Si medimos la importancia en la música actual por número de éxitos, el productor sueco Max Martin es la figura más relevante desde The Beatles. Detrás de casi cada estrella del pop comercial hay uno de estos creadores de hits. ¿Existe una fórmula infalible para componer un número uno en ventas?

¿Te preguntas por qué no puedes dejar de escuchar ‘Shake it off’ de Taylor Swift una y otra vez? ¿Recuerdas cuántas veces bailaste en su momento ‘Baby one more time’ de Britney Spears? ¿Y las veces que cantaste ‘It’s my life’ de Bon Jovi? Quizá la respuesta sea simplemente que son temazos. Pero si se repara en que detrás de esas tres canciones está la misma persona y, si además, su nombre también aparece en los hits que llevaron a la fama a Backstreet Boys o han coronado como una de las reinas del pop a Katy Perry, a lo mejor uno se hace varias preguntas.

Donde sí se las han hecho y su respuesta vale millones de dólares es en la industria musical. ¿Existe una fórmula infalible para crear un éxito pop? ¿Hay pautas a seguir para escribir un número uno en ventas? En 2002, dos veteranos del sector, Guy Zapoleon y Rick Bisceglia, presentaron un método que podría arrojar luz sobre esas cuestiones. Se llamó ‘Hit Predictor’ y se basaba en averiguar de forma predictiva el potencial que tiene una canción para convertirse en un éxito “con una increíble exactitud”, como ellos mismos aseguran. Para ello proporcionan muestras de canciones (alrededor de un minuto de cada tema) a potenciales consumidores a modo de investigación de mercado para crear así una extensa base de datos con la que comparar. En esa misma línea, aunque con un trasfondo más científico, Mike McCready creó Polyphonic HMI, una empresa con sede en España que desarrolló la ‘Hit Song Science’, un análisis del componente matemático que tienen las composiciones y su comparación con éxitos anteriores con la que predecir su posterior popularidad.

Dos herramientas dirigidas sobre todo a esas compañías musicales ávidas de nuevos éxitos y números uno, y donde el periodista de The New Yorker, John Seabrook, se sumergió para escribir su esclarecedor ‘The song Machine. Inside the hit factory’. Un viaje por las entrañas de esa maquinaria de producción de “música hecha para escucharse igual en un centro comercial, un aeropuerto o en el descanso de la Super Bowl”. En su investigación entrevistó a los cerebros detrás de muchos de los éxitos más escuchados de la música actual, los encargados de, escribir en muchos casos, diseñar y montar, con todo tipo de innovaciones digitales, una y otra vez esos temas que den con la tecla para sonar en medio mundo.

Entre esos diseñadores de hits no hay más remedio que detenerse en la figura de Max Martin, apodo del sueco Karl Martin Sandberg, quizá el mayor representante de una hornada de compositores y productores nórdicos que han irrumpido en la industria con una poderosa cualidad: ser capaces de esculpir éxitos. Sus creaciones triunfan en listas tan dispares como las de Estados Unidos o del K-Pop de Corea del Sur. El caso de Martin, antiguo frontman de un grupo de metal sueco que viró su camino para asociarse con ‘Denniz Pop’, un DJ de Estocolmo que estaba detrás de Ace of Base, le ha llevado a ser quizá el personaje más influyente de la música en las últimas décadas. El George Martin o Phil Spector del nuevo siglo.

Curiosamente, no fue hasta este 2015 cuando Martin recibió su primer Grammy a productor del año. Un reconocimiento que sirvió para que el gran público se percatara de su omnipresencia detrás de sus artistas favoritos. Se escribieron numerosos artículos en torno a este profesional cuya linea había ido encaminada a pasar desapercibido a la sombra de la estrella de turno que interpretaba sus creaciones. Pero en la industria no era precisamente un desconocido: según The Hollywood Reporter, sus singles habían facturado 135 millones de dólares hasta 2013. Compositor y productor, firma más de una veintena de números uno en las listas de Billboard, sólo superado por Paul McCartney y John Lennon. En cuanto a top-10, nadie tiene más en la historia.

¿Cuál es su secreto? Si se diseccionan sus canciones (aquí un interesante análisis en castellano) se encuentran patrones comunes en cada uno de los temas, independientemente de la adaptación personal que haga para cada intérprete. Todas se rigen por la máxima ‘la melodía manda’, porque es lo único que uno retiene en “el centro comercial o el aeropuerto” como apuntaba Seabrook. A partir de ahí, letras sencillas y ritmos ‘in crescendo’ que gocen de cierto toque meláncolico para despojar a la canción de una excesiva ñoñería. E ir al grano. La voz debe aparecer pronto (a los pocos segundos) y también ese ‘gancho’ o estribillo que se tarareará hasta la extenuación, no sea que el receptor pierda su interés. Todo en una canción que no supere los cuatro minutos. Tan sencillo y tan difícil.

Repasando su historial, uno se topa que su línea ha ido encaminada a realizar ‘himnos’ del pop adolescente. Sus primeros éxitos llegaron cuando se le presentó la oportunidad de guiar al que se convertiría en grupo del momento: Backstreet Boys. Aunque su primer número uno vendría de la mano de una adolescente que se convertiría en reina del pop: Britney Spears y su ‘Baby one more time’. Era 1999 y su producción ya no paró desde entonces (desde Bon Jovi a Celine Dion), aunque sería en estos últimos diez años cuando lograría la mayoría de sus éxitos con Pink, Taylor Swift… y una Katy Perry que se ha servido de hasta ocho composiciones suyas para copar las listas. Temas de esta última en los que, por cierto, no han sido pocos los críticos que han reparado en las muchas similitudes que contenían. “La misma canción una y otra vez”, se ha llegado a escribir… sin que por ello dejaran de tener éxito.

Quizá porque cumplían a rajatabla esas pautas, esa fórmula del éxito inmediato que se encarama en las listas de ventas, suena en las radios y aplicaciones de streaming, es el más descargado y asegura posteriores giras multimillonarias, el cada vez más potente motor de la industria musical. Lo efímero no es una preocupación, siempre que la melodía se introduzca en la cabeza del público lo suficiente para sacar rentabilidad. ¿Un producto de baja calidad? No necesariamente según explicó Max Martin en una entrevista en 2009: “La música pop es ahora. Sólo el tiempo dirá si esas canciones sobreviven. He escuchado temas a los que llamaban basura que ahora son catalogados como clásicos”.