El drama estaba servido y los periodistas preparados. El Consell General deCompromís decidía el sábado la respuesta definitiva a la oferta de alianza electoral lanzada por Podemos.

Si salía el “sí” habría que explicar las razones que habían llevado a la coalición a tomar una decisión en contra de lo votado por gran parte de la militancia, y se hablaría de la victoria de Oltra sobre el Bloc Nacionalista Valencià. Si ganaba el “no” tocaría escribir sobre las tensiones internas entre las partes y ver si Podemos aún guardaba algún as en la manga para atraer a Oltra aún a costa de la ruptura de Compromís. Sin embargo cuando los periodistas recibieron el mail con la resolución de la coalición, lo que venía escrito era muy diferente a lo que todos esperaban.

¿Qué decidió ayer el Consell General de Compromís? Pues, literalmente, “impulsar una candidatura de amplio espectro político y social sin excluir a ningún componente que incluya los valores del valencianismo, la izquierda, el ecologismo y el progreso”. Parecería que la resolución abre las puertas de par en par a la alianza con Podemos, pero el hecho de que el texto aprobado fuera presentado por los principales opositores a la confluencia con los de Pablo Iglesias, llama a realizar un análisis más frío de lo sucedido ayer durante cuatro horas de reunión.

El Bloc Nacionalista Valencià se había mostrado en todo momento en contra de una alianza con Podemos. El partido que agrupa a más de la mitad de los afiliados de Compromís consideraba el pacto con los de Pablo Iglesias una amenaza para su mensaje de ser el único partido político valenciano que no rinde cuentas a una estructura en Madrid. Podemos ofreció el martes, a través del partido de Mónica Oltra (Iniciativa del PobleValencià), una fórmula legal para que Compromíscontara con un grupo parlamentario propio en el Congreso de los Diputados(el objetivo desde hace años de los nacionalistas valencianos); la propuesta estaba tan diseñada para seducir a los miembros del Bloc que incluso —según publicaron los periodistas Adolf Beltrán y Voro Maroto de eldiario.es— ponía en ese mismo momento sobre la mesa un reparto de candidaturas por provincia favorable a los nacionalistas y un nombre para la coalición que aseguraba que Compromíssería lo primero que se leyera en las papeletas. Sin embargo el Bloc no quiso cerrar ningún tipo de acuerdo y mandó la decisión final al Consell General de la coalición. Podemos no contó con que la militancia del Bloc ya había rechazado un mes antes las cosas que le ofrecían a última hora, y calculó mal el impacto que ha tenido entre los nacionalistas valencianos los malos resultados de la coalición impulsada por Iglesias para las autonómicas de Cataluña.

Mientras el Bloc hacía valer la fuerza de su porcentaje en la base de militantes de Compromís,Iniciativa del País Valenciàvolvía a jugar la baza del peso del carisma de Mónica Oltra en la imagen pública de la coalición. El partido de Oltra permite la doble militancia y se podía permitir amenazar con marchar junto a Iglesias por su cuenta sin contar con sus aliados del Bloc. Al fin y al cabo esa misma amenaza fue la que acabó imponiendo las tesis de Iniciativa en las primarias que dieron a Mónica Oltra el número uno de la candidatura de Compromís a la presidencia de la Generalitat Valenciana.

Con este panorama no es de extrañar que numerosos periodistas utilizaran símiles sobre parejas para hablar de la situación de Compromís. “Divorcio” o “tomarse un descanso” han sido expresiones que los lectores valencianos han leído cuando se ha hablado de la tensa situación que se vivía en los despachos de la coalición. Sin embargo Iniciativa y Bloc demostraron el sábado que más que amantes despechados son familiares lejanos que mantienen una calma tensa a la espera de que sea el otro quien de facilite una excusa para montar una bronca y no tener que volverse a ver.

Una carrera contrarreloj

Porque lo que ha hecho el Bloc es, básicamente, no decir que no a las pretensiones de Oltra, pero establecer unas condiciones que en la práctica devuelven al punto de partida las negociaciones con Podemos. La resolución aprobada por a petición del Bloc exige hablar con otras formaciones políticas y sociales (entre otros se piensa en Esquerra Unida, la rama valenciana de Izquierda Unida) y que quien se sume a la coalición acepte una tener una “estricta obediencia valenciana” —o lo que es lo mismo asumir la agenda de Compromís en el Congreso de los Diputados— y una campaña electoral independiente de la de que pueda organizar su matriz estatal. En resumen más condicionantes y más actores para una negociación que ha de cerrarse el seis de noviembre, día en el que expira el plazo para presentar coaliciones políticas a la Junta Electoral Central.

El próximo movimiento será de Podemos, quien tendrá que decidir cuanto desea apostar por una coalición en la que sólo le vale Oltra y le sobran todos los demás.