Los comicios del 20-D ya están convocados oficialmente y comienza la carrera que tiene como meta la gobernabilidad de España. El Consejo de Ministros, reunido en sesión extraordinaria ha aprobado el real decreto de disolución de las Cortes y la convocatoria de las elecciones generales. En su primer gran acto de la precampaña –celebrado en el palacio de la Moncloa para hacer balance de la legislatura-, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se ha encargado de pedir el voto a los ciudadanos para el Partido Popular con el único argumento de que él, a los mandos del Estado, es “lo que más conviene a España”. Eso sí, avisó a Artur Mas de que todo está preparado para frenar su órdago secesionista.

Durante el mitin –que tuvo en esta ocasión el formato de rueda de prensa- el jefe del Ejecutivo deja claro que mantiene como su gran aval para la victoria la mejoría económica, al tiempo que evita hablar de pactos poselectorales con Ciudadanos, promete que en sus listas irán los mejores y echa balones fuera sobre su presencia en los debates: “Me pongo a las órdenes de mi director de campaña”.

Con todos los miembros de su Gabinete sentados en la primera fila de asientos que llenaban el salón donde tuvo lugar la rueda de prensa –incluida, entre ellos, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría-, el principal inquilino de la Moncloa quiso zanjar el debate sucesorio que se ha abierto en su partido sobre la conveniencia de que sea él quien encabece la lista por Madrid, sobre todo tras los fracasos en las elecciones europeas, andaluzas, autonómicas, municipales.

En este punto, el jefe del Ejecutivo declaró tajante que se considera el mejor candidato de los posibles con los que cuenta su partido. “Si no lo creyera, no me presentaría”, dijo como única respuesta ante las preguntas que, en este sentido, le formularon los periodistas.

Eso sí, Rajoy no quiso desvelar qué hará si no logra formar gobierno tras los comicios del 20 de diciembre. Según dijo, su prioridad es hacer cuento está en su mano para seguir en el palacio de la Moncloa, porque su presencia a los mandos de la gobernabilidad del Estado “es lo que más conviene a España”.

El líder del PP elude entrar en peleas con Aznar

En cuanto a las descalificaciones que le ha dirigido José María Aznar, el político gallego demostró que no quiere entrar en peleas con su antecesor al frente del Gobierno y el partido. “Respeto las opiniones de todo el mundo”, se limitó a decir, consciente de que cualquier batalla interna le restará votos en la cita con las urnas del próximo mes de diciembre.

También eludió hablar de Ciudadanos, el partido que le está arrebatando alrededor del 20 por ciento de sus votantes tradicionales, según ponen de manifiesto las encuestas sobre intención de voto para las elecciones generales. Rajoy tiene claro que la estrategia a seguir no pasa por adelantar su posición acerca de la política de pactos que deberá producirse –obligatoriamente, según los sondeos- tras los comicios del 20-D.

No obstante, el jefe del Ejecutivo rechaza con contundencia la exigencia del partido de Albert Rivera de pedir su cabeza, si los votos de C´s son imprescindibles para investir a un candidato del PP. “Mi cabeza está bien situada y no dejaré que nadie la cambie de sitio”, señaló el presidente del Gobierno, haciendo gala de su socarronería gallega.

Balance más propio de un consejero delegado

La comparecencia del presidente del Gobierno ante los medios de comunicación dejó claro que su gran aval para presentarse a los comicios es la recuperación económica. La práctica totalidad de su discurso inicial se centró en los méritos contraídos para evitar el rescate de España. Su mensaje pareció más el de un consejero delegado de una gran empresa que el del máximo mandatario del poder ejecutivo. Así se lo reprochó uno de los periodistas presentes en el acto de la Moncloa. Ante tal aseveración, Rajoy respondió que son, precisamente, las cuestiones económicas –relacionadas con el paro, las pensiones, la educación, la sanidad…- las que más interesan a los españoles, según reflejan las encuestas sobre las principales preocupaciones ciudadanas.

Sin atisbo de autocrítica, el jefe del Ejecutivo se refirió también a las otras grandes cuestiones que han provocado sus desvelos durante los últimos cuatro años: la corrupción y el órdago secesionista.

En cuanto a la primera de ellas, Rajoy se negó a achacar a los escándalos políticos el principal motivo del retroceso del PP en intención de voto, como hizo en otros foros. Se limitó a decir jamás -como ahora- las Fuerzas de Seguridad del Estado, la Fiscalía y los tribunales de Justicia habían tenido tanta autonomía y libertad en su lucha contra la corrupción.

Todo preparado para frenar el órdago catalán

Respecto a la situación en Cataluña, el jefe del Ejecutivo no tuvo empacho en afirmar que ha cumplido con su obligación, “con prudencia y proporcionalidad”, de hacer frente al órdago secesionista, al tiempo que anunció –sin dar más detalles- que está preparado para contrarrestar una posible declaración unilateral de independencia, si es que ésta se produce.

Tampoco quiso pronunciarse Rajoy sobre los nervios que existen en las filas populares sobre la confección de las candidaturas del PP en las elecciones generales. Para salir al paso de las preguntas que le formulaban los periodistas, el líder de la Moncloa se limitó a decir que en las listas estarán “los mejores”.

En su línea de evitar las preguntas incómodas, el presidente del Gobierno eludió confirmar si estará presente en los debates a cuatro –PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos- que reclaman las cadenas de televisión. En este asunto echó balones fuera, al asegurar que se pone a las órdenes de su director de campaña, Jorge Moragas. “Él sabe –dijo- lo que más conviene al PP”.