El Partido Popular se ha convertido en un polvorín. La entrevista con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que se despacha con duras críticas a sus compañeros de partido; la huida de la diputada Cayetana Álvarez de Toledo, que se despide de su escaño con un violento ataque a Mariano Rajoy; y, sobre todo, la dimisión de Arantza Quiroga, cuya marcha abre una importante crisis en el PP vasco y deja tocada a su amiga y protectora, María Dolores de Cospedal, convirtieron el día de ayer en una jornada aciaga para el PP. A poco más de dos meses para las elecciones generales, los populares se ven superados por las numerosas crisis internas.

Todo comenzó a primera hora de la mañana, cuando la presidenta del Partido Popular del País Vasco, Arantza Quiroga, anunciaba su dimisión y la retirada de la vida política, tras sentirse desautorizada por la ejecutiva del partido en Madrid. El anuncio de Quiroga ponía fin al culebrón que durante una semana ha vivido el PP vasco, desde que su presidenta presentara una ponencia parlamentaria sobre “libertad y convivencia”, que a la izquierda abertzale le pareció de acercamiento a sus planes de reconciliación. Después de que las víctimas del terrorismo pusieran el grito en el cielo, la dirección del PP obligó a la presidenta en el País Vasco a retirar la iniciativa.

Ayer, en sus explicaciones para justificar tal decisión, Quiroga quiso dejar claro que volvería a presentar “una y mil veces” la moción porque el Partido Popular debe ser “la vanguardia en la búsqueda de la convivencia, verdad y justicia con las víctimas”, informa la agencia de noticias Europa Press.

En una rueda de prensa en San Sebastián, en la que fue su primera comparecencia tras seis días de ausencia una vez que retirara la citada moción, Quiroga explicó que ese silencio respondía a que el pasado jueves trasladó a la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, su decisión de abandonar el cargo, se le pidió que meditara y se le aclaró que en ningún momento se le había pretendido desautorizar cuando se le pidió que retirara la iniciativa. De hecho, lo que se pretendía en la sede del partido de la gaviota era que no presentara su dimisión a menos de dos meses para el arranque de la campaña electoral.

La secretaria general, foco de las críticas

Cospedal, que hasta el último instante intentó convencer a Quiroga para que no abandonara el cargo –ambas estuvieron reunidas durante la tarde del martes en la sede de la calle Génova-, no sale bien parada de la crisis abierta en el PP vasco. Y no sólo por no saber frenar la insólita situación que se ha prolongado por espacio de seis días, sino por el hecho de que Quiroga fue su apuesta personal frente al sector sorayista cuando hace dos años fue elegida presidenta de los populares vascos.

Precisamente, el grupo de altos cargos que se sitúa en el entorno de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, no dejo pasar la oportunidad de criticar a Cospedal, con el argumento de que no ha sabido manejar la crisis abierta en el PP del País Vasco. “Lo que ocurre es que no tenemos secretaria general en el partido -comentaba ayer un destacado miembro de la facción sorayista en conversación con SABEMOS-. Con este panorama, será difícil ganar las próximas elecciones generales”.

Luchas de poder al máximo nivel al margen, lo cierto es que la dimisión de Arantza Quiroga da pie a varios frentes de graves dimensiones en el seno de los populares vascos, pues se abre una nueva batalla tn toda regla por la presidencia regional del partido. “Si ya costó cerrar la crisis de 2013, ahora, con la proximidad de las elecciones generales y tras los pésimos resultados en los comicios municipales en la comunidad autónoma, la guerra se hace más cruenta”, contaba ayer a este periódico digital un diputado del PP vasco.

Lo cierto es que, sin hablar de candidatos a la presidencia –eso es harina de otro costal-, no hay unanimidad en el partido sobre cómo enfocar la crisis. El ministro de Sanidad y destacado miembro de la facción sorayista, Alfonso Alonso, apuesta por acometer el relevo de inmediato, mientras otras familias del PP vasco creen más conveniente aplazar la elección hasta después de las elecciones, sabiendo si el próximo inquilino del palacio de la Moncloa será o no del partido. Mientras tanto, otros sectores del partido reclaman que durante el proceso no haya tutelas de Madrid.

El tsunami de la entrevista a Montoro

El protagonizado por Arantza Quiroga no fue el único incendio que se propagó ayer por las filas populares. Los dirigentes y parlamentarios del partido se desayunaron con la entrevista a Cristóbal Montoro, publicada por El Mundo, en la que el ministro de Hacienda afirma que hay compañeros suyos que se avergüenzan de pertenecer al PP, al tiempo que exige a José María Aznar que no moleste y al ministro Margallo, que revise sus ideas sobre la posibilidad de transferir más impuestos a Cataluña.

Aunque la mayoría de los dirigentes del partido intentaron quitar hierro a las palabras de Montoro, lo cierto es que la entrevista levantó ampollas en las filas populares. Desde los pasillos del Congreso, todos salieron en tromba a asegurar que se sienten orgullosos –y mucho- de pertenecer al PP.

Bronca en la bancada popular en el Congreso

Con todo, el episodio más insólito que se vivió ayer en la Cámara Baja estuvo relacionado con la diputada del Grupo Popular y portavoz de la plataforma Libres e Iguales contra el independentismo catalán, Cayetana Álvarez de Toledo. El sucedido tuvo lugar en el hemiciclo al término de la sesión plenaria. Cuando los diputados abandonaban el Salón de Plenos, Álvarez de Toledo se vio rodeada por otros compañeros del Grupo Popular, algunos de los cuales le reprochaban el artículo de opinión que lleva su firma, en el que deja claro que no volverá a ser candidata al Congreso con Rajoy al frente del PP.

Fuentes de la dirección del Grupo Popular comentaron a SABEMOS que las palabras de Cayetana Álvarez de Toledo se deben a que el PP tiene la intención de no incluir su nombre en las listas al Congreso para las próximas elecciones generales.