Puede que los medios exagerasen al destacar la importancia de la salida de Carlos Fernández Guerra como community manager de @policía, la cuenta de Twitter con más éxito de entre todos los cuerpos de seguridad del mundo. Pero resulta difícil imaginar que el experto, hoy en las filas de Iberdrola, cometiese un error tan garrafal como el que ha autorizado su sucesora, Carolina González .

El caso es que la cuenta de @policía no ha dudado en tuitear algo tan poco serio que parece más sacado de un programa de salud de medio pelo o de un programa de Cuarto Milenio que de un organismo serio y dedicado a la protección de la ciudadanía. Un mensaje que se atreve a afirmar, sin ninguna evidencia médica que lo sustancie, algo tan peregrino como que dejar encendido el móvil en la mesilla de noche puede llegar a provocar insomnio por “la contaminación invisible de móviles y wifi”.

El debate sobre la influencia del móvil es ya viejo, si bien ningún organismo ha llegado nunca a establecer una relación directa entre las ondas electromagnéticas, al nivel de señal autorizado en Europa, y enfermedad ninguna. 

Sin embargo, Internet está plagado de textos en los que se plantea esta relación. Especialmente influyente fue una corriente planteada por la creadora de Huffington Post, Arianna Huffington, que llegó a regalar a todos sus amigos despertadores para que dejasen cargando el teléfono en otra habitación. Muchos de sus articulistas le siguieron con entusiasmo. 

Contribuyó mucho a la causa de quienes piensan que dormir con el móvil es malísimo un estudio publicado en 2008 y patrocinado por la industria del móvil. 

El párrafo que despertó la imaginación de muchos medios era aquel que decía: “Los resultados sugieren que la exposición a radiofrecuencia, de esta magnitud y duración, provocan efectos indicativos de una activación no específica de la excitación cerebral o de los sistemas de respuesta ante el estrés. Hacen falta más estudios para descubrir qué posibles mecanismos contribuyen a este descubrimiento”. O aquel otro en el que se comentaba: “Los resultados sugieren efectos significativos en el bienestar autopercibido, resultados cognitivos y electrofisiología del cerebro”. 

Sin embargo, parece que no se presentó atención suficiente al párrafo de las conclusiones: “Ya que no se han identificado mecanismos biológicos plausibles que expliquen los efectos de la radiofrecuencia de los teléfonos en humanos, la posibilidad de que la excitación cerebral y los sistemas de respuesta ante el estrés sugieran una relación, hacen especialmente intrigante dilucidar dicha posibilidad”.

El estudio no demostraba que las radiaciones fuesen adversas. No es lo mismo causar un efecto biológico que un efecto adverso. Esta división la traza muy bien este estudio del departamento de Radiología del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas y del CNR napolitano, relativamente reciente y que incorpora casi toda la literatura científica al respecto.

Asimismo, el Sistema Nacional de Salud británico hizo bastantes precisiones al estudio. Por un lado, subrayan que la exposición no era compable a situaciones de la vida real, que las condiciones en las que se medía el sueño no seguían los patrones naturales de sueño y vigilia y eran, en suma, sueño inducido. Además, era un estudio pequeño, de sólo 71 personas, y no se realizó ninguno mayor. Para colmo, hubo participantes que ya tenían síntomas que atribuían al uso y el móvil, y que experimentaron el mismo grado de dolor de cabeza tanto durante la exposición como fuera de ella, lo que sugiere que contaban con sufrir síntomas durante el experimento. 

Lo peor de todo es que los partidarios de sacar el móvil de la habitación, incluyendo la @policia, tienen razón. Porque, más allá de cuestiones científicas, tener el teléfono en la mesilla de noche puede ser muy dañino para el sueño. ¡Porque suena! Es cierto que te puede generar tensión ante la posibilidad de una comunicación a través de cualquier vía, porque quizá nunca terminó de llegar ese Whatsapp que esperabas, porque el reto de esta noche del Hearthstone es muy entretenido o porque te has metido un atracón nocturno de series en Yomvi o Netflix y te puede la tensión de cómo terminará la temporada. O incluso puede que te moleste la contaminación lumínica del indicador de carga. 

Magufos del cáncer

Otra historia muy distinta, un clásico entre divulgadores de medio pelo, es la relación entre radiofrecuencias y cáncer. Después de que en 2011 la IARC clasificase las radiofrecuencias como un carcinógeno de clase 2B, la Organización Mundial de la Salud fue muy clara al respecto:

“Hasta la fecha, la investigación no sugiere ninguna prueba consistente de efectos adversos para la salud de exposición a niveles de frecuencia por debajo de los que causan calentamiento de los tejido. La IARC ha clasificado los campos electromagnéticos en una categoría utilizado cuando es creíble una asociación causal, pero en la que la suerte, la parcialidad o la confusión no pueden ser descartados con una seguridad razonable”.

¿Recuerda el lector toda la polémica sobre las carnes rojas y las carnes procesadas. Pues bien, las carnes procesadas han entrado en la categoría 1, y las carnes rojas en la categoría 2A. Según esto, ambos tipos de producto tienen más posibilidades de producir cáncer que los teléfonos móviles. Para que nos hagamos una idea, en la categoría de las radiofrecuencias nos encontramos con productos como el aloe vera o el café.

Imagen | Flickr – Andy Melton