El jugador del Barça Javier Mascherano reformula su carrera con formato de manual sobre liderazgo.

A Javier Mascherano, el ‘Jefecito’, el apodo le hace justicia sólo a medias. La revista ‘Panenka’ le presenta en su última portada como “El jefe (sin diminutivos)”, y de haber optado por un aumentativo tampoco pasaría nada. Compañero poco sociable en sus inicios, según confesión propia, el jugador del FC Barcelona pertenece a la estirpe de los capitanes sin brazalete, esos que se hacen escuchar, en la caseta y también de puertas afuera. “El liderazgo tiene que ser natural, como el carisma: lo tenés o no lo tenés”, avisa en su libro.

Otro argentino, Hernán Casciari, escribía hace poco que “en general todo el mundo prefiere las respuestas a las preguntas, por eso se venden mejor los libros de autoayuda que las novelas de misterio”. Aprovechando el filón, con ayuda del periodista Nicolás Miguélez, Mascherano ha publicado Los 15 escalones del liderazgo. Pese a lo que pueda sugerir el título, no se trata de la típica lectura para ejecutivos que tiende débiles lazos con el deporte y un personaje famoso para justificar su título. En esta narración a dos voces, Mascherano desgrana su carrera salpicada con moralejas, desde sus inicios en la escuela del modesto Renato Cesarini hasta sus grandes partidos con el FC Barcelona y Argentina. Y eso que, según revela, de niño nunca soñó con ganar la final de la Champions League o jugar la final de la Copa del Mundo, como es normal, sino sencillamente con hacer de la profesión de futbolista su modo de vida.

Mascherano se siente en deuda con el fútbol: piensa que se lo debe todo. Si tiene cierta cultura y habla inglés, si ha interiorizado una serie de valores universales, los aprendió en la cancha, no en el colegio. Es la contrapartida de una profesión que le ha exigido dedicación plena. Renunciar a los estudios, e incluso a divertirse, nunca fue un sacrificio para él, ya que siente que nació para ello. En su código hay dos cosas que no se negocian: el esfuerzo y la fe en las capacidades de uno mismo.

Un pozo turbio

En todo manual sobre el éxito que se precie, el fracaso debe tener un espacio reservado. En el caso de Mascherano, coincide con su llegada a Europa. Tras poco más de un año en River Plate y otro en el Corinthians, una turbia sociedad inversora -esta parte no viene en el libro- propició su llegada y la de Carlos Tévez al West Ham United. Tenía 22 años y acababa de jugar el Mundial de Alemania 2006. Allí no debió de causar una gran impresión a su nuevo entrenador, Alan Pardew, que nada más verle le preguntó en qué posición jugaba. En la comentada entrevista a ‘Panenka’, Mascherano agradece que Rafa Benítez le sacara de aquel pozo, aunque de entrada le costó creerlo: “¿No juego en el West Ham y voy a jugar en el Liverpool?” Cuatro meses después, era titular en la final de la Champions League contra el Milan en Atenas. “Agotar todas las posibilidades es la única manera de evitar la sensación de fracaso”, escribe para quienes quieran tomar nota.

En ese lado oscuro figuran también los errores. “Uno de los aspectos más importantes del liderazgo es ser un juez implacable con uno mismo. Primero me juzgo yo mismo, luego acepto el juicio de los demás”, se impone Mascherano, que se mortifica revisando de vez en cuando en YouTube viejos patinazos, como su rifirrafe con Marcelinho en un entrenamiento con el Corinthians o la patada a un camillero en Ecuador. Cuando se vuelve a ver, se siente avergonzado. El pasado domingo fue noticia en España por algo menos sonrojante, aunque más comentado: en el partido de Liga contra el Eibar, fue expulsado a pocos minutos del final por dirigirse al árbitro asistente con un exabrupto típicamente argentino. Es de esperar, por tanto, que Mascherano se pronuncie sobre el asunto: su código estipula que, cuando los errores no traen consecuencias, es mejor analizarlos en privado; pero cuando se perjudica al equipo (ha sido suspendido con dos partidos), es importante dar un paso al frente. “Reconocer tus propios errores no es una virtud del líder: es una obligación”.​

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