La idea del héroe español lleva rondando en las cabezas de nuestros creadores de cómic y otras formas de cultura popular desde hace décadas. ¿Hay un epítome de héroe español? Desde luego, no lo hay enmascarado o vestido con traje regional por las razones que explicaba el Doctor Repronto , ¿pero tiene sentido intentar generarlo? Es una ambición tanto industrial (el superhéroe es el mainstream del comic, y sus beneficios pecuniarios son indiscutibles) como creativa, ya que cualquier lector de comic conoce aunque sea de refilón el género, y las posibilidades desmitificadoras y homenajeadoras son infinitas.

¡García!

Santiago García y Luis Bustos

Astiberri

2015

 

Pese a quien pese nuestra mitología pop es la que es, debido a nuestra historia del siglo XX y a cómo marcó la sociedad durante décadas. Es normal que mientras otros países desarrollaban héroes bondadosos, reflejo de procesos sociales y económicos optimistas y con un punto ingenuos, nosotros tuviéramos un panteón de titanes basados en el rencor, la violencia y el miedo. García, el héroe de aquellos tiempos revivido en la actualidad, es un claro trasunto del Roberto Alcázar franquista, y contrasta con la luminosidad de los héroes prototípicos. García y Bustos tratan todo eso -la historia del pez fuera del agua y de cómo García, en su momento Agente Secreto Al Servicio De Franco, resucita en la actualidad y tiene que volver a tomar cartas en un asunto de seguridad nacional- con el humor y la contundencia inevitables. Mitad comedia social, mitad altovoltaica resurrección de la dinámica de trompazos de las historias originales de Roberto Alcázar, ¡García! no es una reflexión tipo Watchmen del papel de los héroes en la sociedad, sino un divertimento con mala leche: soltemos a un icono de hace sesenta años en la España actual y a ver cuántas cosas rompe.

El resultado es impecable debido a la efectividad a prueba de bombas de sus responsables: Santiago García encadena situaciones de sainete y de comedia de acción a golpe de diálogos afiladísimos, y Luis Bustos, que se está convirtiendo en uno de nuestros dibujantes más brutalmente versátiles, alterna entre la acción superheroica canónica y subida de tono con el costumbrismo caricaturesco. Todo ello punteado con páginas de Manel Fontdevila que imitan el estilo de los tebeos de la dictadura que suponen el germen de ¡García! y que proceden del mismo origen de esta novela gráfica (Fontdevila iba a dibujar originariamente ¡García!, pero el proyecto no llegó a buen puerto).

El resultado es francamente ácido y divertido: la historia del héroe del pasado resurrecto es sobre todo disparatada y demencial, pero no carece de puntos de reflexión, emotividad o empatía con el monstruoso y desconcertado protagonista de la historia. Al fin y al cabo, estos son los héroes que tenemos.