Dos hieráticos guardianes de hierro de Xavier Mascaró vigilan la entrada de la finca y nos dejan claro que en esta bodega lo menos sorprendente será catar vinos. Esculturas de colores y formas imposibles, estudiadamente desperdigadas por los jardines que rodean los cinco edificios singulares de Bodega Otazu , conforman un peculiar museo al aire libre. De un lado, el viñedo, que en esta época del año dibuja una paleta de amarillos, ocres y rojizos que sirve de inspiración a las obras de arte que estamos a punto de descubrir en el interior. Del otro, hasta donde nos alcanza la vista, una vieja iglesia, un precioso palacio y una torre de defensa. Nos encontramos en un enclave realmente especial que aúna historia, arte, naturaleza y vino . Y sonreímos por primera vez en esta aventura.

De la mano de Guillermo Penso, el joven y entusiasta Director General de Otazu, comenzamos la visita en la bodega antigua, donde una escultura de Manolo Valdés nos da la bienvenida a un museo del vino como no estamos acostumbrados a ver en una bodega. Es Ariadne, amante de Baco e imagen de la etiqueta, quien nos invita a entrar al Museo del Señorío de Otazu. En el interior, rodeados de máquinas y viejos útiles relacionados con el cultivo de la vid, nos cuentan que Otazu ha ido avanzando y adaptándose a los tiempos. Diferentes cultivos y explotaciones se han desarrollado durante siglos y este museo pretende ser un homenaje a dicha evolución. Aquí empieza una experiencia de 120 minutos, en la que descubrimos en profundidad la historia de la bodega y de su señorío, por donde antiguamente pasaba el Camino de Santiago y cuya iglesia románica del siglo XII (con un retablo del XVII, un misterioso Cristo de rasgos asiáticos y en la que se celebran bodas privadas), torre de defensa del siglo XIV y Palacio Cabo de Armería del siglo XVI comparten escenario con imponentes piezas de arte contemporáneo pertenecientes a una impresionante colección familar. “Cada artista ha decidido dónde colocar su obra”, comenta Penso.


Otazu es una bodega histórica cuyo origen se remonta a 1840, cuando se construye en Navarra la primera bodega de estilo francés, fuera del casco urbano y en una sola finca. En ella se hizo vino hasta que a mediados del siglo XIX comenzaron las plagas que acabaron con las vides. Después, las tierras se utilizaron para el cultivo de remolacha. Hasta que la familia de Guillermo Penso decidió volver a sus orígenes vitivinícolas plantando nuevas cepas. Nos cuentan que la bodega ha sido convertida a día de hoy en museo del vino y galería de arte, y también enriquecida con las últimas tecnologías de elaboración, crianza y embotellado. “Cuando compramos la vieja bodega, en la década de los 90, podríamos haber contratado a Frank Gehry para que nos hiciera un modernísimo ‘pastel’ de los suyos, pero decidimos apostar por salvaguardar su auténtica esencia”, defiende el Director.

Del museo nos llevan a otra galería, esta de arte contemporáneo, donde las obras de prestigiosos artistas internacionales conviven con barricas y botelleros como una especie de MoMA en miniatura. Nombres clave del panorama artístico actual nos invitan a formar parte de la magia de sus creaciones, muchas de ellas interactivas, para llevarnos de la mano a la siguiente parada de la visita.

Estamos en la zona de elaboración del vino. Desde aquí, recorremos todos los pasos que siguen las uvas desde la viña hasta convertirse en fabulosos vinos. Pasamos por la magnífica sala de barricas subterránea, formada por nueve bóvedas de hormigón, cuyo diseño y disposición nos recuerdan a una catedral, la “catedral del vino”, todo un referente arquitectónico a nivel internacional; atravesamos la cripta de botellas y llegamos a la sala de cata desde donde se pueden apreciar todas las labores de vendimia y bodega. Y aquí, por supuesto, catamos los mejores vinos de Otazu.


Vinos con personalidad

Bodega Otazu cuenta con el viñedo de uvas tintas más al norte de España. Se encuentra ubicada a tan sólo 8 km de Pamplona y enmarcada entre la Sierra del Perdón y la Sierra de Etxauri, con el río Arga como delimitador natural. En sus 110 hectáreas de viñedo propio, gracias a las excepcionales características del suelo y su especial microclima, los vinos son muy diferentes al resto de la región. No en vano, la maduración de la uva en Bodega Otazu se produce aproximadamente 15 días más tarde que en el resto de Navarra. Como resultado, disponen para sus vinos de un fruto peculiar, cuyo reflejo no será otro que una personalidad y unas características de gran singularidad. También es una de las 15 bodegas españolas que ha obtenido la máxima certificación en sus viñedos: Denominación de Origen Protegida Pago, una categoría superior incluso a la Denominación de Origen Calificada.


Visitas a la carta

Para Bodega Otazu, el turismo enológico va mucho más allá de la mera visita o la cata de vinos. Es una parte fundamental de la forma de entender el vino, un conjunto de experiencias singulares que se quedan grabadas por siempre en la memoria y que sirven como catalizadoras de emociones cuya única finalidad es ser disfrutado y compartido. Enoturismo como concepto que engloba historia, cultura, arte, naturaleza, terroir, emociones… rasgos esenciales que distinguen especialemente a esta bodega.

Así, además de la visita básica, que incluye el recorrido expuesto aquí arriba, también ofrecen a los clientes más exigentes la posibilidad de alojarse en el exclusivo Hotel Alma Pamplona Muga de Beloso, sobrevolar el viñedo en helicóptero y disfrutar del entorno único de Otazu y sus alrededores en los Pirineos a vista de pájaro, hacer un exquisito picnic en medio del viñedo o realizar una visita guiada por la galería de arte con el mismísimo comisario de la exposición.

Bodega Otazu
C/ Señorío de Otazu s/n
31174, Etxauri, Navarra, España
T. +34 948 329 200
Web: www.otazu.com