Pretendo no morirme sin haber asistido en vivo y en directo a uno de los fenómenos naturales más hermosos, impresionantes y apabullantes de todos los que el planeta tierra pone a disposición de sus habitantes: la aurora boreal. Un espectáculo durante el cual y sin intervención humana, los cielos nocturnos de las regiones más cercanas al Polo Norte se llenan de coloridas manchas y columnas de luz.

En mi infancia soñaba con verla tirada en la nieve, pero la edad es algo que no perdona y mis gustos y necesidades se han vuelto más delicados y sibaritas, así que como todo en esta vida, mi ideal infantil ha evolucionado hasta convertirse en una estancia de lujo, confort… y por qué no decirlo, fresquito polar, en el ICEHOTEL, esa maravilla arquitectónica que cada invierno desde hace 26 años nos ofrece una de las experiencias viajeras más atrevidas.

Situado en Jukkasjärvi (Laponia sueca), a tan solo 200 km al norte del círculo polar ártico, el ICEHOTEL se nutre de los hielos del río Torne, uno de los últimos ríos salvajes de Europa, para la creación de los elementos arquitectónicos y esculturas que lo han catapultado como uno de los hoteles más originales del mundo y al que llegan miles de visitantes antes de desaparecer bajo los cálidos rayos del sol primaveral, cuando el paisaje se transforma pasando del níveo blanco de una perfecta estampa invernal, a los verdes y dorados que Talo nos ofrece. Sin embargo, de ahora en adelante, este ciclo infinito de creación y destrucción puede verse interrumpido, ya que los responsables del ICEHOTEL planean un añadido completamente sostenible que incluirá 20 suites, un bar y una galería de arte; añadido que utilizará la constante luz diurna del verano polar como fuente de energía principal y que podrá disfrutarse durante todo el año.

Annika Fredriksson, CEO de Turismo de la Laponia sueca señala que el ICEHOTEL ha sido una máquina de atraer turistas internacionales desde sus inicios. “Han trabajado duro para innovar con nuevos productos dentro de su concepto y se han ganado la atención global durante años. Invertir en este producto único veraniego producirá un incremento notable de la temporalidad y será beneficioso no solo para el ICEHOTEL sino para toda la región que atraerá visitantes internacionales durante los meses más cálidos del año”.

Cierto es que este hotel ha sido uno de los reclamos publicitarios más importantes de esta región del mundo durante muchos años y que cada vez son más los viajeros que se acercan a conocerla; y lo que es más importante, cada vez son más los que quieren ir en lo más crudo del crudo invierno. No hay diciembre durante el que no podamos ver en diferentes medios información sobre este gélido y sin embargo atractivo establecimiento; sus camas cubiertas con pieles de reno, sus esculturas de hielo y sus muros que parecen recién salidos de la imaginación de George R.R. Martin. Y todo ello junto no hace más que hacernos sufrir a aquellos que en pleno agosto añoramos la llegada del frío y de la nieve, que renegamos del buen tiempo, que solo comenzamos a ser humanos cuando el frío arrecia y que desearíamos tener una tarjeta de crédito infinita que nos permitiese vivir allí de diciembre a abril, solo para resarcirnos y poder soportar el siguiente verano español.

Imagen | Paulina Holmgren

Uno de los rasgos más interesantes del ICEHOTEL es que al estar construido por entero en hielo y nieve, facilita una experiencia nueva cada año. Nunca nos alojaremos dos veces en el mismo hotel y eso, para los afortunados repetidores, es algo de agradecer. Pero no todo va a ser frío y escarcha, el hotel ofrece también habitaciones más “normales” para aquellos que solo quieren disfrutar del frío desde la comodidad y calidez que proporcionan cuatro paredes de las de toda la vida. También es posible realizar desde excursiones en trineo tirado por perros a tours fotográficos, pasando por cursos de supervivencia, entre otras numerosas posibilidades.

Yo por mi parte, voy a seguir mirando fotografías de este maravilloso hotel de hielo y su increíble entorno natural, voy a seguir soñando que me encuentro justo debajo de las preciosas y tornasoladas luces de la aurora boreal realizando uno de los sueños de mi infancia y voy a imaginarme girando sobre mí misma y realizando piruetas sobre la nieve mientras canto Let It Go cual Elsa en mi propio y mágico reino congelado.