El negocio de la plataforma de alquiler de pisos para turistas no nota (de momento) las polémicas por la regulación de su sector en algunos países y fulmina las previsiones de los inversores.

El crecimiento de Airbnb no frena. De hecho, va a más. La plataforma de alquiler de pisos para turistas ha pasado en siete años de ofertar un colchón hinchable en una casa de San Francisco a ofrecer una cartera de un millón y medio de casas en unas 34.000 ciudades en más de 190 países.

Su expansión supone una amenaza para el negocio hotelero allí donde se implanta, y el fenómeno ha derivado en polémica en muchos países (también España) por considerarse competencia desleal, por ser permanentemente vinculado a la economía sumergida, por denunciarse problemas de convivencia… Y por la reacción de la Administración al impulsar regulaciones de este tipo de alquiler que, si son laxas, cabrean a los hoteleros; y si son rígidas, ponen a los propietarios de las casas y a las propias plataformas online en pie de guerra.

Y a pesar de todo el ruido que existe alrededor, el negocio de Airbnb parece que no lo nota demasiado. Airbnb cerrará 2015 habiendo duplicado su actividad, hasta alcanzar los 80 millones de noches (a razón de unas 220.000 estancias casas ocupadas cada día), según desveló Reuters citando inversores conocedores de la evolución de la compañía.

Si la plataforma cumple estas expectativas durante este ejercicio, Airbnb fulminaría las previsiones que manejaban hace unos meses algunas casas de análisis y que apuntaban a que la compañía simplemente conseguiría superar la cota de los 60 millones de noches al cierre del año, lo que ya habría supuesto un fuerte incremento del 50% en relación a las cerca de 40 millones de estancias de 2014.

Una compañía en pérdidas que vale 25.500 millones de dólares

El pasado julio, Airbnb logró cerrar una de las mayores rondas de captación de financiación de la historia. Fondos de inversión asiáticos y estadounidenses inyectaron 1.500 millones de dólares (unos 1.340 millones de euros al cambio actual) a la plataforma de alquiler turístico online en una operación que supuso valorar la compañía en 25.500 millones dólares (más de 22.750 millones de euros).

Y eso cuando la compañía aún está en números rojos. Airbnb cerrará este año con un resultado bruto de explotación (ebitda) negativo de 150 millones de dólares, según las previsiones del propio grupo que presentó a los fondos de inversión para la ronda de financiación y que desveló The Wall Street Journal. Pero los grandes fondos de inversión mundiales creen que una compañía de comercio online que no ha dado beneficios nunca vale 25.500 millones de dólares. ¿Por qué? Porque el sector del alquiler turístico no deja de crecer y el negocio de Airbnb lo hace (y lo hará) aún más.

El negocio de Airbnb es el de comisionista. La compañía cobra una comisión del 3% del importe del alquiler al propietario que alquila y otra de entre un 6% y un 12% al viajero en función de la duración de la estancia. Airbnb prevé unos ingresos totales de más de 900 millones de dólares gracias al cobro de estas comisiones.

No parece demasiado para una compañía que vale 25.500 millones. Pero es que la evolución de las ventas está siendo desbordante: esos 900 millones de dólares permite a la compañía más que triplicar los 250 millones de ingresos obtenidos al cierre del ejercicio de 2013, según los datos desvelados por WSJ.

Y son las proyecciones hasta 2020 las que respaldarían la increíble valoración alcanzada por una empresa en pérdidas. Las estimaciones que maneja Airbnb pasan por elevar su cifra de negocio hasta los 10.000 millones de dólares en cinco años, doce veces más que el dato previsto para este ejercicio. Y, en paralelo, las pérdidas operativas de 150 millones de dólares de 2015 se convertirían en un beneficio bruto de explotación de unos 3.000 millones en 2020. Una evolución prevista que es clave para la alta valoración otorgada a la compañía.