El sector registra su mejor verano en una década y este año volverá a ser la gran locomotora de la economía española, con un crecimiento del PIB turístico del 3,6% al cierre del ejercicio. Pero el boom es consecuencia en gran parte de aspectos coyunturales y factores que nada tienen que ver con cómo se gestiona el negocio aquí.

El turismo español sigue celebrando récords y puede seguir presumiendo de ser el principal motor de la economía española. Y, sin embargo, gran parte de los factores que explican este boom del sector puede ser meramente coyuntural, viene dado en gran medida por los problemas ajenos y no por méritos propios, y en el propio sector se duda de la capacidad para consolidar –siquiera con magnitudes más discretas- parte del milagro actual.

El de este año ha sido el mejor verano para el sector en una década, según los datos de Exceltur, un lobby que agrupa a una treintena de las mayores empresas turísticas del país. Y es que ha sido un verano en que se ha registrado un incremento del PIB turístico del 3,7% en el tercer trimestre, la confianza empresarial del sector ha escalado a máximos desde comienzo de siglo, el 75% de las compañías turísticas ha elevado sus ventas y más de un 70% también sus beneficios…

Un acelerón que, aunque se contenga en lo que queda año, no impedirá que 2015 sea un año histórico. Con un nuevo récord de llegadas de turistas extranjeros (en el entorno de los 68 millones de viajeros), con máximo de ingresos por turismo (se superarán por primera vez los 50.000 millones de euros), el PIB del sector crecerá un 3,6% y será su sexto año consecutivo por encima de los ritmos del conjunto de la economía… Bien. Muy bien.

Pero entre los peros (aparte de los problemas endémicos del modelo turístico español, con un turismo de masas, de baratillo, concentrado en el sol y playa, estacionalizado…), hay algunos preocupantes con el carácter coyuntural del boom y con causas fuera de control del sector nacional.

 

Los rivales del Mediterráneo no levantan cabeza

España se encuentra desde hace años prácticamente sin rivales (o sin parte de ellos) en la pugna por el turista de sol y playa en el Mediterráneo. Las revueltas de la primavera árabe, la inestabilidad política posterior, la guerra de Libia, los atentados terroristas en Túnez y Egipto contra turistas… han provocado desde 2011 el desvío de millones de turistas que han dejado de ir a las playas del norte de África y han elegido España como alternativa. El turismo se ha hundido en la zona y el gran problema para estos países es que resulta más que improbable que pueda repuntar a corto plazo.

 

Los touroperadores extranjeros ya no se arriesgan

En los últimos años, los grandes touroperadores internacionales –TUI y Thomas Cook, singularmente- han intentado mal que bien mantener parte de los flujos de viajeros hacia destinos del norte de África. Con bajos precios como principal reclamo, los hoteles de Egipto o Túnez han tratado de mantener el tipo y los touroperadores mantenían parte de sus cupos. Pero desde el año pasado, los mayoristas se han cansado de asumir los costes millonarios de redireccionar en plena temporada a miles de viajeros cuando la inestabilidad crecía en los destinos y ahora, según fuentes del sector, han optado por impulsar directamente las contrataciones de viajes hacia España.

 

Un euro débil frente a libra y dólar

El euro está barato. La depreciación de la divisa europea respecto a los niveles del año pasado en relación a la libra o el dólar nos convierte en un destino atractivo para los viajeros británicos o de países con economías dolarizadas. Este verano las pernoctaciones en hoteles españoles de los turistas de Reino Unido se han disparado un 11% y las de los estadounidenses, casi un 15%.

 

Petróleo barato

Los precios del petróleo se mantienen desde hace un año en niveles realmente bajos, oscilando en la horquilla entre los 50 y los 60 dólares por barril. La cotización se sitúa así muy lejos de la cota de los 100 dólares en que parecía que el crudo se había estabilizado en años anteriores. Un petróleo barato se traduce tradicionalmente en un impulso de la demanda de los consumidores (el ciudadano tiene más dinero en el bolsillo por el menor coste de la energía y por la contención de los precios en general) y en una alegría para las empresas (que ven cómo se recortan sus costes y pueden elevar sus márgenes). Además de la incidencia económica general, el impacto de un petróleo barato en el turismo –por su influencia directa en los medios de transporte- es aún mayor.

 

Imagen: Flickr | Xava du