Lo peor que le pueda pasar a una persona es ver como a su ser querido se le va escapando la vida, sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo. Si alguien lo duda, puede observar el rostro de los padres de Andrea, Antonio Lago y Estela Ordoñez, pidiendo a quien quiera escucharlesque dejen a su hija morir en paz , “que la dejen irse tranquilamente”, han sido las palabras exactas de la madre, que no puede más como el cuerpo de su hija, que tampoco puede más.

Andrea tiene una enfermedad neurodegenerativa, nació con ella y desde entonces sus padres no se han separado de su lado, imagino que no lo querrían hacer nunca excepto ahora que ven a su pequeña apagarse. Antonio y Estela, que rebosan amor hacia su hija, prefieren sufrir ellos por su pérdida antes de que ella sufra por su estancia en este mundo. Es una prueba de amor muy complicada, puede que enrevesada, que quizá no todo el mundo entienda cuando se observa desde fuera, pero cuando uno es testigo directo o persona implicada, la historia cambia, y mucho.

Tengo una amiga que vive obsesionada con hacer su testamento vital, y no para que, llegado el momento, ella no sufra o lo pase mal como parece que lo está pasando Andrea, sino para que sus seres queridos no sufran viéndola morir lentamente, apagarse sin más y sabiendo que no hay solución posible y que todo sufrimiento es en balde. Y lo que puede parecer en un primer momento egoísmo propio, se convierte en generosidad hacia las personas que quieres.

Puede resultar injusto que unos desconocidos sean los que decidan sobre el futuro de una persona. En el caso de Andrea, los desconocidos pueden ser un juez o el médico que se niega a escuchar la petición de los padres de que su hija tenga una muerte digna porque dice seguir su conciencia y la ley, aunque algunos no lo entiendan así.

Pero no siempre la aparición de un desconocido en el destino de una persona puede resultar inicuo. Ya nos lo decía el personaje de BlancheDuBois en Un tranvía llamado deseo: “Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos”, una frase casi profética que también puso Pedro Almodóvar en boca de una de sus actrices en la película Todo sobre mi madre: “Gracias. Quien quieras que seas, siempre he confiado en la bondad de los desconocidos”, decía Huma Rojo en la voz de Marisa Paredes.Es bueno repetir algunas cosas, aunque solo sea para no olvidarlas y que podamos acudir a ellas cuando más las necesitemos.

Esa bondad del desconocido la conocen muy bien los padres de Eva Blanco, Olga y Manuel, la niña de Algete de 16 años que un día decidió salir con sus amigas y nunca pudo regresar a casa porque alguien acabó con su vida y la tiró a una cunetadespués de violarla y asesinarla de 19 puñaladas en la espalda.

En esta historia, los desconocidos bondadosos fueron los agentes del Grupo de Homicidios de la localidad madrileña de Tres Cantos, que no dejaron de investigar, incluso en su tiempo libre, sin importarles las horas, los días, los años y casi las décadas. Algunos les decían que estaban obsesionados con el caso, que así nunca lo iban a resolver, pero ellos siguieron adelante. Para el historiador británico Thomas Carlyle “a menudo los grandes son desconocidos, o peor, mal conocidos”. Para los padres de Eva, supongo que también.

El final de esta historia, hasta hace unas horas inconclusa, ha empezado a escribirse esta semana, 18 años después, 14 tomos de investigación después, 5.000 personas investigadas después, 400 sospechosos después, milesde pruebas de ADN después, y antes de que transcurrieran los 18 meses en los que el caso iba a prescribir.

Para la familia de Eva Blanco, esos guardias civiles empezaron siendo unos desconocidos pero poco a poco se fueron convirtiendo en una especie de amigos y conocidos, y quien sabe si en familia. 18 años de apoyo y ánimo es tiempo suficiente para convertir a un desconocido en un fiel amigo. Cuenta el padre de Eva, Manuel Blanco, que ha llorado con los agentes cuando le han dicho que habían detenido al supuesto asesino de su hija. La madre, Olga, dice que esos guardias civiles que un día fueron desconocidos ahora son Eva. “A menudo los héroes son desconocidos“ creía el estadista inglés, Benjamin Disraeli, el mismo que decía “estoy preparado para lo peor, pero espero lo mejor”. Seguro que los padres de Eva Blanco han dicho lo mismo o, al menos, lo han pensado en estos últimos 18 años. Sabían que la bondad de los desconocidos nunca prescribe, aunque sí lo hagan los asesinatos.