Tras los cambalaches que después de las elecciones autonómicas y municipales llevaron a alcaldías y gobiernos regionales a personajes que ni en sueños hubieran imaginado tal honor (Colau en Barcelona, Kichi en Cádiz…), el PSOE recuperó algunas comunidades y muchos ayuntamientos sin haber ganado en las urnas. Fueron, en general, los votos de Podemos y otras formaciones populistas los que sirvieron a la Comisión Ejecutiva del PSOE para disimular la pérdida de 700.000 votos respecto a los resultados del año 2010, que ya fueron lamentables.

¿Es eso mismo lo que piensa hacer el PSOE tras las elecciones generales del próximo diciembre?

Desde luego, el PP no deja de asegurar, por tierra, mar y aire, que así será, que votar al PSOE es lo mismo que votar a Podemos.

Quieren asustar al electorado”, protestan los portavoces del PSOE, pero no hacen nada para desmentirlo. ¿Y qué pueden hacer? Pues muy sencillo, que Pedro Sánchez salga ante los medios y diga solemnemente: “No gobernaré si el PSOE no es el partido más votado”.

¿Cambiaría esa solemne declaración las cosas? Sin duda. En primer lugar, el eslogan del PP se iría al basurero y en segundo –y más relevante- todos aquellos que piensan votar a Podemos para que apoye o empuje al PSOE hacia un gobierno “en verdad de izquierdas” se tendrían que replantear su voto, pues si quieren que exista un gobierno de izquierdas tendrían que votar al PSOE, ya que si éste no gana y el PP queda por delante no habrá un Gobierno de izquierdas en España. No hay que ser adivino para saber que más de dos millones de votantes que hoy piensan votar a Podemos no lo votarían mañana, después de esa hipotética declaración de Pedro Sánchez.

Y si es así, ¿por qué Pedro Sánchez no hace esa declaración? Habría que preguntárselo a él, pero yo pienso que no lo va a hacer porque da por perdida la partida contra el PP, su adversario, y prefiere apoyarse en su enemigo, que es Podemos.

¿Enemigo? Sí. Adversario es quien te quiere ganar (PP) y enemigo es quien te quiere matar (Podemos).

Con tal de llegar a La Moncloa, me temo que la actual Ejecutiva del PSOE está dispuesta a pagar cualquier precio, hasta nombrar a Pablo Iglesias Turrión Ministro de Exteriores y a Íñigo Errejón Ministro del Interior… Y como mucha gente se teme que del tándem Podemos-PSOE saldrán esas y otras muchas ocurrencias, no sería extraño que, aun con la nariz tapada, muchas personas que detestan a Bárcenas y a quienes tampoco les gusta Rajoy acaben por meter en la urna la papeleta del PP, sólo para que los de Podemos no lleguen al Gobierno.

Los dirigentes actuales del PSOE están convencidos de que su supervivencia personal en la política sólo se asegura llegando a La Moncloa en diciembre y para ello están dispuestos a caer en cualquier oportunismo como ponerse en manos de Podemos. Pero el oportunismo, aunque se disfrace de “frente popular”, tiene el vuelo corto y picoteador, como las gallinas.

¿Tiene el PSOE un problema de liderazgo? Probablemente sí, pero tiene un problema mayor: la calidad personal y profesional de quienes componen sus listas electorales y sus órganos directivos, a quienes les ocurre lo mismo que a la productividad de aquella fincas en tiempos de Franco, que eran “manifiestamente mejorables”. Son el producto de un sistema de selección de élites perverso (igual le pasa al PP y más aún a los “emergentes”, que se han llenado de parvenus), de tal suerte que en el interior de los partidos españoles prosperan los peores y se margina a los mejores. Ocurre lo mismo en cualquier sistema endogámico.

Esta selección perversa conduce a la catástrofe porque la política no puede estar en las manos de personas que, mayoritariamente, no han cotizado jamás a la Seguridad Social fuera de sus partidos.