Superficialmente, La araña del olvido es una novela gráfica sobre Federico García Lorca y las atroces circunstancias que rodearon a su muerte.

En realidad, es un absorbente ensayo sobre cómo la obsesión puede atenazar a una persona hasta concentrar todos sus esfuerzos y arruinarle económica, física y psicológicamente. Porque La araña del olvido (título extraído de un verso del propio Lorca) no habla en realidad de Lorca, sino del escritor Agustín Penón, un norteamericano de ascendencia española que creyó en los años cincuenta que podría llegar a Granada y desenterrar los fantasmas de la Guerra.

En su mente analítica, pensó que quince años después de la contienda los muertos estarían suficientemente muertos, pero lo que se encuentra en Granada es una ciudad en la que los victoriosos quieren seguir demostrando que lo son y no hablar de cómo lo consiguieron, y los vencidos viven aterrorizados y muy resentidos.

Penón comienza a entrevistarse con unos y otros buscando el lugar donde desapareció el poeta y su deseo de escribir un libro sobre sus pesquisas, pese a que acaba encontrando el lugar, queda en nada. Todas estas investigaciones, de hecho, habrían llegado a un punto muerto si no hubiera sido por la amiga del periodista Marta Osorio, que completó y publicó su obra.

Enrique Bonet monta en su primera novela gráfica, con todos esos elementos, una historia fascinante y que absorbe al lector como los últimos días de Lorca absorbieron a Penón.

De estructura aparentemente sencilla, y una lectura densa, llena de meandros y callejones sin salida como una investigación real, Bonet se permite algunos experimentos narrativos como narrar dos entrevistas que ofrecen versiones de la realidad contrapuestas de forma simultánea. Aunque Bonet tiene algún problemilla de ritmo, el resultado es extraordinario: la ambientación y reflejo del habla y los caracteres de los personajes es espectacular, y logra lanzar, sin hacerlo explícito, un inquietante mensaje sobre lo que se calla en las posguerras.

Los traumas de vencedores y vencidos y cómo estos se interconectan en una maraña de espinas que devora a todo aquel que se atreva a adentrarse en ella. La excusa para este descorazonador mensaje es la localización de un poeta muerto, pero las patas de esta araña se extienden hasta cosquillearnos la nuca, como tristemente sabemos muy bien, hoy mismo. La araña del olvido, como todo buen monstruo, tiene ese extraordinario alcance.

ficha

La araña del olvido
Enrique Bonet
Astiberri Ediciones
2015