Vea hoy a las bandas del mañana en la ciudad de la música. Esa era la promesa que el festival portuense volvió a cumplir con una nota altísima. Tres días con más de 200 conciertos que convirtieron a este rincón de la Bahía de Cádiz en la capital de la escena musical nacional.

“¿Os gusta el Monkey Week? Pues decídselo a la gente”, pidió Paco Loco, uno de los impulsores y alma del festival portuense, durante la fantástica actuación de su grupo Los Jaguares de la Bahía. Y es que el evento, que celebró el pasado puente del Pilar su séptima edición, tiene vocación de seguir creciendo. La idea es buena, el marco perfecto y la organización está a la altura. ¿Que cómo se mide eso? Principalmente, porque cumple lo que promete.

La primera promesa es que el asistente vivirá tres días en la ‘Ciudad de la Música’. Y no exagera. El centro de El Puerto de Santa María se convirtió en un hervidero de músicos, conciertos y eventos, con escenarios que iban desde la clásica sala a una bodega o la terraza de un restaurante. Donde no era difícil charlar o brindar (dependiendo de la hora) con los artistas a los que minutos antes se había aplaudido a rabiar. Pero en la Ciudad de la Música todos reman en la misma dirección, cada comercio, bar o establecimiento sabe que el impulso económico que el festival proporciona a un sector que vive casi exclusivamente del verano es vital.

La segunda se centra más en el ambito musical y es más difícil de cumplir si cabe: ‘vea ahora las bandas del mañana’. Pero aquí uno se da cuenta de dos cosas: el trabajo que hay detrás a la hora de elegir a los grupos y cómo estos se ven favorecidos por un contexto que, frente al clásico formato de macrofestival, da a todos (prácticamente) las mismas oportunidades. Cada asistente elige su propio recorrido (con más de 200 conciertos en tres días) e irá viviendo, en escenarios completamente diferentes, su propia experiencia. Como cada uno tiene la suya, aquí se destacan siete momentos que bien podrían haber sido otros siete distintos… ¡y con argumentos suficientes como para defenderlos!

Fumaça Preta

En el Primavera Sound los pusieron a primera hora de la tarde y montaron una fiesta. En el Monkey bien entrada la noche y montaron otra. Garage, cumbia, rock, tropicalia… y versión de The Sonics para terminar. Lo dicho, una fiesta.

Toundra

Post-rock con toque metalero y un puñado de discos a un nivel tan alto como su directo. No hace falta irse a Gran Bretaña o EE UU para encontrar esa conjunción… ¡son de Madrid!

Steve Wynn

Si el show acústico del miembro de The Dream Syndicate apuntaba a imperdible, el acompañamiento eléctrico de Paco Loco (manteniéndose en un segundo plano escénico, que no musical) lo convirtieron en uno de los momentazos de este Monkey.

Robbie & Seth Forgiveness

La terraza del Bar Santa María se convirtió, como bromearon los protagonistas, en algo así como la azotea de un Abbey Road sinvergüenza y cañí. Los dos líderes de The Mockers, entre temazo y temazo, arrancaron las risas de un público entregado entre el que se ganaron un buen número de nuevos seguidores.

AJ Davila y Terror Amor

El líder portorriqueño de Davila 666 destila carisma y confianza. Su nuevo proyecto va desde la psicodelia y el garage al rock y el pop… Y tiene razón en mostrarse tan seguro, porque sigue funcionando.

Los Vinagres

De esos grupos que dan sentido al festival. Tres jóvenes garageros canarios cuyo sonido es una auténtica locomotora que pasa por encima del que los está escuchando. Si el asistente logró apartar la mirada del escenario, fue para apuntárselos como banda a seguir.

Niño de Elche

No por estar en último lugar de esta lista es menos valorado. Un artista como la copa de un pino y la propuesta más arriesgada que uno pudo ver en el Monkey. El flamenco es sólo un punto de partida, pero desde luego no es el final de un camino con curvas tan cerradas como el krautrock o el tecnopop. El Teatro Pedro Muñoz Seca era el escenario idóneo y el artista (apoyado por dos músicos excelentes y un magnífico juego de luces) lo exprimió al máximo en una última jornada de festival en la que muchos ya estaban de acuerdo. El Monkey gusta… y mucho.