El Partido Comunista chino ha anunciado este jueves una verdadera revolución cultural. A partir de ahora, las parejas podrán tener dos hijos. Es el fin de la llamada política de hijo único, impuesta en el país en 1979 para frenar la sobrepoblación y que, según las estimaciones, ha impedido el nacimiento de alrededor de 400 millones de personas.

Este cambio de rumbo ha sido adoptado durante la Quinta Sesión Plenaria del décimo octavo Comité Central del Partido, que se celebra entre el lunes y el jueves en Pekín, según ha informado el partido a través de la agencia estatal de noticias Xinhua.

El objetivo de la medida, que aún debe ser aprobada por la Asamblea Nacional Popular (el Parlamento) para que entre en vigor, es “equilibrar el desarrollo de la población y afrontar el envejecimiento” autorizando a las parejas a engendrar un segundo hijo, prosigue.

 

Un padre juega con su hijo en Xian

 

En 1979, cuando Pekín puso en marcha esta política de hijo único, la fertilidad ya había experimentado un importante descenso en los años anteriores gracias a las campañas gubernamentales de planificación familiar, pasando de los casi seis hijos por mujer de 1972 a los 2,7 que se registraban en el año en que se impuso el programa Una familia, un niño, según indica un extraordinario informe de la Guía del Mundo, del Instituto del Tercer Mundo.

En función de esta campaña, las autoridades impusieron una serie de sanciones para las familias que violaran la política del hijo único, que iban desde la multa, la pérdida del empleo o el aborto forzado. En 2007, Pekín reconoció que un tercio de la población china había engendrado un segundo hijo a cambio del pago de una multa.

Para apretar aún más las tuercas, Pekín elevó en 1984 la edad legal mínima para contraer matrimonio, de los 18 a los 20 años, aunque en la realidad la elevación fue aún mayor, de 23 años para las mujeres en las zonas rurales y de 25 en las urbanas.

Las mujeres perdidas

Una de las consecuencias más perversas de estas políticas fue el descenso brusco en el número de mujeres. Dado que sólo se podía tener un hijo y había que pagar una multa para tener un segundo, muchas familias, sobre todo de las zonas rurales, priorizaron a los varones. El resultado de ello fue una oleada de omisiones deliberadas de mujeres en censos y estadísticas (existen, pero no constan), infanticidios, abandonos, negligencias criminales y abortos selectivos.

 

Una niña china en Pekín

 

Como resultado de ello, la ratio entre población masculina y femenina ha llegado a ser de 117 a 100, muy diferente de la media mundial, que es de aproximadamente 105 varones por cada 100 mujeres. El desequilibrio entre géneros se disparó sobre todo a finales de los años noventa, cuando empezaron a llegar las ecografías a las aldeas, con el consiguiente aumento de los abortos selectivos. En 1998, las cifra gubernamentales eran de 120 niños por cada 100 niñas y, en 2000, el censo recogía 13 millones de niñas menos que en el conjunto del periodo 1980-2000. Esta diferencia incluía, por supuesto, a las mujeres que existían de hecho pero no estaban registradas oficialmente.

China sí es país para viejos

Otra consecuencia inevitable de estas políticas es el constante envejecimiento de la población y el decrecimiento global de la población. En 2012, China experimentó un descenso de la mano de obra de 3,45 millones de personas, el “primer decrecimiento absoluto” desde 1979, cuando entró en vigor la norma.

En la actualidad, alrededor del 30 por ciento de la población es mayor de 50 años, y de seguirse con esta tendencia, ese mismo 30 por ciento correspondería, en 2050, a las personas mayores de 60 años, claramente superior al 20 por ciento estimado, por ejemplo, para los países europeos.

Niños obesos, malcriados… y sin novia

Otro aspecto preocupante de la política de hijo único, menos “mensurable”, es el surgimiento de toda una generación de hijos únicos “malcriados, perezosos, egoístas, egocéntricos y obesos”, los “pequeños emperadores” de que hablaba Los Angeles Times Magazine en 1992.

En un país tradicionalmente de familias numerosas, según regoge la Guía del Mundo, la percepción de la sociedad era que los hijos únicos estaban demasiado solos y eran incapaces de afrontar por sí mismos las dificultades de la vida. El resultado fue el llamado síndrome 4-2-1: cuatro abuelos y dos padres tremendamente indulgentes con un solo hijo que vive como un rey, que desarrolla obesidad y que se caracteriza por problemas de conducta.

 

Familia numerosa china en 1904, formada por un marido, tres esposas y 14 hijos

 

Aparte, esa misma juventud egoísta y malcriada es, sobre todo, excesivamente masculina, con graves problemas para encontrar mujeres jóvenes con las que relacionarse y procrear. Uno de los efectos de esta soltería forzada en muchos hombres ha sido el aumento de la prostitución procedente de otros países de Asia y el tráfico de novias. En febrero de 2002, el diario Los Angeles Times informó, a partir de estadísticas gubernamentales, de que casi 7.000 mujeres chinas habían sido secuestradas o habían desaparecido en 1999, una cifra oficial posiblemente muy inferior a la real, ya que sólo ese mismo año habían sido rescatadas más de 7.500 mujeres.

Paulatina relajación de la política de hijo único

Para paliar todos estos problemas, las autoridades han relajado en los últimos años la política de hijo único, hasta el punto de que, en julio de 2014, 19 de las 31 provincias que componen la República Popular China habían autorizado el segundo hijo en los casos en que tanto el padre como la madre sean hijos únicos. Tíbet se incorporó a la lista en noviembre.

El pasado mes de julio, las autoridades informaron de que el número de nacimientos se había incrementado en relación con los anteriores años a causa de la suavización de la política de hijo único, pasando de 15,92 millones en 2010 a 16,87 millones en 2014. A finales de 2014, según fuentes oficiales citadas por Xinhua, la población oficial de China era de 1.368 millones de habitantes.

 

Imágenes | JB en Flickr State Library of Queensland Dimitry B. en Flickr