícil de comprender comprenderíamos mucho mejor el post de Twitter sobre el tema y tendríamos claro que la crítica a este cambio es más una pérdida de tiempo que otra cosa, sobre todo cuando parece que la mayor ilusión de todo el mundo que nos dedicamos a esto es ser los primeros en decir te lo dije, esta red social está muerta.