Europa se ha retratado en una sola decisión. Al contrario de lo que dictaba el sentido común tras el escándalo de los motores trucados de Volkswagen, la Comisión Europea ha decidido duplicar los límites de emisiones permitidas para los coches. Mientras, la patronal europea de fabricantes de vehículos ha optado por jugar al despiste y criticar el nuevo marco regulatorio.

El atletismo es un deporte de superación, en el que el cuerpo humano se pone a prueba en numerosas disciplinas. En una de ellas, el salto de altura, los competidores saltan por encima de un obstáculo y, por turnos, tratan de elevar la marca hasta que sólo quede un campeón.

Ahora imagínese que, en lugar de subir el listón, los jueces empiezan a bajarlo. Así, por mucho que los atletas tengan un físico portentoso, pueden superar el límite sin esfuerzo; con esto se premia su vagancia y su ineficiencia, ya que ellos se pueden dedicar a saltar de cualquier forma. Como si los jueces hubieran decidido que lo importante es que todos lleguen a la colchoneta, aunque la competición quede totalmente deslucida y pierdan así tanto el deporte como usted, en su calidad de espectador.

Esos jueces parecen haber llegado a las instituciones comunitarias. O quizá siempre han estado allí. En un sorprendente acuerdo, esta semana la Comisión Europea ha duplicado los límites de emisión de gases contaminantes que realizan los coches.

La CE ha destacado en un comunicado que lo que se propone es bastante severo, ya que las cifras reales de emisiones de los vehículos cuadruplican lo establecido por la Unión; el problema está en que a partir de ahora se van a tener en cuenta los resultados de las mediciones que se efectúen en los coches en circunstancias normales y no en laboratorios de pruebas, donde se cocinaban los datos hasta el momento.

Según algunas informaciones, estas afirmaciones son una pantomima tras la que se esconde la connivencia de las instituciones europeas con los lobbys del motor. Al fin y al cabo, lo que la Comisión está haciendo es elevar los márgenes de contaminación.

Uno de estos lobbys, la patronal europea de fabricantes de automóviles, ha salido al paso -vía comunicado- para afirmar que el nuevo marco regulatorio es “duro”, y que será “extremadamente difícil” que los productores de coches se puedan poner al día a corto plazo con este nuevo contexto. Así parece que son víctimas de un complot, cuando lo que pasa es que sus emisiones reales son un 400% mayores de las que se aprecian en los laboratorios de pruebas.

Los países

En el baile de máscaras del motor, en el que cada disfraz esconde muchos más intereses, también participan los gobiernos de cada país. Y aunque algunos quieran dar imagen de apretar las tuercas a Volkswagen por engañar a los consumidores, saben que en realidad necesitan a la industria de la automoción.

Sin ir más lejos, el sector del comercio y la reparación de vehículos es el que más trabajadores tiene en España, según Randstad Research, con casi 3 millones de personas empleadas.

Por ello, el Ministerio de Industria, Energía y Turismo se ha comprometido por escrito esta semana con los sindicatos a dar ayudas públicas a la innovación y desarrollo a Volkswagen, como recoge la edición en papel de Expansión de este viernes.

España, como otros grandes países de Europa, no está especialmente interesada en que el sector del motor sufra la ira de los reguladores comunitarios. De ahí la mascarada.

Foto: Flickr – The.Comedian