“La vida es, literalmente, todo lo que tenemos. Pero ¿es buena acaso?. Mi nombre es Forrest MacNeil y hago críticas. Pero no critico comida, libros, o películas. Critico la vida misma. Experimentaré cualquier experiencia sobre la que tengas curiosidad y la criticaré”.

Esto es, en pocas palabras, Review, con Forrest MacNeil, una de las mejores comedias de los últimos años, y una de las más ignoradas, sin emisión en España. Pero no somos los únicos que apenas vemos la serie. En EEUU están igual. En febrero, el Hollywood Reporter tituló su pieza de forma parecida.

El formato del programa es muy sencillo. Forrest MacNeil, presentador de un show, recibe un encargo de alguno de los espectadores a través de su asistente, A.J. Gibbs, una presentadora con vocación de cheerleader y que, no en pocas ocasiones, es la única voz de cordura. El encargo consiste en obligar a Forrest a experimentar algún tipo de vivencia y puntuarla para el resto de los televidentes. ¿Qué se siente siendo un racista? ¿Y cazando? ¿Cómo es divorciarse? ¿Y casarte con alguien a quien acabas de conocer? Forrest despejará todas vuestras dudas y puntuará cada experiencia con un máximo de cinco estrellas.

La serie es una versión del original australiano Review, con Miles Barlow, pero no puedo imaginarme el show sin Andy Daly, que en menos de dos temporadas se ha convertido en uno de mis referentes en la moderna comedia estadounidense.

Forrest MacNeil es un personaje maravilloso porque aúna una curiosidad absoluta, una ignorancia supina y un compromiso con el programa insuperable. Es capaz de todo con tal de mantenerse fiel a su propia exigencia como showman. Y eso implica arruinar su propia vida y la de todo aquel que se ponga cerca.

Forrest es como un niño gigante que, después de toda una vida de aburrimiento, decide probarlo todo, con un ansia por el descubrimiento totalmente desproporcionado. En menos de dos temporadas se hace adicto a las drogas, se divorcia, viaja al espacio, se casa con una desconocida, funda un culto, se hace irlandés, se embarca en una pelea a puñetazos… Y todo con un coste personal, económico y sentimental inasumible para cualquiera.

La serie funciona a pesar de todas las dudas que genera: la gente que rodea a Forrest se divide entre aquellos que le alientan, como su productor Grant o su becario Josh, o aquellos, como su hijo, que actúan como si no hubiera un programa de TV y sin tener ni idea de por qué Forrest hace lo que hace.

Esto nos podría llevar a pensar si no se trata todo de una elaborada locura de no ser porque en alguna ocasión Forrest se ha topado con algún espectador, lo que  demuestra que el programa, lejos de ser un constructo, es totalmente real. Pero si es así, ¿por qué su familia no es capaz de entender, siquiera a posteriori, por qué pasa lo que pasa? ¿y por qué Forrest hace lo que hace a pesar de que, muchas veces, le supone verdaderos dramas personales?

“Algunas veces tenemos un guión y nos damos cuenta de que a Forrest no parece preocuparle nadie. Le vemos hacer algo horrible y lo supera como un sociópata. Así que buscamos momentos en los que le hacemos sufrir por ello, le damos una crisis moral. Vive impulsado por la vanidad y el narcisismo. Va a hacer esas cosas horribles y es horrible que las vaya a hacer, pero nos recordamos que no es alguien que actúe sin pensar. Sabe lo que está mal. Tiene una brújula moral”, explica Daly en Vulture.

En otra entrevista, con AV Club, Andy Daly subraya: “Forrest cree que lo que hace es un servicio público esencial. Ha llegado a pensar que, sin él, el mundo estaría perdido. La gente no sabría cómo vivir la vida. Cree que lo que hace es importante y por eso siente que no tiene alternativa a hacer lo que hace”.

Y nosotros, espectadores, no tenemos más remedio que asistir, con bochorno constante, a las desventuras de este caballero de sonrisa eterna, chaqueta marrón y una estrambótica fijación por vivir lo que nadie ha vivido antes.