Autora de webcomics desde 2010, Emily Carroll obtuvo un notable reconocimiento con su estupendo trabajo His face all red y una repercusión aún mayor (entre otras cosas, un Eisner a la Mejor Novela Gráfica en 2015) con su recopilatorio en formato libro -recién editado por Sapristi Comics en nuestro país- Cruzando el bosque .

No es para menos: las historias de terror de Carroll son un sensacional cruce de caminos de tendencias, lenguajes y formas de entender el misterio, el suspense y el horror puro. También es una buena forma de aplicar las técnicas de la libérrima Internet y del lenguaje de los webcomics, en constante evolución por formatos con variaciones infinitas, al más tradicional papel impreso.

Carroll maneja todo ello aplicándolo al terror, y el resultado es tan natural que parece que la forma que tiene la autora de contar sus historias de miedo es la canónica, cuando su estructura y narrativa son personalísimas. Posiblemente, se debe a que la esencia de sus cuentos (en este volumen, cinco más un prólogo y un epílogo brevísimos y deliciosos) viene del lado más macabro de los cuentos de hadas (hay guiños más o menos explícitos a Hansel y Gretel, Caperucita Roja o Barbazul) y del relato fantasmagórico victoriano, de donde extrae muchos de sus personajes, de ex-mujeres muertas a falsas mediums infantiles.

Los componentes son clásicos, pero la forma de amasar el miedo y lanzárselo al espectador no tanto: Carroll es muy amiga de enseñar las monstruosidades solo a medias, o bien de dejar el impacto de un monstruo horrendo e incomprensible para una página completa y un estallido de colores chirriantes, tal y como hacen autores de mangas de terror como Junji Ito. Su forma de entender el cuento de género es claramente posmoderna, y juega con los tópicos que el lector cree que tiene asimilados para sorprenderle e impactarle. Como alguno de sus monstruos más fascinantes, Carroll cambia de piel y salta de lo clásico a lo moderno para convertir sus historias en montañas rusas del pánico.

Pero además, Emily Carroll juguetea con el formato después de haberlo exprimido en versión digital. Hay páginas que son solo negro y una viñeta en una esquina, y otras que son demenciales composiciones rebosantes de horror vacui. Hay un jugueteo con los colores casi eléctricos que tan bien quedan en pantalla y que, por suerte, la edición de Sapristi Comic permite apreciar en toda su gloria. Hay viñetas estiradas para simular cuevas y onomatopeyas que recorren laberínticas emociones: nada que el comic impreso no haya visto con anterioridad, pero lo cierto es que la sensibilidad de Carroll, tan moderna y tan iconoclasta, educada en Internet y la pantalla, le permite hermanarse con formas muy clásicas de narrativa secuencial.

Esa contradicción es la que palpita en el corazón de Cruzando el bosque, y es lo que lo hace especial. Tan lejos y tan cerca. Tan clásico y tan moderno, pero siempre aterrador. Uno de los mejores tebeos de miedo del año. O uno de los mejores, punto.

ficha

Cruzando el bosque
Emily Carroll
Sapristi Comics
2015