Más allá de excelentes tiradores exteriores como Petrovic y Bellinelli o pívots talentosos como Sabonis y Marc Gasol, el la principal aportación diferencial del baloncesto europeo al estadounidense es la de esta rara especie de jugadores extremadamente altos pero con una formación como exteriores.

En los 30 años que lleva la NBA atrayendo talento formado en Europa (aquellos pioneros Fernando Martín y Georgi Glouchkov) ha dado tiempo ya a ver no sólo todo tipo de jugadores, sino también la evolución de este tipo específico de baloncestistas, y cómo durante estas tres décadas el peso relativo de los europeos ha ido creciendo de forma continuada en la mejor liga de baloncesto del mundo.

La Europa baloncestística es un continente complejo y multicultural. Eso hace posible que hayan surgido talentos, exportados luego a la NBA, tan distintos como Tony Parker (el menos europeo de todos), Giannis Antetokoumpo, Arvydas Sabonis o Drazen Petrovic, por poner solo unos ejemplos. Talento a raudales, y características esencialmente distintas a las del jugador estadounidense promedio. Solo así se comprende que hayan sido capaces de ocupar un espacio relevante en una liga tan dura y competitiva.

Junto con el croata Mario Hezonja, el último gran talento europeo que ha atravesado el charco es el letón Kristaps Porzingis. Tras dos buenas (pero no deslumbrantes) temporadas en el Cajasol de Sevilla, este alero (pesa 100 kilos) con altura de pívot (mide 2,16) se ha convertido en la última gran esperanza blanca para los New York Knicks de Phil Jackson. Asombran (ver el vídeo inferior) su coordinación, sus buenos fundamentos y esa mano de seda con la que es capaz de alcanzar un rango de tiro demoledor. Su combinación de altura y versatilidad han sido sus grandes cartas de presentación, toda vez que son muy poco frecuentes en el baloncesto.

Pero si hay un continente acostumbrado a producir este tipo de jugadores casi únicos (muy altos, pero rápidos y con capacidad de jugar como exteriores) ése continente es Europa. Demasiado altos para ser defendidos por aleros, y demasiado rápidos para serlo por pívots. Porzingis lo tiene todo para triunfar: una altura extraordinaria, unos fundamentos más que sobrados para el baloncesto y una velocidad y coordinación más propias de alguien de dos metros. Está en su mano alcanzar el nivel como para ser imparable.

Pero Porzingis sólo es el último eslabón de una cadena de baloncestistas con una de las combinaciones de cualidades físicas más extraordinarias (y a priori casi incompatibles) de este deporte. ¿Qué tál un recorrido por los casos más célebres de jugadores europeos de más de 2,10 y capaces de jugar como un alero?

Toni Kukoc, el pionero

Que me perdonen los muy aficionados si me he olvidado de algún antecedente destacado. Pero hasta donde mi memoria recuerda, el primer gran jugador verdaderamente exterior e indudablemente alto fue Toni Kukoc. El croata comenzó a deslumbrar (este sí que sí) en las categorías inferiores de la extinta Yugoslavia, en su club la Yugoplastica y después en la Benetton de Treviso, como gran estrella de la por entonces muy brillante Lega. Su llegada al baloncesto NBA no pudo ser más peliculera.

Por un lado llegaba nada menos que al tricampeón de la NBA, los Chicago Bulls, que acababan de perder a su mejor jugador de siempre (Michael Jordan), retirado temporalmente de las pistas. Al lado de Pippen, Kukoc tuvo una actuación de impacto en la mejor liga del mundo ya casi desde el primer día. Su altura (2,11), sus fundamentos y sobre todo su tiro exterior se convirtieron en las siguientes seis temporadas en una pieza elemental para que los Bulls consiguieran otros tres anillos, con el croata como pieza clave (elegido mejor sexto hombre en alguna ocasión).

A medida que Kukoc iba ganando kilos y fuerza, lo iba haciendo su estatus en la liga. Tras la retirada de Jordan para Kukoc comenzó una andadura menos brillante quizás pero que asentó su categoría de jugador exterior con una clase casi sin parangón en la historia. Tiro exterior, bote, pase… todas las cualidades ofensivas de un gran jugador se unían en la Pantera Rosa.

Nowitzki, el primer MVP

Si Kukoc fue el pionero en esta suerte de tradición europea de aleros con altura de pívot, el alemán Dirk Nowitzki (2,13) es quizás la máxima expresión, la más depurada hasta la fecha, en la que se combinan altura, agilidad, velocidad, tiro y calidad. No por nada ha sido Dirk, y no otro, el primer europeo en ser nombrado MVP de la NBA; también ha sido el primer europeo en ganaar un anillo siendo la estrella y el líder indiscutibles de su franquicia.

La andadura de Nowitzki en la NBA va unida irremediablemente a los Dallas Mavericks, el único equipo en el que ha disputado sus hasta ahora 17 temporadas en la liga (la 2015-2016 será la 18ª). Jugador de entre los más grandes de todos los tiempos, ha logrado situarse un escalón por delante de todos los demás europeos en el debate sobre quién es el mejor de todos los tiempos. En competiciones internacionales puede haber debate, pero en la NBA nadie (y nadie es nadie) se acerca siquiera a los registros, el éxito y lo decisivo que ha llegado a ser el de Wurzburg.

Durante más de 15 años el tiro de Nowitzki (cuya trayectoria tiene el arco más curvo que yo haya visto) ha masacrado los aros rivales de forma impenitente. Un tiro ya de por si dificil de parar (se tira desde muy arriba y en salto) pero que combinado con los 213 centímetros de Dirk ya son directamente una de las armas ofensivas icónicas de la NBA, como lo fueron en el pasado el Sky-hook de Abdul-Jabbar o el fade-away de Jordan. Nadie ha podido parar el tiro arqueado y en caída del alemán. Nadie. Ya es el séptimo máximo anotador de todos los tiempos y es de esperar que este año se aúpe al sexto puesto (adelantando a una leyenda como Shaquille). 

Pau Gasol, el jugador total

En una lista en la que todos los jugadores se caracterizan por su calidad y su capacidad de aportar en distintos aspectos del juego, es quizás especialmente meritorio el caso de Pau Gasol (2,15), quien en mi opinión es el que más ha llevado hasta el extremo esa capacidad de aportar en ambos lados de la pista, y en facetas distintas del juego. Desde sus comienzos como alero puro en el Barça de Joan Montes (y luego de Aíto) hasta sus mejores años en Lakers, Gasol ha sido ante todo un jugador de equipo, experto en alcanzar con aparente facilidad valoraciones solo al alcance de los elegidos.

El físico de Pau apuntaba en sus primeros años como profesional hacia una segunda versión del primer Toni Kukoc. Un jugador altísimo, de brazos infinitos, pero con capacidad de poner el balón en el suelo y moverse como un alero de cara al aro. Pero quiso el destino que finalmente acabara encontrando su nivel más dominante a medida que se iba acercando al aro. Así, ya en su mejor año en el Barcelona disputó toda la temporada en la posición de ala-pívot, y en esa misma desarrolló sus primeros y exitosos años en los Memphis Grizzlies y en la Selección.

A medida que fue ganando kilos y fuerza fue reconvirtiendo su posición hacia la de pívot puro, si bien al alternarla con otros pívots puros en sus equipos (Marc Gasol, Andrew Bynum, Joakim Noah…) podía sacar provecho a sus mejores cualidades: Una velocidad y una altura nunca antes combinadas. Gracias a ellas ha logrado labrarse una carrera excepcional (será Hall of Fame, seguro) siendo pieza vital para conseguir dos anillos de la NBA, un oro mundial, tres oros europeos, dos platas olímpicas… para uno de los mejores, si no el mejor, palmarés que ningún europeo haya logrado jamás.

Pau, Dirk, Toni… estos quizás han sido los casos más exitosos. Ha habido otros muchos que han entrado en la NBA a la estela de éstos y gracias a esa combinación tan europea de centímetros, coordinación y velocidad: Bargnani, Okur, Lampe, Bjelica, Milicic, Tskitishvili… algunos han sido unos sonados fracasos. Otros labraron unas sólidas carreras en la NBA, aunque a un nivel no tan estelar como los tres más grandes. ¿A qué club se unirá Porzingis?

FOTO: NBA.COM