Cuando a un entrenador le piden que gane la Copa del Mundo de fútbol con el recién nacido Sudán del Sur, la historia no puede acabar bien. Y por si fuera poco, a Zoran Djordjevic ni siquiera le dieron un mapa.

Podría pensarse que, cuando a uno le sobra el dinero, lo demás no importa. La experiencia y el fútbol nos dicen que no es así. El balón atrae a las grandes fortunas, y ahí tenemos a Catar tratando de labrarse un nombre en el escenario mundial, e invirtiendo cifras incalculables para hacer un buen papel en la Copa del Mundo de 2022, en la que serán anfitriones (ya sabemos por qué). Con sólo dos millones de habitantes pero inagotables recursos, Catar quiere dominarlos a todos. Sirva como pequeña muestra de su estrategia la compra, hace un par de meses, de la Cultural y Deportiva Leonesa. Su nuevo propietario, la Aspire Academy, forma a los talentos llamados a deslumbrarnos dentro de siete años.

La población de Sudán del Sur es cinco veces mayor que la de Catar. El petróleo genera más del 95% de sus ingresos, pero las similitudes económicas entre ambos países no pasan de ahí. El otro punto en común es propagandístico. En 2011, Sudán del Sur fue reconocido como estado independiente tras una guerra civil de 22 años que dejó más de dos millones de muertos, y el fútbol ocupó pronto un lugar entre sus planes. El vicepresidente del gobierno, Riek Machar, encargó al entrenador serbio Zoran Djordjevic formar un equipo capaz no ya de jugar la Copa del Mundo, sino de ganarla. Y no hablaba precisamente de un proyecto a medio o largo plazo con todas las facilidades, como el de Catar.

Djordjevic es un trotamundos. Ha entrenado en catorce países, y a la mayoría jamás los relacionaría uno con el fútbol: Bangladesh, Yemen, India, Filipinas… Nunca había oído hablar de Sudán del Sur hasta que le ofrecieron trabajo. De hecho, era el país más joven del mundo en el momento de rodarse Coach Zoran and His African Tigers (2013), presentada en España como Zoran y los tigres del gol.

Cuando una cámara entra a grabar en un vestuario, suele dar cuenta de una historia de triunfadores, de superación o, a poder ser, de las dos cosas. “De las situaciones difíciles salen grandes equipos”, resume Djordjevic, un personaje tan atípico que no es de extrañar que su historia acabe justo al revés que de costumbre. Machar le dice que espera ver al equipo en Río -sede de la final de Brasil 2014-. Que las eliminatorias de clasificación ya estuvieran en juego, sin Sudán del Sur inscrito, es sólo un detalle más del disparate.

 

‘Talentos’ por todas partes

Este documental de Sam Benstead, con participación de la BBC, acompaña al entrenador en su odisea. Djordjevic, que no es precisamente un sibarita al que le pueda chocar el tercer mundo futbolístico, no da crédito. La Federación ni siquiera le da un coche para recorrer el país y los únicos mapas que encuentra no le orientan más que de forma aproximada: “Esto no es Europa”, le recuerda Machar. Djordjevic tiene que viajar en autobús para ver futbolistas. La gente le reconoce por la calle y le lleva en moto. También viaja en camiones para transportar porterías roñosas cuyas reparaciones ha pagado él mismo de su bolsillo, dejando el pasaporte como garantía: “Si no lo hago yo, no lo hace nadie”.

Djordjevic es vehemente, histriónico, malhablado… También populista. “Nunca he visto tantos talentos extraordinarios como aquí”, dice a su llegada. De Hassan Ismail Konyi, un delantero con 26 hermanas y 35 hermanos que reconoce que en su casa hay demasiada gente para descansar al volver del entrenamiento, dice que pronto jugará en el Barcelona o el Real Madrid. La película nos muestra luego que ni siquiera tiene nivel para jugar en un modesto equipo canadiense.

Djordjevic se hace llamar ‘Tigre’, sinónimo para él de ganador, de ahí que sus discípulos también tomen el sobrenombre. Lo de ‘Los Tigres del gol’ habrá que considerarlo una licencia de los traductores, pues en el primer torneo oficial de su historia, con Djordjevic a los mandos, no lograron marcar uno solo en tres partidos. Tras su inevitable marcha, le han sucedido otros tres seleccionadores. La otra parte interesante de todo este asunto es que en Sudán del Sur, como en toda África, no habita un solo tigre.