“Poner un poco de música de ambiente y hablar con una conocida sobre Picasso, Nietzsche, jazz y sexo”. Así imaginaba Hugh Hefner a sus potenciales lectores y así lo escribió el fundador de Playboy en su primer número. Voy a ser sincero. Creo que dos de los cuatro temas propuestos no los he usado en un diálogo en mi vida. Y del jazz sólo hablé para defender Los Aristogatos de Disney .

No soy, ni fui, ni creo que seré un lector de Playboy, pero estoy casi seguro de que fue la primera revista de la que oí hablar cuando era un mocoso. Recuerdo volver del colegio, pararme en frente del ‘Felipe’, la papelería del barrio, y ver colgadas las portadas de aquellas revistas con mucha mujer y poca ropa y que ya empezaban a despertar en mí una ligera curiosidad. Por supuesto que disimulaba. No lo entendía pero sabía que había algo de prohibido en aquello. Hacía que miraba la portada de Cambio16 o de El Jueves, pero de reojo veía inocentemente, con la pesada mochila a la espalda, a aquellas mujeres. Supongo que en realidad era lo que hacíamos todos los que nos parábamos delante del ‘Felipe’.

Y desde mi inocencia, perdida entre caminos de ida y vuelta al colegio, recuerdo que tampoco lograba entender por qué de aquel símbolo en la revista: ¿Un conejo? ¿Con pajarita? ¿Era acaso una revista infantil? Y reconozco también que nunca pregunté a nadie la relación entre ese animal y esa revista. Supongo que es una de esas cosas de las que uno, al final, se da cuenta y dice: qué tonto fui por no haberme dado cuenta antes, y te hace sentir adulto. Y terminamos disimulando como si ya lo supiéramos de toda la vida. Así somos.

Ese conejo con pajarita lo diseñó ART PAUL (Chicago, 1925). En realidad se llamaba (se llama) Arthur, pero incluir “art” en el nombre de un diseñador gráfico supongo que imprime tanto carácter como si un delantero de fútbol se llamara “Gol” o un presidente de gobierno “Mariano”. Igual esto último no.

Art Paul [curioso que es justo lo que falta para completar a Simon y Garfunkel] era un diseñador que trabajaba por libre. Había servido en el ejército del aire durante la Segunda Guerra Mundial pero 1953 le cambió la vida. Hugh Hefner, entonces con 27 años, contactó con él porque necesitaba un director de arte para su nueva publicación que se iba a llamar ‘Stag Party’, algo así como ‘Despedida de solteros’. Ya había una revista que se llamaba ‘Stag’, así que a última hora la bautizaron como Playboy.

Ni Hefner ni Paul pensaron que la primera revista, con Marilyn Monroe en portada iba a tener continuidad. De hecho ni siquiera la numeraron ni pusieron fecha. Tras agotarse el primer número -para su sorpresa- Hefner encargó a Paul un símbolo que acompañara a la revista. Algo sencillo y que pudiera ser utilizado como punto final de los artículos, esos que ha leído tanta gente. Probablemente, en el el mayor arrebato inspirador de su carrera, Art Paul diseñó un conejo con pajarita.

Art Paul confesó muchos años después: “Si hubiera sabido la importancia que iba a alcanzar ese dibujo lo hubiera dibujado una y otra vez docenas de veces, pero supongo que ninguna de esas versiones habría quedado como el original. Sólo hice un dibujo y me llevó como media hora hacerlo”. Media hora.

Luego llegó el marketing y el símbolo, como buen conejo, se multiplicó y ahora lo vemos en complementos, ropa, pegatinas, estuches, lencenría… Es reconocible hasta por aquellos que nunca compraron la revista, como aquellos que visten esas camisetas de Ramones y que no conocen ni dos de sus canciones. El conejo se identificó tanto con la revista que la leyenda cuenta que un lector de Nueva York hizo llegar una carta a la redacción de Playboy dibujando un conejo en el sobre en lugar de la dirección. Lo que no es una leyenda es que el avión privado del viejo Hef se llamó Big Bunny, Gran Conejo. Era un DC-9 negro con el dibujito en el timón de cola y con, como podrás imaginar, todas las comodidades en el interior [guiño, guiño]. Y como curiosidad, y aunque no tenga que ver con el dibujo ni su creador, hay una especie de conejo, en peligro de extinción en los 90, que se bautizó científicamente como Hefneri Palustris Sylvilagus en honor al mandamás de Playboy.

Desde el segundo número de la revista ahí está ese mamífero logomorfo orejudo que ha inspirado, asustado y hecho fantasear a generaciones. Pero no hay que asustarse, es sólo un dibujo.