Yolanda Román es uno de los pesos pesados de Atrevia, la consultora global de comunicación líder en España. Convencida de las bondades del lobby , defiende que este puede ser un instrumento muy útil para “el ejercicio de participación política”.

*Una entrevista de Germán Pacheco (Kuorum.org)

Yolanda Román (Vigo, 1974) quería tener una vida académica, pero el destino tenía otros planes para ella. Se encontraba en Francia preparando un Doctorado en Derechos Fundamentales de la Unión Europea cuando recibió la llamada de un antiguo profesor para ir a Bruselas. Amnistía Internacional necesitaba alguien que hablara idiomas y con amplios conocimientos del Derecho Comunitario. Yolanda cumplía el perfil. Hizo las maletas e inesperadamente empezó una aventura en la que la gestión de la influencia y la defensa de intereses se convirtieron en su profesión. Han sido 15 años de intenso trabajo de lobby entre Bruselas y Madrid, y en los que ha sido responsable de relaciones institucionales de Amnistía Internacional en España y directora de incidencia política de SavetheChildren. Desde hace poco más de dos años ha puesto su experiencia al servicio de Atrevia, donde es hoy directora de la división de Asuntos Públicos y asesora de grandes compañías en sectores estratégicos. Su trayectoria le ha convertido en una de las referencias a la hora de hablar de Asuntos Públicos en España. La importancia de la estrategia en lo que llama “el arte de convencer”, la necesidad de transparencia en una actividad no siempre bien vista y las posibilidades de las herramientas digitales para incidir en la toma de decisiones, son algunas de las cuestiones sobre las que comparte su visión.

¿Cómo llegó al mundo del lobby?

Siempre me he dedicado profesionalmente al lobby. No he hecho otra cosa más que tratar de influir, interactuando con las instituciones, los actores y las agendas políticas, aunque también me dediqué a la investigación durante una época y a la formación. Empecé mi trayectoria hace 15 años en Bruselas, que es una de las capitales del lobby. En ese primer momento empecé a trabajar en Amnistía Internacional, que es una de las grandes organizaciones de lobby en materia de Derechos Humanos. Trabajaba con un equipo grande y sobre todo hacía seguimiento de la actividad del Parlamento Europeo, temas de política exterior. Coincidió con uno de los procesos de ampliación de la UE e hicimos un intenso trabajo para incluir cláusulas de derechos humanos y libertades en las negociaciones de adhesión.

¿En qué consiste el trabajo de un lobista?

Yo no me considero una lobista, sino una asesora de asuntos públicos y diplomacia corporativa. Creo que el lobby, dentro de la disciplina de los Asuntos Públicos, es una técnica concreta, un tipo de operación en la gestión de la influencia, adecuada para unos contextos y unos objetivos determinados. Me gusta hablar de “la gestión de los asuntos públicos” con un planteamiento más amplio y complejo de la influencia política, basado más en la estrategia que en la representación de intereses, en la construcción y la colaboración más que en la presión. Para mí, el rol importante no es el del intermediario, sino el del asesor o estratega, el del que piensa y diseña las mejores tácticas y usa las mejores herramientas para conseguir el impacto que busca en los procesos políticos y normativos. Muchas veces se asocia al lobista a alguien con grandes dotes relacionales que hace de intermediario para influir en el decisor político. Creo que el lobby es una actividad más creativa y productiva, más “industrial” que relacional, al contrario de lo que se piensa. Es una disciplina que exige entender muy bien el funcionamiento de las instituciones y las dinámicas políticas y de comunicación para ayudar a construir en el proceso de toma de decisiones, aportando contenidos, argumentos, información.

¿Cuán distinto el trabajo que hacía en las ONG con respecto al que realiza para grandes empresas?  

Es básicamente el mismo. Es un trabajo que requiere las mismas habilidades: capacidad de estudio y análisis, conocimiento del funcionamiento de las instituciones y la lógica política, y visión estratégica. Lo que cambia son las herramientas. En el mundo social la comunicación externa es una herramienta muy utilizada para influir, pero en el ámbito privado se utiliza menos. No digo que no se use la comunicación en ese entorno, pero se hace de otra manera, sin grandes campañas. En las ONG se busca impacto rápido en la opinión pública, mientras que en el ámbito privado se recurre más a la investigación, al expertise y al dato. Depende de los objetivos que se persigan. No sólo se influye en el ámbito normativo, para cambiar o impulsar una norma, sino también para cambiar el discurso político sobre un tema, para mejorar políticas públicas o para condicionar la agenda política.

¿Tienen más facilidad para incidir y defender sus intereses las grandes empresas con más recursos que las organizaciones sociales o las ONG?

No creo que sea una cuestión de cuántos recursos tienen sino de cómo los utilizan. Recientemente ha salido un informe de la UE que demuestra que una mayor inversión económica en lobby no significa un mayor impacto en legislación o políticas. Creo que, como todo, es una cuestión de buenas estrategias y de profesionalidad. Hay organizaciones sociales que hacen campañas muy llamativas y vistosas y luego fallan en el ámbito de las relaciones institucionales. Esto hace que a pesar de hacer mucho ruido, no tengan impacto real. Lo mismo sucede con algunas empresas, a veces invierten mucho dinero en presencia institucional pero les falla la estrategia o la comunicación o las dos. La clave no son los recursos, sino cómo usarlos eficazmente. Si me apuras, te diría que las empresas suelen tener más recursos en general, no solo destinados a lobby, también de comunicación, márketing, organización interna; y esos recursos, si son usados de manera estratégica y coordinada, dan buenos resultados. Esa es la fortaleza que puede marcar la diferencia.

¿Hasta qué punto está desarrollado el lobby en España?

Creo que en España la actividad está tan desarrollada como en cualquier otro país de nuestro entorno. Otra cosa es que esté más o menos regulada o más o menos profesionalizada. Yo no pienso que haya un problema de regulación del lobby en España. No es un problema de regulación, sino de normalización. La regulación es el marco jurídico vigente, que es suficientemente amplio y concreto para que se puedan evitar excesos o abusos. Creo que el problema es de cultura democrática, confianza y transparencia. Con el marco jurídico actual de transparencia -que no es el mejor pero está bien– tiene que cambiar la cultura tanto de quienes hacen lobby, como de los decisores públicos. No se debe olvidar que tratar de ser influyente y defender intereses es una vocación natural y normal de cualquier organización social. Cualquier organización humana trata siempre de tener impacto, de influir en la realidad política y social, desde una comunidad de vecinos hasta una empresa o institución de gran tamaño.

¿Ayuda el lobby a la política?

Sin duda. Creo que es parte del ejercicio de participación política y que es un aspecto básico de la democracia.

¿Qué le diría a las personas que creen que el lobby es una manera poco transparente de incidir?

Les diría que es precisamente esa opacidad la que hay que evitar, pero que el lobby es necesario para que se traten los asuntos de gran importancia para la sociedad. Por ejemplo, el tema de la infancia, que es un asunto que conozco bien, se ha incluido en la agenda política de los últimos años gracias al trabajo de incidencia de las organizaciones sociales. Esto me parece un ejercicio de participación y de democracia fundamental. Las empresas, con todo el conocimiento del sector al que se dedican, también deben ayudar a tomar decisiones políticas y económicas importantes. Considero que no se pueden tomar decisiones en sectores clave para la vida de un país, como la energía o la innovación tecnológica, por ejemplo, sin contar con la opinión, la visión y el expertise de las empresas que operan en estos ámbitos. Todos los actores, públicos, sociales y privados deben participar en la toma de decisiones aportando su visión, su conocimiento y sus mejores propuestas para dar respuesta a los retos y problemas sociales y económicos. La política es el arte de poner de acuerdo intereses diferentes para permitir la convivencia y, para eso, es necesario poner sobre la mesa en los procesos de tomas de decisiones todas las opiniones, todas la visiones y toda la información de una manera transparente. Lo que hay que evitar es la sensación de que hay una forma de influir oscura y a puerta cerrada. Muchos colegas abogan por un registro de lobistas como hay en la UE, pero a mi me parece mucho más eficaz que se publiquen las agendas y se normalice la actividad.

¿Cómo pueden aprovecharse las herramientas digitales para influir en la agenda política y tener impacto en la toma de decisiones?

Yo defiendo el e-lobbying como una forma de influir en la agenda política, en el sentido de que el entorno digital ofrece herramientas adicionales a para el posicionamiento y la influencia política que, combinadas con las herramientas clásicas, pueden ser eficaces. Hoy las herramientas digitales son irrenunciables, pero no son imprescindibles. Quiero decir, no puede negarse su utilidad y las posibilidades que abren, pero una estrategia de incidencia puede sobrevivir sin ellas. Hay que tener claro que para influir en el ámbito político utilizando las redes sociales, aplicaciones u otras herramientas hay que ser especialmente sutil. Creo que el e-lobbying exige hilar fino y un control absoluto de la comunicación, tanto en la fabricación como en el control del mensaje. Es fácil perder el tono, generar dudas sobre el rigor y, con ello, perder la credibilidad. Mi respuesta al e-lobbying es sí, pero sin perder la credibilidad o el rigor, que son la base para convencer.

Este próximo miércoles tendrá lugar la I Conferencia Internacional de Comunicación Política Digital en el Congreso. Allí se presentarán herramientas que buscan mejorar la comunicación entre políticos y ciudadanos (Change, Kuorum.org y Osoigo). ¿Qué nivel de impacto cree que pueden tener estas iniciativas para incidir en la política?

Son herramientas necesarias, pero aún no son conocidas o bien utilizadas por el público en general. El reto está en que consigan fomentar la participación para hacer que en el proceso de toma de decisiones influyan más opiniones y distintas visiones. Creo que en futuro las propias instituciones tendrán sus propios mecanismos desarrollados para favorecer al máximo la participación ciudadana. Las instituciones deberían “hacerse mirar” de qué manera permiten y favorecen la participación ciudadana en la toma de decisiones y tomar medidas para mejorar. Esto no quiere decir que piense que absolutamente todas las decisiones deben tomarse con procesos participativos y abiertos, pero sí que debe haber garantías y mecanismos para que las decisiones de especial o mayor trascendencia y con un gran impacto social sean tomadas con un alto nivel de participación ciudadana.