Las cajas de ahorros no eran, de por sí, menos solventes que los bancos privados. Esta es una de las conclusiones a las que llega un reciente estudio sobre el sistema financiero español publicado en la revista científica Cuadernos de Economía.

Una de las consecuencias directas del rescate del sistema financiero español sufrido en el verano de 2012 ha sido la práctica desaparición de las cajas de ahorros, tras cerca de 300 años funcionando de forma ininterrumpida. Las nuevas obligaciones legales han supuesto la conversión forzosa de la inmensa mayoría en bancos o fundaciones bancarias, y a día de hoy tan solo perviven dos cajas con su antigua forma social (Ontinyent y Pollença), si bien forzadas a mantener un tamaño pequeño y circunscritas a su ámbito estricto geográfico.

A inicios de la crisis había en el sector financiero español 59 entidades de cierto tamaño, de las que 45 eran cajas de ahorros y 14 bancos comerciales. A comienzos de 2015 esta cifra se había reducido ya a tan solo 17 grupos financieros, en su mayoría controlados y dirigidos por la banca. Y eso que aún está por llegar una inminente nueva ronda de fusiones con varios candidatos en las quinielas.

Las cajas de ahorros han sido la pagaderas de esta crisis, como cajas han sido la mayoría de entidades que han necesitado inyecciones de fondos públicos. ¿Eran las cajas, por su propia forma de ser, el problema del sector financiero español? Un reciente estudio (La solvencia de las entidades de crédito españolas) firmado por el profesor Salvador Climent (Universidad de Valencia) y publicado por la revista científica Cuadernos de Economía pone en duda este aparente dogma financiero.

Más apalancamiento de los bancos

Mediante comparación de los números fundamentales de las entidades financieras españolas entre 2006 y 2011, el profesor Climent observa que “en la solvencia no existen diferencias entre las cajas de ahorros y los bancos”. Es decir, que desde un punto de vista fundamentalmente regulatorio, ambos tipos de instituciones de crédito tenían una capacidad de resistencia a los problemas similar. Al menos de antemano.

Y es que las diferencias entre cajas y bancos empiezan a hacerse notorias en otras variables que influyen en la solvencia. Así, por ejemplo, las cajas tienen una media “significativamente mayor” de capital a corto plazo, inversiones inmobiliarias y rendimientos del capital; por su parte, la banca destaca sobre sus antiguas competidoras en tener un mayor apalancamiento, una mayor cartera de activos, más financiación de los bancos centrales, mejores resultados de las participadas…

Donde son veraderamente notables las diferencias es entre las entidades que han recibido ayudas (casi todas cajas) y el resto. De hecho, la solvencia media de las entidades que no necesitaron un rescate público era un 40% mayor que las cajas y bancos que precisaron de inyecciones de capital del Estado.

A más financiación mayorista, menos solvencia

El estudio del profesor Climent también analiza las variables que influyen positiva o negativamente para que las entidades financieras fueran más o menos solventes. Así, sus investigaciones concluyen que “el incremento de la financiación proveniente de los mercados mayoristas, de los bancos centrales y de la deuda subordinada” es una de las causas que provoca una menor solvencia en las entidades. Lo mismo ocurre con la situación socioeconómica, que provoca un aumento de la morosidad y por lo tanto de las provisiones para tapar agujeros.

Por el contrario, y aunque pueda parecer contraintuitivo, un mayor apalancamiento (endeudamiento) de las entidades no solo no lamina su solvencia, sino que la incrementa, ya que supone un mayor impulso para los ingresos respecto al mayor riesgo implícito en los balances generado por ese mayor nivel del deuda.

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