Dice que deja el Consejo de Seguridad Nuclear tras seis años como consejero sin haber recibido “nunca la más mínima presión” y habiendo ejercido el cargo “siempre con plena libertad”. Pero sostiene que la decisión del Gobierno de aprovechar su sustitución para nombrar un tercer consejero vinculado al PP, rompiendo el histórico equilibrio entre partidos, “no ayuda para nada a la misión del CSN de transmitir confianza”.

Antonio Gurguí (Barcelona, 1953) dice tener muy claro que el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) es “un regulador que funciona, algo que no sucede con los reguladores de otros ámbitos. Mire lo que pasa en el sector eléctrico o en el financiero”; considera que se están magnificando los conflictos internos dentro del organismo porque “hay un pequeño grupo de descontentos con ganas de brea”; niega que haya prisas por autorizar el cementerio nuclear Villar de Cañas , subrayando que “se está dejando trabajar a los técnicos” en este asunto; y se muestra más que convencido de que el CSN “no permitirá que funcione el almacén si no es seguro”.

Gurguí acaba de abandonar el cargo como consejero del CSN por la finalización de su mandato de seis años (en su caso han sido, en realidad, seis años y medio por una ampliación contemplada en la normativa). Dice que abandona el pleno del CSN –el órgano del centro por el que pasan todas las decisiones de calado- “sin haber recibido jamás la más mínima presión” de nadie y tras “haber trabajado siempre con plena libertad”.

Los reguladores deben transmitir confianza y [la ruptura del equilibrio entre partidos] no ayuda para nada a la esa misión del CSN

Y para su sustituto en el cargo, el catedrático Javier Dies Llovera (que antaño también fue su alumno), sólo tiene elogios y buenas palabras. “Su perfil y su cualificación son excelentes. Lo hará magníficamente. Sólo puedo hablar bien de él”. Sin embargo, no ve “conveniente” la decisión del Gobierno de promover el nombramiento de Dies Llovera sin el respaldo del acuerdo político tradicional y sin respetar el equilibrio histórico entre partidos en el pleno.

Durante más de dos décadas, el pleno del Consejo de Seguridad Nuclear ha estado ocupado por dos miembros nombrados a propuesta del Partido Popular, dos del PSOE y uno de CiU. A dos meses de las elecciones generales, el Gobierno de Mariano Rajoy ha aprovechado la marcha de Gurguí (que era el consejero propuesto por CiU) para asegurar el control del PP en el pleno del CSN durante los próximos años con el nombramiento de un tercer consejero vinculado al partido. Dies Llovera incluso llegó a ir en las listas del PP en las elecciones municipales de 2011 en el municipio barcelonés de Sant Joan Despí.

“El CSN, como regulador, no sólo tiene que ser neutral, también tiene que parecerlo”, explica Gurguí en una entrevista telefónica con SABEMOS. “El acuerdo para repartir el pleno con dos miembros del PP, dos del PSOE y otro de otro partido transmitía una imagen de neutralidad. Y ahora esa imagen se ha perdido”. “Los reguladores deben transmitir confianza” y la ruptura del equilibrio político “no ayuda para nada a la misión del CSN de transmitir esa confianza”.

“No hay prisas” con el cementerio nuclear

Esta ruptura del equilibrio político en el seno del CSN llega en un momento en que el supervisor de la seguridad nuclear del país se ocupa de temas tan delicados como la autorización del cementerio nuclear de Villar de Cañas y la eventual reapertura de la central de Garoña, y en el que han surgido críticas internas sobre la politización del centro y su falta de independencia y por la apertura de una caza de brujas contra las voces disidentes. Pero Antonio Gurguí se limita a negar la mayor sobre todos estos asuntos. De hecho, sobre estos aspectos, y con carácter general, él no percibe mayores problemas.

Las obras por los terrenos elegidos pueden ser más complejas o más caras, pero eso no es labor del CSN, sino que es un problema del titular (Enresa)

El CSN ha dado ya su visto bueno a la autorización de emplazamiento del cementerio nuclear, a pesar de las dudas sobre la calidad de los terrenos de Villar de Cañas y pese a reconocer que faltan datos para caracterizar correctamente los suelos. Y el pleno del organismo también aprobó un informe incompleto sobre el impacto radiológico de la instalación para que el Gobierno pudiera avanzar en la elaboración de la declaración de impacto ambiental del proyecto. Pero Gurguí sostiene que en el CSN “no hay prisas” por acelerar las autorizaciones, que “se está dejando trabajar a los técnicos” y que los “informes son muy exhaustivos”.

Además, el exconsejero subraya el informe favorable del CSN sobre el emplazamiento del almacén de residuos nucleares no supone dar por bueno el terreno. “La labor del CSN no es confirmar que el terreno elegido [para el cementerio nuclear] es idóneo, sino determinar las condiciones que debe tener el proyecto y los trabajos para que el terreno sea idóneo”, explica.

“Las obras por los terrenos elegidos pueden ser más complejas o más caras, pero eso no es labor del CSN, sino que es un problema del titular del proyecto”, que es la sociedad pública Enresa. “Ahora se ha aprobado la autorización de emplazamiento, pero el CSN en ningún caso aprobará la autorización de construcción y menos la autorización de funcionamiento hasta que todas las dudas de los técnicos estén resueltas. El titular concretará más adelante las características de las obras. Y el CSN no va a dejar que funcione [el almacén] si no es seguro”.

En el CSN sólo hay cinco personas independientes

El mes pasado, la dirección del CSN decidió abrir una suerte de investigación interna para determinar el origen de las críticas sobre la politización y la falta de independencia del centro por parte de miembros del cuerpo técnico y sobre la filtración de documentos internos vinculados al almacén de residuos nucleares publicados en varios medios de comunicación. Y todo ello, después de que en julio la dirección decidiera cesar a un jefe de área por oponerse a un recorte de los criterios por los que las centrales nucleares han de informar al regulador de incidentes en sus instalaciones.

Sólo cinco personas en el CSN han de ser independientes y transparentes [los miembros del pleno], el resto están sometidos a una estructura jerárquica

Para Gurguí, en cambio, el “ambiente general en la organización es razonablemente bueno”. “No comparto en absoluto la percepción de que hay conflicto”, indica el exconsejero. “Lo que sí es cierto es que hay un pequeño colectivo de descontentos que tiene ganas de brea. Pasa en todas las organizaciones”.

Y es que, según su criterio, las críticas desde el cuerpo técnico sobre la falta de independencia no están justificadas. “En sentido estricto, sólo cinco personas en el CSN han de ser independientes y transparentes”, apunta Gurguí en referencia a los cinco miembros del pleno del organismo. Los demás empleados del centro, incluidos los técnicos, “están sometidos a una estructura jerárquica” y en el CSN “existen procedimientos muy claros para articular las discrepancias”. “Hay gente que no entiende dónde está. En todas las organizaciones hay gente que se acaba creyendo los reyes y que no admiten la jerarquía de autoridad”.

En cualquier caso, Gurguí entiende que “formalmente no hay una investigación interna” contra las voces disidentes, sino que “sólo se quiere saber qué está pasando”. “Este asunto se está magnificando, en absoluto hay una caza de brujas. Pero el CSN maneja información confidencial y no es admisible que salga al exterior”.