La falta de entendimiento entre las fuerzas de la izquierda alternativa provoca el alumbramiento de un sinfín de marcas de nuevo cuño. Unidad Popular, La Izquierda y Convergencia de la Izquierda pretenden competir por el electorado natural de Podemos. Pablo Iglesias sigue sin cerrar las alianzas autonómicas a diez días de que se agote el plazo.

Es una constante en la política española. Y diríase que también fuera de nuestras fronteras. La división de la izquierda, cuyo prístino antecedente puede encontrarse en el divorcio Marx-Bakunin de la Primera Internacional, es un fenómeno que parece consustancial a la disputa democrática del poder. En la España de 2015, la fragmentación ha llegado a un punto en que roza el surrealismo, con el agravante de producirse meses después del éxito de las plataformas municipalistas, en torno a las cuales se agruparon en las grandes ciudades las fuerzas a la izquierda del PSOE. Las distintas lecturas hechas de ese éxito, unido al carácter abierto de las legislativas y a la muy humana lucha de egos que acaba emergiendo ante situaciones así, ha hecho que la atomización vaya camino de batir todos los récords.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, convocó ayer oficialmente las elecciones del 20 de diciembre, a la vez que un nuevo proyecto izquierdista se presentaba para concurrir a ellas: el de la exmiembro del PSOE Beatriz Talegón. Se trata de la última de varias iniciativas que se dicen dispuestas a buscar una confluencia que, a diez días de que expire el plazo para presentar coaliciones, se antoja inviable. El proceso de fragmentación se ha agudizado tanto en las últimas semanas que se ha hecho casi imposible de seguir, implicando a la práctica totalidad de los referentes progresistas del país.

Podemos

El partido de Pablo Iglesias aparece como el principal proyecto a la izquierda de Pedro Sánchez, si bien se presenta como transversal y pretende conquistar apoyos más allá de ese espacio. La formación trazó su hoja de ruta para las generales hace un año, garantizando que su nombre y su logo estarían en las papeletas, y a ella se ha ceñido. Cualquier alianza con otros actores debe supeditarse a esa condición, reforzada en verano a través de una consulta interna.

Iglesias ha conseguido integrar en sus listas a Tania Sánchez, la jueza Rosell o el partido ecologista Equo

Sin embargo, el fracaso de la confluencia en Cataluña, las malas nuevas demoscópicas y la presión de partidos con los que se buscan acuerdos en las regiones “con un ecosistema político propio” han llevado a Podemos a aceptar fórmulas donde el protagonismo se comparta o incluso se ceda en alto grado a otros actores. Pero ni así se ha conseguido todavía cerrar los pactos perseguidos con Compromís en Valencia, con Més en Baleares, y con varias fuerzas en Galicia y Cataluña, donde sí hay preacuerdos.

Iglesias volvió a mostrarse ayer “altamente optimista” al respecto, aunque el tiempo corre en su contra. Sí ha conseguido integrar en las listas moradas a independientes como Tania Sánchez, al partido ecologista Equo y a miembros de la sociedad civil como José Manuel Gómez Benítez, David Bravo o Victoria Rosell. Otros, como Rubén Sánchez o Joaquim Bosch, rechazaron la oferta para ir en su candidatura.

Unidad Popular

El 4 de septiembre fue registrado en el Ministerio del Interior el partido Unidad Popular en Común, bajo cuya marca se integrarán IU, la Chunta Aragonesista, Alternativa Socialista o Decide en Común, el partido del ex del PSOE Alberto Sotillos. Todos ellos han participado en las primarias de Ahora en Común, la plataforma lanzada en junio por miembros de IU, Podemos y Equo para buscar una confluencia global.

Ante el fracaso de la iniciativa, los fundadores abandonaron –al igual que Equo y otros muchos participantes– y se llevaron consigo los derechos sobre la marca y las cuentas de las redes sociales. Los que se quedaron tuvieron que buscar una alternativa para concurrir a las generales, que finalmente toma el mismo nombre que la escisión de Syriza en Grecia. Con Alberto Garzón como candidato a La Moncloa, aspiran a seducir al electorado más izquierdista.

La Izquierda

Esta coalición se dio a conocer en un acto público en Madrid el 30 de septiembre. En él participaron la líder de Somos Izquierda, Beatriz Talegón; el exjuez Baltasar Garzón -impulsor del colectivo Convocatoria Cívica-; el coportavoz de Izquierda Abierta, Gaspar Llamazares; la exdiputada Cristina Almeida; y Carolina Huelmo, miembro del círculo Enfermeras de Podemos. Además, dieron su apoyo el exministro de UCD Federico Mayor Zaragoza y el fiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo, que en las europeas de 2014 fue en la lista de Pablo Iglesias.

El proyecto de Talegón lo apoyan Baltasar Garzón, Mayor Zaragoza o Jiménez Villarejo

Ayer tuvo lugar la presentación oficial del proyecto, en el que Talegón se postuló para ser la candidata a la presidencia del Gobierno. No se descarta la asociación con otras fuerzas, como Podemos o Unidad Popular, aunque hasta los propios promotores reconocen que “no es fácil” lograrlo. El programa y las listas, en las que podría ir el mencionado exjuez de la Audiencia Nacional, se darán a conocer en los próximos días. Además de los citados, se integran en La Izquierda partidos como Los Verdes, Nova Esquerda Galega, Partido Humanista y Ezkerra-Berdeak, escisión de IU en el País Vasco.

Convergencia de la Izquierda

Uno de los últimos proyectos en saltar a la palestra ha sido el impulsado por los exmiembros de la antigua Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid (IU-CM). En guerra abierta con la dirección federal durante meses a cuenta del escándalo de las tarjetas black, la situación llevó en febrero a la expulsión de los portavoces de IU-CM, Ángel Pérez y Gregorio Gordo. La tensión fue en aumento, hasta provocar la huida de los ganadores de las primarias para las autonómicas y municipales, Tania Sánchez y Mauricio Valiente. La ruptura provocó que IU-CM presentara a Raquel López a la alcaldía de Madrid, mientras el aparato federal apoyaba a Manuela Carmena, en cuya lista iban también miembros de IU.

Para acabar con esa esquizofrenia política, la dirección de la coalición se desligó de IU-CM en junio, creó su propia organización en la comunidad e inició una batalla por la siglas que acabó ganando. Ahora, la corriente de Pérez y Gordo lanza Convergencia de la Izquierda con la intención de presentarse a las generales, sin descartar un entendimiento con Talegón y Baltasar Garzón. Asimismo, aseguran que podrían apoyar a IU en Castilla-La Mancha, Canarias o Asturias, donde sí tienen sintonía con la coalición que coordina Cayo Lara y que los expulsó.

Y muchos más

Además, está toda la amalgama de partidos autonómicos izquierdistas, muchos de ellos ubicados en la marginalidad política pero otros con una implantación importante. La mayoría de estos últimos son los ya citados como objeto de deseo de Podemos –Compromís, Més, ICV, Anova– que se presentarían por su cuenta o bajo otras fórmulas confluyentes en caso de desencuentro con la formación morada. Alianzas municipalistas como las mareas gallegas o Barcelona en Comú también negocian un pacto con el partido de Iglesias, que ha llegado a prometer un grupo propio en el Congreso a cada candidatura autonómica que se configure. Completan la oferta electoral de la izquierda formaciones independentistas como ERC o el BNG y la izquierda abertzale. La CUP, una de las triunfadoras el 27-S, no se presentará a las generales.

Esta atomización contrasta con el bloque compacto que desde hace más de un cuarto de siglo ha conformado el centro derecha sociológico en torno al PP, partido cuya ambición de integrar a “todo lo que está a la derecha” del PSOE solo se ha visto amenazada ahora, con la irrupción de Ciudadanos. “Siempre reconocí que cuando se dice ‘vamos a unir la izquierda’ esto es extraordinariamente complicado por el modo en que están configurados los partidos (…) Lo que estaba claro es que había que hacerlo”, escribe Alberto Garzón en su libro de memorias recién publicado. No será, desde luego, este año cuando se cumpla su pretensión.